NOCTURNOS
Hacer el amor en la Luna
Nunca supe querer a una dama poco a poco, ni a medias. O amé como un descerebrado o gocé porque me lo pedía la fisiología, una asignatura que estudian los médicos, a la que yo no doy mucha importancia. No pierdo el tiempo con materias imposibles. No me dejo la vida con mujeres que no me explico. Quizá también yo fuese para esas féminas inexplicables un problema irresoluble, una especie de la segunda Ley de la Termodinámica.
Y a esta edad de mi vida, cerca del abismo, ya no voy a cambiar y amar en fascículos. Soy un novelón de mil páginas, que se lee poco a poco, pero con interés y pasión, y que, a su conclusión, cuando se cierre ese libro de mi amor, arrancará una sonrisa, un suspiro y un beso en el canto. Y, si es menester, volverás a leerlo, pero ahora subrayando hedonismo y cópulas.
Me queda un instante para amarte y que me ames. No tardes mucho, porque mañana podría ser muy tarde y cuando llegues a mi lecho te confiese mi almohada que me fui a hacer el amor con Selene en la cara oculta de la Luna.
Eugenio-Jesús de Ávila
Nunca supe querer a una dama poco a poco, ni a medias. O amé como un descerebrado o gocé porque me lo pedía la fisiología, una asignatura que estudian los médicos, a la que yo no doy mucha importancia. No pierdo el tiempo con materias imposibles. No me dejo la vida con mujeres que no me explico. Quizá también yo fuese para esas féminas inexplicables un problema irresoluble, una especie de la segunda Ley de la Termodinámica.
Y a esta edad de mi vida, cerca del abismo, ya no voy a cambiar y amar en fascículos. Soy un novelón de mil páginas, que se lee poco a poco, pero con interés y pasión, y que, a su conclusión, cuando se cierre ese libro de mi amor, arrancará una sonrisa, un suspiro y un beso en el canto. Y, si es menester, volverás a leerlo, pero ahora subrayando hedonismo y cópulas.
Me queda un instante para amarte y que me ames. No tardes mucho, porque mañana podría ser muy tarde y cuando llegues a mi lecho te confiese mi almohada que me fui a hacer el amor con Selene en la cara oculta de la Luna.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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