Eugenio de Ávila
Lunes, 05 de Septiembre de 2022
NOCTURNOS

La mujer que deseo

[Img #69307]Me dio en la madrugada y mis ojos todavía no habían llamado al orden a mis pestañas, porque Morfeo se fue de picos pardos con un búho, en imaginar mi futuro erótico. Y consideré varios supuestos. Verbigracia: que de aquí a la hora de mi óbito no conociera a una mujer que amase y me amara. Subjuntivos eróticos. Putada. Si yo no sé vivir sin amar, si vivir sin amar es solo durar… ¿Qué haría? Escribir versos y prosa lírica, dedicados a las féminas que me acompañaron en esta jornada breve que es la vida.

 

Y si hallase, a la vuelta de la esquina del tiempo con la mujer que deseo, cuál sería mi papel. Sencillo: amarla como si fuera la pasión de mi vida, mimarla desde el canto de la alondra a la madrugada profunda, besarla en los párpados cuando duerma, susurrarle palabras que acariciasen sus tímpanos, perderme en el laberinto de su alma…y escucharla. ¿Te parece cursi, mujer, mi propuesta? Quizá. Cuando me enamoro me vuelvo un tanto repipi.

 

Voy a ponerme serio. Si me quisieras, viviría contigo dónde gustases, o mantendría mi casa en mi actual soledad, que es buena amiga, más en invierno, porque no suele salir de casa, siempre le ha tenido miedo al frío, como si la helada desprendiese aroma a muerte.

 

No exigiría nada al amor que se anuncia, al amor nonato, solo que no me mintiese cuando me hablase¡ de amor. Me enoja que una dama pierda su tiempo con un hombre al que no desea, ni le despierta ningún tipo de pasión. No me gusta que me quieran por inercia; tampoco que se entreguen porque consideren que soy buena persona y se sientan a gusto cerca de mí, tomando vinos y cañas, acudiendo al cine, a restaurantes.

 

Anhelo enamorarte cada día, como si, al amanecer, con la primera luz del sol, buscase la rima de esos sonetos que se escriben desde las aurículas y ventrículos. Darte libertad cuando aparezca la primera estrella en el cielo del ocaso, para que permanezca amarrada la nave de tu cuerpo al muelle de mi deseo, y volver a navegar en tu hermoso barco por los mares de tu vida.

 

No sonreiría si tu sufrieras. A una lágrima que recorriese tus mejillas a la búsqueda de la comisura de tus labios, la obsequiaría con  el pañuelo de mi pasión para recogerla y guardarla en mi memoria. Y si un día, cuando el tiempo me transforme en anciano, empiezo a oler a viejo y no permanece en mí ni un newton de fuerza, te invitaré a marcharte al paraíso del hedonismo. El amor de mi vida merece ser feliz.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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