ANÁLISIS
La economía del fuego
¿Existe una “Economía del Fuego” perfectamente estructurada y los incendios provocados tienen un beneficio económico detrás de ella? ¿Existen una serie de yacimientos de empleo y de negocios que se aprovechan del desastre ambiental? Y si así fuera, ¿cuando en julio de 2015 se aprueba la Ley de Montes (Ley 43/2003) la modificación de esta ley atiende al interés por "desregular y eliminar toda limitación a la hora de desarrollar ciertas actividades económicas y urbanísticas?
Del mismo modo que las guerras pueden ser interpretadas como necesarias para el sector de la industria armamentística y pueden ser vistas como una oportunidad de negocio para los lobbies de la reconstrucción, no creo que sea el único ser vivo del planeta que piense que los incendios forestales también podrían ser entendidos imprescindibles, si se ha creado una maraña de intereses alrededor de ellos. Me llama la atención que a pesar de que los bomberos y Protección Civil ponen todos sus medios, (además del Estado), en la extinción de los incendios, no se podría llevar a cabo, de las famosas aeronaves. También me resulta curioso, que a pesar de que el Ejército del Aire posee 17 aviones hidráulicos (repartidos por toda España), no sean suficientes, por lo que es necesario ir al sector privado.
Según he leído (tras el proceso de documentación que he llevado para escribir este artículo), el Gobierno gastó muchos millones de euros en un aparato capaz de transportar 5.500 litros de agua. El ministerio de Medio Ambiente, hace tres años, decidió no renovar el contrato de operación con cinco grandes hidroaviones por lo que, desde entonces, se gestiona en estos momentos con entidades privadas. El precio para sofocar las llamas desde el aire se dispara, ¿verdad? Un helicóptero (al parecer) cuesta 6.000 euros a la hora, mientras que un hidroavión (parece ser) que desciende a los 4.000 euros.
Pero esto, amigo lector, simplemente son los pensamientos, conjeturas, reflexiones e ideas descabelladas, que se le aglutinan en la cabeza a una ciudadana, con vena novelista (todo hay que decirlo) que sin pereza para documentarse sobre temas que le causan inquietud, se pasa la noche en vela buscando información en los libros y enciclopedias que muy amablemente le donaron, almas muy parecidas a la suya. No obstante, piense por un momento: ¿y si así fuera? ¿y si estos datos, huérfanos de lectores curiosos y mentes inquietas, fueran ciertos?
Un incendio forestal no tiene nunca consecuencias benéficas. Ni una. Y sí, en cambio, muchas consecuencias negativas. Pero eso lo sabemos la gran mayoría de nosotros (salvo excepciones). Las consecuencias más evidentes son también las más inmediatas: la pérdida de ecosistemas, la erosión del terreno, la pérdida de hábitat para muchas especies animales, la pérdida de vidas humanas (con frecuencia), la pérdida de bienes materiales y la que se deriva de los costes de la actividad desplegada para apagar el incendio y revertir, en lo posible, sus efectos (algo que también sabemos). A todo ello hay que añadir, en el caso de los incendios muy grandes, una súbita sobreabundancia de determinadas maderas en los mercados: la procedente del árbol muerto o moribundo y el entorno en el que está plantado calcinado, exponiéndose a pudrirse rápidamente o a ser víctima del ataque de los hongos. El resultado es que llega de pronto al mercado una enorme cantidad de madera (mucha de ella, a pesar de lo dicho anteriormente, en un estado bastante aceptable) y a muy bajo precio, pues la madera de las sacas (como se las conoce realmente) se tasa y se vende en lotes en pública subasta, a un precio muy inferior.
Supongo, (obviando la naturaleza cuando hace de las suyas), que si queremos conocer quiénes son los responsables últimos de la ola de incendios que nos afecta, (si es que los hay, que muy posiblemente así sea), sería interesante que nuestros representantes, (que seguramente posean los datos), hiciesen públicos cuál es el destino de tanto camión de madera quemada, a qué empresas va y a qué precio fue adquirido. Pero bueno, como ya he escrito con anterioridad en alguna publicación en éste mismo periódico (que no se casa con nadie), estas ideas salen de una mente que se hace preguntas constantemente, y no siempre encuentra las respuestas en los libros, más bien, observando el comportamiento humano, tan sorprendente como extraño.
