CON LOS CINCO SENTIDOS
Yo
Nélida del Estal
Según Alfred Adler, fundador de la escuela conocida como “psicología individual” y colaborador de Freud en sus comienzos: “el complejo de superioridad es un acto de sobre compensación mediante el cual realmente escondemos nuestra inseguridad, miedos y sensación de inferioridad”, de tal modo que no solo nos creemos superiores a los que nos rodean, sino que actuamos como si lo fuésemos realmente. Esto último, aunque pudiera ser objetivamente cierto, ya denota de por sí un ego más abultado que la Catedral de León.
Pues bien, este tipo de personas, más habituales que nunca en la sociedad, son bastante fáciles de reconocer. Suelen intentar ocultar sus fallos, ensalzando algún logro, aunque easte sea de una entidad bastante mediocre. Tienen que sobrellevar su nula capacidad de tolerar la frustración, sabiendo como sabemos que esta capacidad se debe de desarrollar en la infancia para que, cuando lleguemos a la edad adulta, seamos empáticos, asertivos, comunicativos y respetuosos con las opiniones de los demás, aunque difieran de la nuestra.
No debería de ser complicado entender estos conceptos y ponerlos en práctica, pero los amigos del “YO” no pueden ni quieren pasar desapercibidos. Hablan de todo sin saber gran cosa de nada, sus divagaciones se han de considerar como la respuesta siempre acertada a cualquier pregunta vital o insignificante (recordad, saben de todo), porque si no les damos el “sí bwana”, se cabrean, nos toman por tontos al no pensar lo que ellos piensan, ya que creen estar en posesión de la verdad y el criterio únicos y ciertos. Cuidad vuestras espaldas de los amigos del “YO”. Vade retro.
Según Alfred Adler, fundador de la escuela conocida como “psicología individual” y colaborador de Freud en sus comienzos: “el complejo de superioridad es un acto de sobre compensación mediante el cual realmente escondemos nuestra inseguridad, miedos y sensación de inferioridad”, de tal modo que no solo nos creemos superiores a los que nos rodean, sino que actuamos como si lo fuésemos realmente. Esto último, aunque pudiera ser objetivamente cierto, ya denota de por sí un ego más abultado que la Catedral de León.
Pues bien, este tipo de personas, más habituales que nunca en la sociedad, son bastante fáciles de reconocer. Suelen intentar ocultar sus fallos, ensalzando algún logro, aunque easte sea de una entidad bastante mediocre. Tienen que sobrellevar su nula capacidad de tolerar la frustración, sabiendo como sabemos que esta capacidad se debe de desarrollar en la infancia para que, cuando lleguemos a la edad adulta, seamos empáticos, asertivos, comunicativos y respetuosos con las opiniones de los demás, aunque difieran de la nuestra.
No debería de ser complicado entender estos conceptos y ponerlos en práctica, pero los amigos del “YO” no pueden ni quieren pasar desapercibidos. Hablan de todo sin saber gran cosa de nada, sus divagaciones se han de considerar como la respuesta siempre acertada a cualquier pregunta vital o insignificante (recordad, saben de todo), porque si no les damos el “sí bwana”, se cabrean, nos toman por tontos al no pensar lo que ellos piensan, ya que creen estar en posesión de la verdad y el criterio únicos y ciertos. Cuidad vuestras espaldas de los amigos del “YO”. Vade retro.
















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