ANÁLISIS
Zamora podría desaparecer como provincia en 2033
La provincia de Zamora perderá, de seguir este ritmo, 25.000 habitantes en la próxima década
Zamora es una ucronía de ciudad, lo que pudo haber sido y nunca será. Zamora es, como yo, un fue, un es cansado y un no será. Porque nuestro futuro como urbe, como sociedad, como colectividad, depende de otras potencias externas, poderes políticos, más atentas a mantenerse en la jerarquía de la res pública que a prestar auxilio a los que se mueren por inanición económica.
Zamora es una hija de España. Zamora no una provincia de tontos. Zamora no es pobre. La depauperaron decisiones políticas, las mismas que enriquecieron a otras hermanas de nuestra nación. Desde que Carlos Pinilla tuvo poder, a caballo entre las décadas de los 40 y 50, ningún gobierno, ni de la dictadura, ni de la democracia, nos atendió, sino que nos agotó social y económicamente. El PSOE del felipismo inició la desinversión del Estado en nuestra ciudad y provincia. Ya lo he contado en numerosos escritos. No quiero repetirme. Al PP de Aznar solo le debemos la autovía entre Zamora y Tordesillas y el caso que lleva el nombre de nuestra ciudad, que permitió dejar con vida política a lo peor del PP, que todavía manda y hace daño. La Junta nos dio limosnas improductivas: Ifeza, Puente de los Poetas, y esperamos el Conservatorio, el Centro Cívico y el Parque de Bomberos. Jamás apostó por industrializar Zamora desde Valladolid. Todo para Pucela y Burgos, donde los poderosos demandan más población para vender o alquilar sus locales y viviendas. Zamora, mientras, menguando, envejeciendo y muriéndose.
Iberdrola anegó tierras y después se fue a Valladolid. Y nos dejó una oficinita para atender al consumidor de energía eléctrica.
Nunca los zamoranos tuvieron verdadera representación de sus intereses ni en el Congreso de los Diputados, ni en el Senado ni en las Cortes de Castilla León, porque los políticos del PP y del PSOE trabajan para sus jefes, para el partido. No dejan de ser más que comerciales de los grandes partidos nacionales. Nuestra tierra, aunque nacieron en ella, no les importa. Solo les interesa permanecer en el cargo, que les rinde salarios que multiplican su verdadera valía profesional. Un inciso: Ana Sánchez y José Ignacio Martín Benito sí trabajen bien para Zamora, pero jamás demostrarían esa misma fuerza si gobernase la Junta el PSOE.
Durante el casi medio siglo de democracia, la ciudad del alma y la provincia de la pena y el abandono perdieron muchísima población, empresas y pymes. Se fueron los jóvenes más preparados y nos quedamos los que no tenían más remedio y los que consideramos que vivir en Zamora satisfacía nuestras ambiciones y profesiones.
Ser libre en nuestra tierra es un objetivo complicado. Lo he sido mientras fui editor y director de un medio de comunicación. Un caciquismo secular, renovado, pero más vulgar y mediocre, vinculado a la política, ha impedido todo avance, todo cambio de mentalidad. Los zamoranos se han acostumbrado a vivir entre el nepotismo y el privilegio de una minoría, tan miserable como mediocre.
Aquí existe lo que denominado ahorro de la miseria. Y no podría ser de otra forma, porque en Zamora se paga y se produce muy poco. También se perciben las pensiones más bajas de la nación, que no darían para vivir con dignidad en otras provincias más desarrolladas. Somos una provincia de funcionarios de todas las administraciones, locales, provinciales y nacionales, y de gente jubilada, pequeños empresarios y contadas empresas de más de cien trabajadores. Las inversiones externas pasan de Zamora, porque no tenemos una fiscalidad diferenciada. Tenemos buenas vías de comunicación, pero nos falta la autovía a Portugal y la de Mombuey desde el cruce, la N-631. Existe un AVE que no transformó Zamora, como se pensaba en los círculos empresariales zamoranos, que creyeron, en su candidez, que aquí sucedería como en Ciudad Real y Lérida. Zamora ese una estación de paso hacia Galicia. Pero no contamos con naves industriales para arreglar y acondicionar máquinas y vagones. Todo se quedó en Valladolid. Lógico.
Esa Zamora que pudo ser y no fue la intuyo en las vacaciones de verano y Navidad, cuando los zamoranos que trabajan en otras ciudad, regiones y naciones regresan a ver a sus padre, familia y amigos. Hay ya unas 140.000 personas nacidas en nuestra ciudad y provincia que viven en otros lares. En una década, habrá más zamoranos en el exterior que en esta geografía.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Pues yo, personalmente, confieso que la he perdido. Solo la creación de un partido zamorano, distinto a todos, sin tutelas ni tutías exteriores, e inversiones de las instituciones públicas, Junta y Gobierno central, evitarían que en el año 2033, cuando se cumplan los dos siglos de la creación de las actuales provincias, la nuestra se integre en las de León, Salamanca y Valladolid.
Zamora, como escribí al inicio de este artículo, es una ucronía como ciudad, lo que pudo ser y no fue. Solo nos queda la niebla, siempre fiel, y el río Duero. Aquí tampoco ha llegado el cambio climático…ni se le espera.
Eugenio-Jesús de Ávila
Zamora es una ucronía de ciudad, lo que pudo haber sido y nunca será. Zamora es, como yo, un fue, un es cansado y un no será. Porque nuestro futuro como urbe, como sociedad, como colectividad, depende de otras potencias externas, poderes políticos, más atentas a mantenerse en la jerarquía de la res pública que a prestar auxilio a los que se mueren por inanición económica.
