NOCTURNOS
Amores que nunca mueren
Hay amores que nunca mueren, porque acaso todavía no han nacido. Existen pasiones que fallecen, pero nadie las entierra. Desaparecen los encuentros, pero queda su esencia. Hombre y mujer acaban una relación, cada cual toma una senda, ella a la busca del sol naciente y él, a ninguna parte; no vuelven a verse, quizá algún encuentro fortuito al dar la vuelta a cualquier esquina de Verona. Y poco más. Pero él y ella mantienen viva aquella pasión. Uno piensa en el otro, y ella en él todos los días que les dure la vida.
Ya no hay miradas, ni caricias, ni besos, ni cópulas eternas, ni deleites divinos. Queda en la memoria, madre del recuerdo, cada uno de los poros de aquella dama, su voz, grabada en el cerebro; su mirada escondida entre tus pestañas, la textura de su epidermis en cada una de las yemas de los dedos, y el color de unos besos y el aroma de su sudor erótico, de su sexo húmedo. Y recordarás también cómo aquella mujer que amaste a viva voz y amas ahora en silencio gozaba con la buena música, leía para aprender y reflexionaba sobre la vida con personalidad, cual diosa en el descanso de la creación.
Cuando el amor es de verdad, lígrimo, ambrosía, polen de flor de almendro, nunca acaba. Se dirán adiós los cuerpos, estremecerán los recuerdos, se secarán las lágrimas, pero sus almas seguirán unidas más allá del tiempo. El amor es eterno. Viajará siempre en el corcel de Cronos. Así es mi amor por esa mujer.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay amores que nunca mueren, porque acaso todavía no han nacido. Existen pasiones que fallecen, pero nadie las entierra. Desaparecen los encuentros, pero queda su esencia. Hombre y mujer acaban una relación, cada cual toma una senda, ella a la busca del sol naciente y él, a ninguna parte; no vuelven a verse, quizá algún encuentro fortuito al dar la vuelta a cualquier esquina de Verona. Y poco más. Pero él y ella mantienen viva aquella pasión. Uno piensa en el otro, y ella en él todos los días que les dure la vida.
Ya no hay miradas, ni caricias, ni besos, ni cópulas eternas, ni deleites divinos. Queda en la memoria, madre del recuerdo, cada uno de los poros de aquella dama, su voz, grabada en el cerebro; su mirada escondida entre tus pestañas, la textura de su epidermis en cada una de las yemas de los dedos, y el color de unos besos y el aroma de su sudor erótico, de su sexo húmedo. Y recordarás también cómo aquella mujer que amaste a viva voz y amas ahora en silencio gozaba con la buena música, leía para aprender y reflexionaba sobre la vida con personalidad, cual diosa en el descanso de la creación.
Cuando el amor es de verdad, lígrimo, ambrosía, polen de flor de almendro, nunca acaba. Se dirán adiós los cuerpos, estremecerán los recuerdos, se secarán las lágrimas, pero sus almas seguirán unidas más allá del tiempo. El amor es eterno. Viajará siempre en el corcel de Cronos. Así es mi amor por esa mujer.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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