Emilia Casas Fernández
¿Existe una “Economía del Fuego” perfectamente estructurada y los incendios provocados tienen un beneficio económico detrás de ella? ¿Existen una serie de yacimientos de empleo y de negocios que se aprovechan del desastre ambiental? Y si así fuera, ¿cuando en julio de 2015 se aprueba la Ley de Montes (Ley 43/2003) la modificación de esta ley atiende al interés por "desregular y eliminar toda limitación a la hora de desarrollar ciertas actividades económicas y urbanísticas?
Del mismo modo que las guerras pueden ser interpretadas como necesarias para el sector de la industria armamentística y pueden ser vistas como una oportunidad de negocio para los lobbies de la reconstrucción, no creo que sea el único ser vivo del planeta que piense que los incendios forestales también podrían ser entendidos imprescindibles, si se ha creado una maraña de intereses alrededor de ellos. Me llama la atención que a pesar de que los bomberos y Protección Civil ponen todos sus medios, (además del Estado), en la extinción de los incendios, no se podría llevar a cabo, de las famosas aeronaves. También me resulta curioso, que a pesar de que el Ejército del Aire posee 17 aviones hidráulicos (repartidos por toda España), no sean suficientes, por lo que es necesario ir al sector privado.
Según he leído (tras el proceso de documentación que he llevado para escribir este artículo), el Gobierno gastó muchos millones de euros en un aparato capaz de transportar 5.500 litros de agua. El ministerio de Medio Ambiente, hace tres años, decidió no renovar el contrato de operación con cinco grandes hidroaviones por lo que, desde entonces, se gestiona en estos momentos con entidades privadas. El precio para sofocar las llamas desde el aire se dispara, ¿verdad? Un helicóptero (al parecer) cuesta 6.000 euros a la hora, mientras que un hidroavión (parece ser) que desciende a los 4.000 euros.
Pero esto, amigo lector, simplemente son los pensamientos, conjeturas, reflexiones e ideas descabelladas, que se le aglutinan en la cabeza a una ciudadana, con vena novelista (todo hay que decirlo) que sin pereza para documentarse sobre temas que le causan inquietud, se pasa la noche en vela buscando información en los libros y enciclopedias que muy amablemente le donaron, almas muy parecidas a la suya. No obstante, piense por un momento: ¿y si así fuera? ¿y si estos datos, huérfanos de lectores curiosos y mentes inquietas, fueran ciertos?
Un incendio forestal no tiene nunca consecuencias benéficas. Ni una. Y sí, en cambio, muchas consecuencias negativas. Pero eso lo sabemos la gran mayoría de nosotros (salvo excepciones). Las consecuencias más evidentes son también las más inmediatas: la pérdida de ecosistemas, la erosión del terreno, la pérdida de hábitat para muchas especies animales, la pérdida de vidas humanas (con frecuencia), la pérdida de bienes materiales y la que se deriva de los costes de la actividad desplegada para apagar el incendio y revertir, en lo posible, sus efectos (algo que también sabemos). A todo ello hay que añadir, en el caso de los incendios muy grandes, una súbita sobreabundancia de determinadas maderas en los mercados: la procedente del árbol muerto o moribundo y el entorno en el que está plantado calcinado, exponiéndose a pudrirse rápidamente o a ser víctima del ataque de los hongos. El resultado es que llega de pronto al mercado una enorme cantidad de madera (mucha de ella, a pesar de lo dicho anteriormente, en un estado bastante aceptable) y a muy bajo precio, pues la madera de las sacas (como se las conoce realmente) se tasa y se vende en lotes en pública subasta, a un precio muy inferior.
Supongo, (obviando la naturaleza cuando hace de las suyas), que si queremos conocer quiénes son los responsables últimos de la ola de incendios que nos afecta, (si es que los hay, que muy posiblemente así sea), sería interesante que nuestros representantes, (que seguramente posean los datos), hiciesen públicos cuál es el destino de tanto camión de madera quemada, a qué empresas va y a qué precio fue adquirido. Pero bueno, como ya he escrito con anterioridad en alguna publicación en éste mismo periódico (que no se casa con nadie), estas ideas salen de una mente que se hace preguntas constantemente, y no siempre encuentra las respuestas en los libros, más bien, observando el comportamiento humano, tan sorprendente como extraño.
Emilia Casas Fernández




















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