NOCTURNOS
Mujer: ama y olvida
Tú, mujer, hermosa, madura, hecha, amada y amante, no eres de nadie, no perteneces a varón alguno, por inteligente, atractivo y culto que te parezca. Eres más libérrima que el agua de lluvia, que no se hace río, ni ambiciona ser mar, ni manantial para que la beban. Deberías quedarte a jugar con la clorofila en el haz de una hoja y esperar a que el sol te evapore y vuelvas a ser hija de una nube.
Naciste para elegir a un hombre que te ame y amarlo, o, si no te enamora, pero te atrae, a buscar el placer llenándote con su cuerpo. Sé hetera: disfruta del sexo, del arte, de la amistad. No te conviertas en propiedad de ningún varón.
Si posees más sensibilidad que el hombre, más inteligencia, más poderío sexual, no te rindas a mis palabras, ni hagas caso de mis promesas. Te entrego mi cuerpo. Haz con mis músculos lo que te venga en gana. Gózame y después, cuando te cause tedio, déjame. No te importen mis lágrimas, ni me tristeza, ni mis verbos enlutados, ni de mi sintaxis ebria. Vete.
Recuérdame, si te place. Nada más. No me debes nada. Quedaré en deuda con tu belleza divina. Cuando te vayas, guarda nuestros besos en el cofre de la memoria y dispón tus labios para recibir a varones que lleguen a tu vida, mejores que yo, más preparados para recibir y darte amor.
Te he amado. No me preguntes cuánto. No sé pesar el amor en una balanza ni medirlo con un metro. Orgullo y dignidad se grabaron en el blasón de mi alma por haber formado parte de tu vida, por digerir tus apasionadas miradas, morder las cerezas de tus labios y haber anclado en el puerto que protegen tus ingles.
Eugenio-Jesús de Ávila
Tú, mujer, hermosa, madura, hecha, amada y amante, no eres de nadie, no perteneces a varón alguno, por inteligente, atractivo y culto que te parezca. Eres más libérrima que el agua de lluvia, que no se hace río, ni ambiciona ser mar, ni manantial para que la beban. Deberías quedarte a jugar con la clorofila en el haz de una hoja y esperar a que el sol te evapore y vuelvas a ser hija de una nube.
Naciste para elegir a un hombre que te ame y amarlo, o, si no te enamora, pero te atrae, a buscar el placer llenándote con su cuerpo. Sé hetera: disfruta del sexo, del arte, de la amistad. No te conviertas en propiedad de ningún varón.
Si posees más sensibilidad que el hombre, más inteligencia, más poderío sexual, no te rindas a mis palabras, ni hagas caso de mis promesas. Te entrego mi cuerpo. Haz con mis músculos lo que te venga en gana. Gózame y después, cuando te cause tedio, déjame. No te importen mis lágrimas, ni me tristeza, ni mis verbos enlutados, ni de mi sintaxis ebria. Vete.
Recuérdame, si te place. Nada más. No me debes nada. Quedaré en deuda con tu belleza divina. Cuando te vayas, guarda nuestros besos en el cofre de la memoria y dispón tus labios para recibir a varones que lleguen a tu vida, mejores que yo, más preparados para recibir y darte amor.
Te he amado. No me preguntes cuánto. No sé pesar el amor en una balanza ni medirlo con un metro. Orgullo y dignidad se grabaron en el blasón de mi alma por haber formado parte de tu vida, por digerir tus apasionadas miradas, morder las cerezas de tus labios y haber anclado en el puerto que protegen tus ingles.
Eugenio-Jesús de Ávila

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.129