NOCTURNOS
Mi utopía erótica
¡Miénteme! Susúrrame un te quiero. Pronuncia estas palabras. Hazlo bajito. Que no te oiga nadie. Hazme ese favor. Sé que no me amas. Pero, durante unos instantes, crecerá mi alma, me sentiré como un Romeo anacrónico, orgulloso y digno. Si tu me amases, me olvidaría de la muerte, de que soy un ser finito, nacido para amar, nunca para morir. No te exijo que me beses, que me abraces, que abras tu cuerpo a mi hedonismo. Pero déjame que lo imagine. Me conformo con tanto.
Un hombre necesita soñar. Lo escribió Shakespeare, el genio de Stratford-upon-Avon: “Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños”. Déjame soñar que me amas. No perderás nada. No presumiré de que una mujer tan bonita como tú se haya enamorado de un hombre tan vulgar como yo. Guardaré en silencio mi amor. Escribiré versos que tú me inspirarás. No hay más. Nunca acariciaré tu epidermis. Jamás te humedeceré tus labios. Ni te tocaré, como si fuera un gesto cándido, los hermosos muslos que perfeccionan tu cuerpo. ¡Permíteme que te ame desde lejos, del revés! Solo te miraré a los ojos, como hipnotizado. Ni tan si quiera te pido que me devuelvas una caricia nacida en tus ojos. Te pido una mentira piadosa. Nada más, mi utopía erotica.
¡Miénteme! Susúrrame un te quiero. Pronuncia estas palabras. Hazlo bajito. Que no te oiga nadie. Hazme ese favor. Sé que no me amas. Pero, durante unos instantes, crecerá mi alma, me sentiré como un Romeo anacrónico, orgulloso y digno. Si tu me amases, me olvidaría de la muerte, de que soy un ser finito, nacido para amar, nunca para morir. No te exijo que me beses, que me abraces, que abras tu cuerpo a mi hedonismo. Pero déjame que lo imagine. Me conformo con tanto.
Un hombre necesita soñar. Lo escribió Shakespeare, el genio de Stratford-upon-Avon: “Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños”. Déjame soñar que me amas. No perderás nada. No presumiré de que una mujer tan bonita como tú se haya enamorado de un hombre tan vulgar como yo. Guardaré en silencio mi amor. Escribiré versos que tú me inspirarás. No hay más. Nunca acariciaré tu epidermis. Jamás te humedeceré tus labios. Ni te tocaré, como si fuera un gesto cándido, los hermosos muslos que perfeccionan tu cuerpo. ¡Permíteme que te ame desde lejos, del revés! Solo te miraré a los ojos, como hipnotizado. Ni tan si quiera te pido que me devuelvas una caricia nacida en tus ojos. Te pido una mentira piadosa. Nada más, mi utopía erotica.

















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