ESTADO
Los jóvenes quieren ser funcionarios públicos
Sostengo que todo funcionario, milite en partidos de izquierdas o en sindicatos de los que se denominan “de clase”, es persona, en esencia, conservadora. No hay nada más estático que la función pública. Se acaba el bachillerato y se licencia o gradúa, y se busca asegurar un salario para toda la vida. Pongamos: desde los 21 a los 65 años. Se ganará mucho o poco, según la categoría de la oposición, pero todos aspiran a mantener un salario público por los siglos de los siglos. Nunca quieren arriesgar.
Los estudiantes españoles, hombres y mujeres, en su mayoría, quieren ser funcionarios. En absoluto, empresarios, ni ganarse la vida con alguna manifestación artística: pintura, escultura, literatura, cinematografía, ni tampoco investigar en un laboratorio. No obstante, aquellos dotados de especiales virtudes y habilidades físicas, aspiran a ser Messi, Ronaldo o Mbappé.
Los jóvenes pasan de exponer su vida en negocios, con todo lo que ello conlleva: pedir créditos a la banca, y que te los conceden y devolverlos; fabricar un producto que el mercado acogerá o rechazará; dedicar siete meses de trabajo a pagar impuestos; no descansar jamás, siempre pensando en el presente y futuro de la expresa. Las nuevas generaciones exigen seguridad y, al parecer, solo la hallan en el Estado.
¡Qué será de España dentro de 20 años, cuando todos los jóvenes trabajen la función pública! ¿Quién invertirá sus ahorros y arriesgará su patrimonio para crear una empresa? ¿Quién producirá bienes de consumo, creará empleo, desarrollará nuestra sociedad? ¿Quiénes cultivarán la tierra y cuidarán el ganado? Y la pregunta esencial: si nadie produce, ¿quién pagará las nóminas de los funcionarios?
España es una nación de reaccionarios, de derechas y de izquierdas, de gente que solo aspira al sueldo para toda la vida, donde se evita asumir riesgos; donde el empresario, pequeño o mediano, tiene mala prensa, y al funcionario nunca se le despide, con lo que, según su carácter, trabajará como corresponde a un servidor público o evitará su labor cotidiana con bajas por problemas desde médicos a psicológicos, que podrían prolongarse ad aeternum. Quo vadis, España?
¿Quiénes son los progresistas y quiénes los conservadores?
Eugenio-Jesús de Ávila
Sostengo que todo funcionario, milite en partidos de izquierdas o en sindicatos de los que se denominan “de clase”, es persona, en esencia, conservadora. No hay nada más estático que la función pública. Se acaba el bachillerato y se licencia o gradúa, y se busca asegurar un salario para toda la vida. Pongamos: desde los 21 a los 65 años. Se ganará mucho o poco, según la categoría de la oposición, pero todos aspiran a mantener un salario público por los siglos de los siglos. Nunca quieren arriesgar.
Los estudiantes españoles, hombres y mujeres, en su mayoría, quieren ser funcionarios. En absoluto, empresarios, ni ganarse la vida con alguna manifestación artística: pintura, escultura, literatura, cinematografía, ni tampoco investigar en un laboratorio. No obstante, aquellos dotados de especiales virtudes y habilidades físicas, aspiran a ser Messi, Ronaldo o Mbappé.
Los jóvenes pasan de exponer su vida en negocios, con todo lo que ello conlleva: pedir créditos a la banca, y que te los conceden y devolverlos; fabricar un producto que el mercado acogerá o rechazará; dedicar siete meses de trabajo a pagar impuestos; no descansar jamás, siempre pensando en el presente y futuro de la expresa. Las nuevas generaciones exigen seguridad y, al parecer, solo la hallan en el Estado.
¡Qué será de España dentro de 20 años, cuando todos los jóvenes trabajen la función pública! ¿Quién invertirá sus ahorros y arriesgará su patrimonio para crear una empresa? ¿Quién producirá bienes de consumo, creará empleo, desarrollará nuestra sociedad? ¿Quiénes cultivarán la tierra y cuidarán el ganado? Y la pregunta esencial: si nadie produce, ¿quién pagará las nóminas de los funcionarios?
España es una nación de reaccionarios, de derechas y de izquierdas, de gente que solo aspira al sueldo para toda la vida, donde se evita asumir riesgos; donde el empresario, pequeño o mediano, tiene mala prensa, y al funcionario nunca se le despide, con lo que, según su carácter, trabajará como corresponde a un servidor público o evitará su labor cotidiana con bajas por problemas desde médicos a psicológicos, que podrían prolongarse ad aeternum. Quo vadis, España?
¿Quiénes son los progresistas y quiénes los conservadores?
Eugenio-Jesús de Ávila



















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