HABLEMOS
Nochevieja ya vieja
Carlos Domínguez
Desde la sensatez y el sentido común, cualidades hoy menguadas, se abriga un sano escepticismo ante la revenida fanfarria navideña, con sus comilonas, sus afectos lejanos cuando no impostados dada la sociedad actual, y alegrías tan fugaces como falsas. En semejante ritual, del que año tras año uno bien puede estar hasta el gorro, el festejo de Nochevieja probablemente sea el más fatuo e hipócrita, viniendo a celebrar, con petardo al aire mediando el habitual concurso de imbéciles, que un año probablemente calamitoso sustituye a otro que no lo fue menos, anunciando no sabemos por qué ni para quién, ni aún el propio, unos buenos propósitos que quedarán como es natural en agua de borrajas. No por una voluntad frágil en tiempos en que la fortaleza y la constancia son un estigma en lugar de un valor, sino sencillamente porque la fuerza de las cosas, estando ahí como estuvieron en los doce meses que transitan ya camino del olvido, llevará en los doce siguientes a idénticas peripecias que las vividas en fechas cercanas, de las que supuestamente se pasa página por la magia universal de uvas y campanadas. La ilusión pasajera no hace daño a nadie, más allá del escándalo de los imbéciles de petardo y jolgorio. Pero no ocurre igual con el espejismo de una visión edulcorada de la realidad, pues a lo único que conduce es no ya a dejar atrás malos recuerdos, sino a eludir una mirada crítica al mundo que nos rodea. Excelente coartada para manipuladores y demagogos, encantados con el optimismo estúpido que se ha adueñado de la sociedad de masas, aferrada a las generosas prebendas del corrupto Bienestar. Desde una sabiduría fruto de la experiencia, se dijo siempre que el pesimista es un optimista bien informado. Ni más ni menos, con la vista y ahora pie puestos en este 2023 advenedizo, que comienza igual que el otro acabó. Con los problemas sabidos, por mucho que algunos se empeñen en la negación o el disimulo. Y si no bastara, con la nueva co-chinada del covid que no deja de ser la del año anterior… y del otro y otro, confirmando aquello que cualquiera tiene en mente, respecto a lo que nos aguarda en meses venideros. Salud.
Desde la sensatez y el sentido común, cualidades hoy menguadas, se abriga un sano escepticismo ante la revenida fanfarria navideña, con sus comilonas, sus afectos lejanos cuando no impostados dada la sociedad actual, y alegrías tan fugaces como falsas. En semejante ritual, del que año tras año uno bien puede estar hasta el gorro, el festejo de Nochevieja probablemente sea el más fatuo e hipócrita, viniendo a celebrar, con petardo al aire mediando el habitual concurso de imbéciles, que un año probablemente calamitoso sustituye a otro que no lo fue menos, anunciando no sabemos por qué ni para quién, ni aún el propio, unos buenos propósitos que quedarán como es natural en agua de borrajas. No por una voluntad frágil en tiempos en que la fortaleza y la constancia son un estigma en lugar de un valor, sino sencillamente porque la fuerza de las cosas, estando ahí como estuvieron en los doce meses que transitan ya camino del olvido, llevará en los doce siguientes a idénticas peripecias que las vividas en fechas cercanas, de las que supuestamente se pasa página por la magia universal de uvas y campanadas. La ilusión pasajera no hace daño a nadie, más allá del escándalo de los imbéciles de petardo y jolgorio. Pero no ocurre igual con el espejismo de una visión edulcorada de la realidad, pues a lo único que conduce es no ya a dejar atrás malos recuerdos, sino a eludir una mirada crítica al mundo que nos rodea. Excelente coartada para manipuladores y demagogos, encantados con el optimismo estúpido que se ha adueñado de la sociedad de masas, aferrada a las generosas prebendas del corrupto Bienestar. Desde una sabiduría fruto de la experiencia, se dijo siempre que el pesimista es un optimista bien informado. Ni más ni menos, con la vista y ahora pie puestos en este 2023 advenedizo, que comienza igual que el otro acabó. Con los problemas sabidos, por mucho que algunos se empeñen en la negación o el disimulo. Y si no bastara, con la nueva co-chinada del covid que no deja de ser la del año anterior… y del otro y otro, confirmando aquello que cualquiera tiene en mente, respecto a lo que nos aguarda en meses venideros. Salud.



















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