RES PÚBLICA
Caridad de Estado
Pedro Sánchez se cree que los pobres, los humildes y los sencillos -la gente, que se dice- son suyos. Se los quiere arrebatar a la Iglesia Católica. Pero debería crear una Cáritas para dar de comer, dar vivienda, dar consuelo a los desheredados de la fortuna.
La gente pobre habla de lo que cuesta hacer tres comidas al día. La gente menos pobre, la clase media, piensa cómo ahorrar en la cesta de la compra, cómo llegar a fin de mes, cómo pagar menos por la factura eléctrica. La gente que va en el metro o en el autobús público habla del Real Madrid, si gana o pierde, si el árbitro le echa una mano o Florentino Pérez ficha a un crack mundial. La gente normal bastante tiene con mantener su puesto de trabajo, pagar su hipoteca y tomarse una caña con pincho el fin de semana.
La gente número, la masa, no aborda esa cosa del Consejo del Poder Judicial, organismo que los partidos tutelan, dirigen controlan. Los jueces deberían autogobernarse. El CGPJ sobra. Felipe González se la preparó a la Justicia en 1985. El PP quiso cambiarlo. Recuerdo esta frase de Ruiz-Gallardón, tan brillante como conspirador decimonónico, que esclarecía de qué va la Justica en España; “Vamos a acabar con el obsceno espectáculo de ver a políticos que nombrar a los jueces que pueden juzgar a esos políticos”. Pues la obscenidad sigue imperando en la política.
Pablo Iglesias, que es muy listo, un neomarxiano de la teoría, dijo que comunistas y fascistas necesitan graves problemas sociales para tomar el poder, para tomar los cielos, porque las urnas jamás los llevarían al poder. En la Rusia democrática del 1917, los bolcheviques perdieron las elecciones, porque fueron el cuarto partido más votado. ¿Qué hacer? La Revolución, acabar con la Duma -Parlamento ruso-, con los medios de comunicación privados, con el resto de partidos, a izquierda y derecha.
En España, cuánto más problemas económicos aflijan a la gente del común, más cerca, al decir del hombre que se cortó la coleta, la revolución. El Gobierno tiene una carencia hacia provocar malestar social y económico. Se lava las manos. Señala a las grandes empresas nacionales y multinacionales: Endesa, Red Eléctrica, Enagas, Iberdrola. Paradoja política: en todas ellas, hay ex ministros socialistas. Quizá no fuman puros cubanos ni se tocan con sombrero de bombín, pero cobran unos salarios millonarios y no hacen la revolución. Por cierto, Pedro Sánchez se abrazará mañana con el presidente del BBVA, que, al parecer, colocó a Feijóo como presidente del PP. No obstante, cuando se es rico y de izquierdas, la vida es bella.
Hablar de los pobres queda muy bonito, muy solidario, muy humano. Berlanga se burló de pequeña burguesía provinciana en la genial “Plácido”. Ser de izquierdas y llorar por los menesterosos, hacer caridad del Estado y enfatizar frases tan bonitas como hipócritas está de moda. Ahora vivimos en una España berlanguiana, en la que nunca ha habido caridad y ni la habrá.
Nunca he conocido a un pobre que le gustara serlo, que gozase extiendo la mano buscando una moneda del prójimo que pasaba a su lado. Pobres y obreros anhelan ser ricos y empresarios. La gente que vive bien acude a la iglesia a dar gracias a Dios por su bienestar, mientras los menesterosos esperan a la salida para pedir una limosna…por caridad. El Estado quiere pobres. Cáritas les dará de comer. ¡Bienaventurados serán los pobres, pues con ellos los politicos harán caridad! El hombre que invento la caridad, creo al pobre y le dio pan.
Eugenio-Jesús de Ávila
Pedro Sánchez se cree que los pobres, los humildes y los sencillos -la gente, que se dice- son suyos. Se los quiere arrebatar a la Iglesia Católica. Pero debería crear una Cáritas para dar de comer, dar vivienda, dar consuelo a los desheredados de la fortuna.
La gente pobre habla de lo que cuesta hacer tres comidas al día. La gente menos pobre, la clase media, piensa cómo ahorrar en la cesta de la compra, cómo llegar a fin de mes, cómo pagar menos por la factura eléctrica. La gente que va en el metro o en el autobús público habla del Real Madrid, si gana o pierde, si el árbitro le echa una mano o Florentino Pérez ficha a un crack mundial. La gente normal bastante tiene con mantener su puesto de trabajo, pagar su hipoteca y tomarse una caña con pincho el fin de semana.
La gente número, la masa, no aborda esa cosa del Consejo del Poder Judicial, organismo que los partidos tutelan, dirigen controlan. Los jueces deberían autogobernarse. El CGPJ sobra. Felipe González se la preparó a la Justicia en 1985. El PP quiso cambiarlo. Recuerdo esta frase de Ruiz-Gallardón, tan brillante como conspirador decimonónico, que esclarecía de qué va la Justica en España; “Vamos a acabar con el obsceno espectáculo de ver a políticos que nombrar a los jueces que pueden juzgar a esos políticos”. Pues la obscenidad sigue imperando en la política.
Pablo Iglesias, que es muy listo, un neomarxiano de la teoría, dijo que comunistas y fascistas necesitan graves problemas sociales para tomar el poder, para tomar los cielos, porque las urnas jamás los llevarían al poder. En la Rusia democrática del 1917, los bolcheviques perdieron las elecciones, porque fueron el cuarto partido más votado. ¿Qué hacer? La Revolución, acabar con la Duma -Parlamento ruso-, con los medios de comunicación privados, con el resto de partidos, a izquierda y derecha.
En España, cuánto más problemas económicos aflijan a la gente del común, más cerca, al decir del hombre que se cortó la coleta, la revolución. El Gobierno tiene una carencia hacia provocar malestar social y económico. Se lava las manos. Señala a las grandes empresas nacionales y multinacionales: Endesa, Red Eléctrica, Enagas, Iberdrola. Paradoja política: en todas ellas, hay ex ministros socialistas. Quizá no fuman puros cubanos ni se tocan con sombrero de bombín, pero cobran unos salarios millonarios y no hacen la revolución. Por cierto, Pedro Sánchez se abrazará mañana con el presidente del BBVA, que, al parecer, colocó a Feijóo como presidente del PP. No obstante, cuando se es rico y de izquierdas, la vida es bella.
Hablar de los pobres queda muy bonito, muy solidario, muy humano. Berlanga se burló de pequeña burguesía provinciana en la genial “Plácido”. Ser de izquierdas y llorar por los menesterosos, hacer caridad del Estado y enfatizar frases tan bonitas como hipócritas está de moda. Ahora vivimos en una España berlanguiana, en la que nunca ha habido caridad y ni la habrá.
Nunca he conocido a un pobre que le gustara serlo, que gozase extiendo la mano buscando una moneda del prójimo que pasaba a su lado. Pobres y obreros anhelan ser ricos y empresarios. La gente que vive bien acude a la iglesia a dar gracias a Dios por su bienestar, mientras los menesterosos esperan a la salida para pedir una limosna…por caridad. El Estado quiere pobres. Cáritas les dará de comer. ¡Bienaventurados serán los pobres, pues con ellos los politicos harán caridad! El hombre que invento la caridad, creo al pobre y le dio pan.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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