Eugenio de Ávila
Jueves, 11 de Agosto de 2022
NOCTURNOS

La mujer de mi vida

[Img #68690]Las mujeres de mi vida se marcharon.  Tal cual. De cuando en cuando, reaparecen para algún ruego o favor. Nada más. Una sonrisa y otro adiós. Hay hombres que nunca encontraron el amor de su vida. Yo, sí. Pero prefirió quedarse con otro varón. En la vida, eliges o te eligen, te aprecian o desprecian. Yo me quedé sin aquella mujer de mi vida. A mis años, necesito a la mujer de mi muerte, la que me acompañe hasta que la vida se canse de mí, harta de no darle nada, solo disgustos, improperios, dicterios.

 

Todos y todas, también todes, anhelamos el amor de nuestra vida. Pero nos vamos sin encontrarlo, y, si un día, te cruzaste con él en cualquier calle de la ciudad del alma y no lo sedujiste, perdiste la única oportunidad que el destino concede a cada hombre y a cada mujer para conocer qué es el amor. Sucede con el trabajo como con el amor. Poca gente se gana la vida con la labor que ambicionaba desde su juventud. Bendecidos por Dios las personas que disfrutaron con su profesión y con el amor de su vida.

 

Conozco gente que se conformó, porque carecía de talento, por cobardía o comodidad, con ganarse el pan sin gozar con su labor y quedarse con una pareja que jamás le transmitió pasión, con la que, simplemente, se sentía a gusto, la consideraba buena gente y nunca le daría problemas.

 

Indómito desde mi nacencia, rebelde porque no conozco mejor forma de enfrentarme al mal, ambicioné amar sin medida, a fondo, hasta morir en el intento.  Y preferí la soledad, el hedonismo sin más, antes que la simplicidad, la vulgaridad, la derrota de pasar por la vida como un mediocre que se quedó con la mujer que le tocaba y con el trabajo que lo aburguesaba.

 

Conozco a la mujer de mi vida, pero ella eligió al hombre tranquilo, con el que todo permanece y nada cambia, con el que sonríe de cuando y cuando y cumple en el lecho si es menester, poco, a medida que Cronos te añade tiempo al calendario.

 

Elijo llorar por amor a convivir por inercia con la mujer que no quiero.

Eugenio-Jesús de Ávila

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