NOCTURNOS
Amar y no ser amado
Prefiero amar y no ser amado a no amar. Sufres. Cierto. Con la estatua del dolor que dura toda la vida esculpí la estatua del placer que dura un instante. El amor, cuando tiene un final, no es tal. Quizá querencia, apego, placer carnal. El amor perdura más allá de la muerte. El polvo enamorado.
Hay personas que, cuando inician una relación erótica, imaginan cómo será el finiquito. ¿Aman? No. Siempre con el freno en el corazón. Tienen miedo. ¿A qué? A que las abandonen en cualquier recodo del camino, a que su pareja se canse y se vaya lejos de su sombra. Amar de esa manera es amar de reojo.
Cuando he amado a una mujer, cada instante, mi pasión crecía. Hice del amor una obra de arte. Porque nunca me satisfacía el amor que proyectaba, que daba, que esparcía por el cuerpo y el alma de esa dama. Siempre intentaba pulir mi forma de querer. Desasosiego creado por esa carencia de amor. Poeta que nunca encontraba la palabra ajustada a la rima. Pintor que busca el color exacto en su paleta, mientras el lienzo permanecía en blanco.
Todavía guarda mi memoria la voz de aquella mujer que me enamoró. En la madrugada, cierro los ojos y recuerdo sus gestos, su mirada que siempre era sonrisa, sus gestos delicados, su andar elegante, como si levitara. Y un día se fue. Pero está ahí. Yo sigo amándola, en silencio, con cada palabra, porque es mejor que no te amen a no amar.
Eugenio-Jesús de Ávila
Prefiero amar y no ser amado a no amar. Sufres. Cierto. Con la estatua del dolor que dura toda la vida esculpí la estatua del placer que dura un instante. El amor, cuando tiene un final, no es tal. Quizá querencia, apego, placer carnal. El amor perdura más allá de la muerte. El polvo enamorado.
Hay personas que, cuando inician una relación erótica, imaginan cómo será el finiquito. ¿Aman? No. Siempre con el freno en el corazón. Tienen miedo. ¿A qué? A que las abandonen en cualquier recodo del camino, a que su pareja se canse y se vaya lejos de su sombra. Amar de esa manera es amar de reojo.
Cuando he amado a una mujer, cada instante, mi pasión crecía. Hice del amor una obra de arte. Porque nunca me satisfacía el amor que proyectaba, que daba, que esparcía por el cuerpo y el alma de esa dama. Siempre intentaba pulir mi forma de querer. Desasosiego creado por esa carencia de amor. Poeta que nunca encontraba la palabra ajustada a la rima. Pintor que busca el color exacto en su paleta, mientras el lienzo permanecía en blanco.
Todavía guarda mi memoria la voz de aquella mujer que me enamoró. En la madrugada, cierro los ojos y recuerdo sus gestos, su mirada que siempre era sonrisa, sus gestos delicados, su andar elegante, como si levitara. Y un día se fue. Pero está ahí. Yo sigo amándola, en silencio, con cada palabra, porque es mejor que no te amen a no amar.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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