NOCTURNOS
¿Sabes amar?
Una mujer joven, pero vivida, me hirió la epidermis del alma cuando me dijo que yo no sabía amar. No le exigí que argumentara su negativa frase sobre mi forma de entender ese sentimiento, esencial en la vida de todo ser humano. El aserto me obligo a reflexionar, a pensar, un verbo que solo conjugo un par o, como mucho, tres veces al año.
Amo como siento. Y escribo como siento. Convencido estoy que todas mis acciones se apoyan en la pasión. Y, cuando algo me disgusta, apenas le dedico atención. Pero si me toca dónde reside mi sensibilidad, erupciono como un volcán, eyaculo toda mi lava, mi osamenta vibra y mi carne demanda caricias femeninas.
La poesía es inspiración. La prosa, trabajo. El amor consiste en escribir un poema infinito, poesía pura. No siempre se encuentra la rima, ni la metáfora idónea, ni se logra un soneto perfecto. Amo si me encuentro inspirado.
He conocido alguna mujer que me arrebató, que sopló mi espíritu. Momentos para el éxtasis, para olvidar la vida, para ser un arcángel que anuncie la belleza de amar, dormido y despierto, sobre el lecho y sobre la mesa, en plena salud y en la enfermedad.
Como soy un barroco en la escritura, también lo demuestro en el amor: grandiosidad en las formas, sensualidad, exuberancia en las emociones, tensión, vitalidad. Soy un Bernini en la cama, un Quevedo en la manera de escribir mis caricias en una piel femenina, un Caravaggio cuando pinto un bello rostro femenino con mis besos.
Comprendo que una dama neoclásica, sobria, con querencia por la sencillez en su manera de ser, no entienda mi forma de amar. No sé si tú prefieres a un alma barroca o neoclásica. Ya me lo dirás cuando vuelva a verte.
Eugenio-Jesús de Ávila
Una mujer joven, pero vivida, me hirió la epidermis del alma cuando me dijo que yo no sabía amar. No le exigí que argumentara su negativa frase sobre mi forma de entender ese sentimiento, esencial en la vida de todo ser humano. El aserto me obligo a reflexionar, a pensar, un verbo que solo conjugo un par o, como mucho, tres veces al año.
Amo como siento. Y escribo como siento. Convencido estoy que todas mis acciones se apoyan en la pasión. Y, cuando algo me disgusta, apenas le dedico atención. Pero si me toca dónde reside mi sensibilidad, erupciono como un volcán, eyaculo toda mi lava, mi osamenta vibra y mi carne demanda caricias femeninas.
La poesía es inspiración. La prosa, trabajo. El amor consiste en escribir un poema infinito, poesía pura. No siempre se encuentra la rima, ni la metáfora idónea, ni se logra un soneto perfecto. Amo si me encuentro inspirado.
He conocido alguna mujer que me arrebató, que sopló mi espíritu. Momentos para el éxtasis, para olvidar la vida, para ser un arcángel que anuncie la belleza de amar, dormido y despierto, sobre el lecho y sobre la mesa, en plena salud y en la enfermedad.
Como soy un barroco en la escritura, también lo demuestro en el amor: grandiosidad en las formas, sensualidad, exuberancia en las emociones, tensión, vitalidad. Soy un Bernini en la cama, un Quevedo en la manera de escribir mis caricias en una piel femenina, un Caravaggio cuando pinto un bello rostro femenino con mis besos.
Comprendo que una dama neoclásica, sobria, con querencia por la sencillez en su manera de ser, no entienda mi forma de amar. No sé si tú prefieres a un alma barroca o neoclásica. Ya me lo dirás cuando vuelva a verte.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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