Zamora es una hija de España. Zamora no una provincia de tontos. Zamora no es pobre. La depauperaron decisiones políticas, las mismas que enriquecieron a otras hermanas de nuestra nación. Desde que Carlos Pinilla tuvo poder, a caballo entre las décadas de los 40 y 50, ningún gobierno, ni de la dictadura, ni de la democracia, nos atendió, sino que nos agotó social y económicamente. El PSOE del felipismo inició la desinversión del Estado en nuestra ciudad y provincia. Ya lo he contado en numerosos escritos. No quiero repetirme. Al PP de Aznar solo le debemos la autovía entre Zamora y Tordesillas y el caso que lleva el nombre de nuestra ciudad, que permitió dejar con vida política a lo peor del PP, que todavía manda y hace daño. La Junta nos dio limosnas improductivas: Ifeza, Puente de los Poetas, y esperamos el Conservatorio, el Centro Cívico y el Parque de Bomberos. Jamás apostó por industrializar Zamora desde Valladolid. Todo para Pucela y Burgos, donde los poderosos demandan más población para vender o alquilar sus locales y viviendas. Zamora, mientras, menguando, envejeciendo y muriéndose.
Iberdrola anegó tierras y después se fue a Valladolid. Y nos dejó una oficinita para atender al consumidor de energía eléctrica.
Nunca los zamoranos tuvieron verdadera representación de sus intereses ni en el Congreso de los Diputados, ni en el Senado ni en las Cortes de Castilla León, porque los políticos del PP y del PSOE trabajan para sus jefes, para el partido. No dejan de ser más que comerciales de los grandes partidos nacionales. Nuestra tierra, aunque nacieron en ella, no les importa. Solo les interesa permanecer en el cargo, que les rinde salarios que multiplican su verdadera valía profesional. Un inciso: Ana Sánchez y José Ignacio Martín Benito sí trabajen bien para Zamora, pero jamás demostrarían esa misma fuerza si gobernase la Junta el PSOE.
Durante el casi medio siglo de democracia, la ciudad del alma y la provincia de la pena y el abandono perdieron muchísima población, empresas y pymes. Se fueron los jóvenes más preparados y nos quedamos los que no tenían más remedio y los que consideramos que vivir en Zamora satisfacía nuestras ambiciones y profesiones.
Ser libre en nuestra tierra es un objetivo complicado. Lo he sido mientras fui editor y director de un medio de comunicación. Un caciquismo secular, renovado, pero más vulgar y mediocre, vinculado a la política, ha impedido todo avance, todo cambio de mentalidad. Los zamoranos se han acostumbrado a vivir entre el nepotismo y el privilegio de una minoría, tan miserable como mediocre.
Aquí existe lo que denominado ahorro de la miseria. Y no podría ser de otra forma, porque en Zamora se paga y se produce muy poco. También se perciben las pensiones más bajas de la nación, que no darían para vivir con dignidad en otras provincias más desarrolladas. Somos una provincia de funcionarios de todas las administraciones, locales, provinciales y nacionales, y de gente jubilada, pequeños empresarios y contadas empresas de más de cien trabajadores. Las inversiones externas pasan de Zamora, porque no tenemos una fiscalidad diferenciada. Tenemos buenas vías de comunicación, pero nos falta la autovía a Portugal y la de Mombuey desde el cruce, la N-631. Existe un AVE que no transformó Zamora, como se pensaba en los círculos empresariales zamoranos, que creyeron, en su candidez, que aquí sucedería como en Ciudad Real y Lérida. Zamora ese una estación de paso hacia Galicia. Pero no contamos con naves industriales para arreglar y acondicionar máquinas y vagones. Todo se quedó en Valladolid. Lógico.
Esa Zamora que pudo ser y no fue la intuyo en las vacaciones de verano y Navidad, cuando los zamoranos que trabajan en otras ciudad, regiones y naciones regresan a ver a sus padre, familia y amigos. Hay ya unas 140.000 personas nacidas en nuestra ciudad y provincia que viven en otros lares. En una década, habrá más zamoranos en el exterior que en esta geografía.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Pues yo, personalmente, confieso que la he perdido. Solo la creación de un partido zamorano, distinto a todos, sin tutelas ni tutías exteriores, e inversiones de las instituciones públicas, Junta y Gobierno central, evitarían que en el año 2033, cuando se cumplan los dos siglos de la creación de las actuales provincias, la nuestra se integre en las de León, Salamanca y Valladolid.
Zamora, como escribí al inicio de este artículo, es una ucronía como ciudad, lo que pudo ser y no fue. Solo nos queda la niebla, siempre fiel, y el río Duero. Aquí tampoco ha llegado el cambio climático…ni se le espera.
Eugenio-Jesús de Ávila




















M.Mercedes | Miércoles, 01 de Febrero de 2023 a las 17:32:50 horas
No se puede expresar más claro, pero sí más alto. Zamoranos unámonos todos a una y saquemos adelante cualquier proyecto político que verdaderamente suba a Zamora donde estuvo en los años 60-70.80, desde donde nunca debió decrecer. Tenemos que unir nuestras fuerzas electorales y dejar de ir de la izquierda a la derecha sin tino ni conocimiento, rompamos esa estúpida tradición, quitémonos el miedo al futuro y todos juntos apostar por algo que verdaderamente luche por nuestra preciosa ZAMORA
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