NOCTURNOS
Epitafio: viví solo para amar
Cuando me enamoro, me olvido de mi edad. Si amo a una mujer joven, nacida al inicio de los 70 u 80, me siento de su generación. Me olvido de que tengo más tiempo pretérito que futuro por conjugar. Y amo como un adolescente. No me canso. No acude a mí el tedio. Rejuvenezco. Ignoro de dónde salen mis fuerzas, mi deseo, mi poderío. Mantengo la capacidad sexual de mis mejores momentos y, además, añado experiencia, más talento, menos tontería y más cultura. Me he convertido en un Doctor en Erotismo.
No soy un viejo verde, porque, aunque frise la segunda edad y media y mi ojo izquierdo aloje una infección, merced a la falta de profesionalidad de un cirujano, mi alma, después de varias reencarnaciones espirituales, canta, baila, siente y ama. Parece como si me hubiera licenciado en cualquier carrera e iniciara una vida profesional. Además, el color verde no me gusta, quizá sí el tono botella lo utilicé para un traje y un pantalón y unos calcetines de primavera. El que de verde se viste…
Cuando sea anciano, si llego, me retiraré de la carne femenina, jamás de la sensibilidad de la mujer. Escribiré poemas anacrónicos, cartas de amor a la mujer que todavía me recuerde y le diré adiós al erotismo material Y dejaré una frase para grabar en el mármol de mi fosa: “Aquí yacen los restos de un hombre que vivió solo para amar”.
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando me enamoro, me olvido de mi edad. Si amo a una mujer joven, nacida al inicio de los 70 u 80, me siento de su generación. Me olvido de que tengo más tiempo pretérito que futuro por conjugar. Y amo como un adolescente. No me canso. No acude a mí el tedio. Rejuvenezco. Ignoro de dónde salen mis fuerzas, mi deseo, mi poderío. Mantengo la capacidad sexual de mis mejores momentos y, además, añado experiencia, más talento, menos tontería y más cultura. Me he convertido en un Doctor en Erotismo.
No soy un viejo verde, porque, aunque frise la segunda edad y media y mi ojo izquierdo aloje una infección, merced a la falta de profesionalidad de un cirujano, mi alma, después de varias reencarnaciones espirituales, canta, baila, siente y ama. Parece como si me hubiera licenciado en cualquier carrera e iniciara una vida profesional. Además, el color verde no me gusta, quizá sí el tono botella lo utilicé para un traje y un pantalón y unos calcetines de primavera. El que de verde se viste…
Cuando sea anciano, si llego, me retiraré de la carne femenina, jamás de la sensibilidad de la mujer. Escribiré poemas anacrónicos, cartas de amor a la mujer que todavía me recuerde y le diré adiós al erotismo material Y dejaré una frase para grabar en el mármol de mi fosa: “Aquí yacen los restos de un hombre que vivió solo para amar”.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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