SAL DE LÁGRIMAS
No toda la lluvia moja
Las emociones no son algo tangible ni estático, al contrario, están en continuo movimiento. De forma muy similar a lo que sucede en el universo, las emociones cambian, crecen, oscilan, viajan y se relacionan entre ellas. En ocasiones son casi invisibles, pero están ahí en un estado latente, y otras veces explotan. Son las que determinan nuestro estado anímico; las que hacen que seamos seres humanos únicos e irrepetibles.
Existe una creencia popular, casi indiscutible, sobre la importancia que tiene la variabilidad climática en nuestro estado de ánimo. Los griegos ya resaltaron la importancia de los efectos de la meteorología sobre la salud humana en los textos hipocráticos de la medicina clásica. Por otro lado, el cambio climático es una realidad innegable que sólo contribuirá al aumento de las temperaturas globales y a un mayor riesgo de eventos climáticos extremos, lo que podría afectar nuestra salud mental y física.
El médico renacentista Paracelso, a medio camino entre ciencia y magia, veía un paralelismo entre los fenómenos físicos exteriores y lo que sucedía en nuestro organismo. Relaciona, por ejemplo, el relámpago con la epilepsia. Y no andaba equivocado, ya que ambos corresponden a descargas eléctricas. En cambio, si nos fijamos en cómo afecta la lluvia a los niveles de ansiedad, cuando las nubes descargan, el nivel de alerta baja mucho. Nos sentimos más despejados. Suele ser antes de que rompa a llover (en esos periodos de tiempo en los que el cielo está encapotado, en los que hay una especie de percepción interna que nos dice que nos protejamos).
Pasear bajo la lluvia, dejándose empapar, quedarse parada unos instantes mirando hacia el cielo, sentir el agua en el rostro. Respirar hondo y soltar el aire. Echar una mantita sobre las piernas, sujetando un café o un chocolate caliente mirando las gotas resbalar por el cristal. Leer un libro... Los días de lluvia tienen una luz especial que tamiza todo haciéndolo más hermoso. En la poesía de Aquilino Duque, es una bendición. También canta muy alto a la lluvia un castellano, Claudio Rodríguez, que la ve como la gran limpieza del mundo. Tanto le alegra que, en un verso redondo, cae en la alegría de darse cuenta de que el agua de lluvia "no tiene sal de lágrimas”.
Este fenómeno atmosférico ha tenido un protagonismo especial en las diferentes artes humanas. Desde “The Rain Song”, uno de los temas más icónicos del grupo británico Led Zeppelin, hasta “Calle de París en un día lluvioso”, cuadro del pintor Gustave Caillebotte. Tampoco es casualidad que aparezca de manera reiterada en la poesía y en las imágenes más bellas y dramáticas del cine. Su inusitado poder nos inspirar, libera nuestra imaginación y de alguna manera, hace que reconectemos con la naturaleza y con la belleza escondida del mundo. Aunque más allá de su sonido está su petricor, ese aroma inconfundible a tierra mojada, esas geosmina que queda suspendida en el ambiente y que nos cautiva con su fragancia trayéndonos recuerdos y transmitiéndonos sensaciones placenteras.
Emilia Casas Fernández
Las emociones no son algo tangible ni estático, al contrario, están en continuo movimiento. De forma muy similar a lo que sucede en el universo, las emociones cambian, crecen, oscilan, viajan y se relacionan entre ellas. En ocasiones son casi invisibles, pero están ahí en un estado latente, y otras veces explotan. Son las que determinan nuestro estado anímico; las que hacen que seamos seres humanos únicos e irrepetibles.
Existe una creencia popular, casi indiscutible, sobre la importancia que tiene la variabilidad climática en nuestro estado de ánimo. Los griegos ya resaltaron la importancia de los efectos de la meteorología sobre la salud humana en los textos hipocráticos de la medicina clásica. Por otro lado, el cambio climático es una realidad innegable que sólo contribuirá al aumento de las temperaturas globales y a un mayor riesgo de eventos climáticos extremos, lo que podría afectar nuestra salud mental y física.
El médico renacentista Paracelso, a medio camino entre ciencia y magia, veía un paralelismo entre los fenómenos físicos exteriores y lo que sucedía en nuestro organismo. Relaciona, por ejemplo, el relámpago con la epilepsia. Y no andaba equivocado, ya que ambos corresponden a descargas eléctricas. En cambio, si nos fijamos en cómo afecta la lluvia a los niveles de ansiedad, cuando las nubes descargan, el nivel de alerta baja mucho. Nos sentimos más despejados. Suele ser antes de que rompa a llover (en esos periodos de tiempo en los que el cielo está encapotado, en los que hay una especie de percepción interna que nos dice que nos protejamos).
Pasear bajo la lluvia, dejándose empapar, quedarse parada unos instantes mirando hacia el cielo, sentir el agua en el rostro. Respirar hondo y soltar el aire. Echar una mantita sobre las piernas, sujetando un café o un chocolate caliente mirando las gotas resbalar por el cristal. Leer un libro... Los días de lluvia tienen una luz especial que tamiza todo haciéndolo más hermoso. En la poesía de Aquilino Duque, es una bendición. También canta muy alto a la lluvia un castellano, Claudio Rodríguez, que la ve como la gran limpieza del mundo. Tanto le alegra que, en un verso redondo, cae en la alegría de darse cuenta de que el agua de lluvia "no tiene sal de lágrimas”.
Este fenómeno atmosférico ha tenido un protagonismo especial en las diferentes artes humanas. Desde “The Rain Song”, uno de los temas más icónicos del grupo británico Led Zeppelin, hasta “Calle de París en un día lluvioso”, cuadro del pintor Gustave Caillebotte. Tampoco es casualidad que aparezca de manera reiterada en la poesía y en las imágenes más bellas y dramáticas del cine. Su inusitado poder nos inspirar, libera nuestra imaginación y de alguna manera, hace que reconectemos con la naturaleza y con la belleza escondida del mundo. Aunque más allá de su sonido está su petricor, ese aroma inconfundible a tierra mojada, esas geosmina que queda suspendida en el ambiente y que nos cautiva con su fragancia trayéndonos recuerdos y transmitiéndonos sensaciones placenteras.
Emilia Casas Fernández


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.213