Eugenio de Ávila
Miércoles, 21 de Septiembre de 2022
NOCTURNOS

La cátedra del amor

[Img #69854]Saber amar. Pasaron por mi vida mujeres que me acusaron de ignorar cómo se quiere. Nunca me explicaron en que consiste ser erudito en esa materia. Me lo echaron en cara. Sin vergüenza, me confesaban, que sí me amaron.

 

Yo nunca amaría a una dama que no me quisiera. La desearía en silencio, en mi casa, cuando paseara por el campo, solo, y una mariposa blanca me trajera el recuerdo de su rostro...y quizá un día conociese a otra persona que la dejara en el baúl de la memoria, entre la ropa vieja.

 

Jamás se me ocurrió humillarme ante una mujer, de la que estuviese enamorado, para que me amase. Una fémina que no siente nada por ti podría ser muy cruel ante un hombre que insistiera, que implorara, que rezase para que lo amase. Una señora, si no ama, desprecia las lágrimas de un varón. Un hombre que llora por amor resulta patético para una mujer que no siente nada por él. Si te enamoras y solo alcanzas la categoría de buen amigo, vete. No vuelvas a verla, ni tan si quiere le envíes WhatsApp para que entretenga su ocio.

 

Quizá no he sabido amar, como se me acusó por parte de ciertas féminas, pero mantengo todavía profundos sentimientos cuando recuerdo cómo sabían sus besos, todos distintos, como las huellas dactilares; no me olvidado de la textura de epidermis, ni del aroma desprendían los poros de su piel, ni del tono de sus voces…ni tampoco elegancia, ni inteligencia.

 

Saber amar no se aprende en universidad alguna. No existe una escuela ni colegio, ni teoría ni práctica del amor. Yo solo sé que, como a todo hombre, la primera llamada de atención le llega de la imagen de una mujer. Después, cuando la conoce, la trata, convive y mantiene una relación, la belleza quizá se oscurezca o se potencie. No se ama solo la hermosura. A veces la belleza cansa. Acudo, para enfatizar lo escrito, al Quijote, a la pastora Marcela. Cervantes escribe su respuesta a los que querían lincharla en presencia del caballero andante: “Puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar, porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso”.

Una mujer feminista en el inicio del siglo XVII. El genio manco se adelanto cuatro siglos a su tiempo. Yo quizá tuve que haber nacido en la España de Felipe II. Soy muy viejo por fuera, pero hay un joven que reside en mi cerebro.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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