Eugenio de Ávila
Martes, 19 de Julio de 2022
NOCTURNOS

Cuando la tristeza es amor

[Img #68040]He amado a una mujer que nació cuando yo ya era padre. Despertó tanta pasión en mi alma que llegué a creerme que frisaba los cuarenta años de edad, que todavía gustaba, que aún poseía capacidad para amar y ser amado. Me volví loco desde que la abracé y nos besamos. Después, me olvidé que soy abuelo, que tengo más tiempo pasado que futuro, que soy medio invisible, que la arruga no es bella, que mi erotismo solo es palabra en pretérito.

 

Me enamoró su personalidad, su arte, su amor por sus criaturas, su pronto, su fuerza, sus huevos. Me deleitaban sus besos, porque cada labio acariciaba mi boca como si fuera una mariposa que, con sus alas, tocase mi paladar. Me gustaría haber sido siamés enlazado por nuestras bocas. Solo respirar y besar. Respirar y acariciarla. Respirar sobre su cuerpo desnudo, pecho sobre senos, muslos entre ingles, ombligo a ombligo y zumo de axilas para perfumarnos de amor.

 

Conocí el paraíso, amándola, cuando nuestros cuerpos no existían, cuando nuestras esencias se batían en el mismo cuenco, cuando olvidábamos nuestros nombres, cuando no existía memoria, porque no había ni pasado ni futuro, solo un presente anacrónico. Cópulas divinas. Amar a esa criatura me convirtió en Dios. Fui Zeus y ella Leda. Cisne de la pasión para seducir a una mujer divina.

 

Había magia en sus senos, en sus manos, en sus piernas perfectas. Me hipnotizaban sus ojos, de un color indefinible, como si los pintara cada día con un tono distinto. Su voz, mientras leía poesías, me mecía el espíritu.  

 

Y un día, cuando cumplía años, se me perdió. Pasó a visitarme. Me abrazó con todas sus fuerzas, muchas, y se marchó. Ahora solo siento tristeza enamorada, pena apasionada, muerte en vida. Vivo por inercia, por cobardía, porque el suicidio es absurdo.  

 

Y si ama a otro hombre, lo envidiaré, pero le desearé que goce eternamente a su lado. Yo fui un tipo sin atributos, un personaje olvidable y un hombre que nunca merecí a una dama tan bonita por dentro como por fuera.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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