Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Carlos Domínguez
Domingo, 08 de Enero de 2023
HABLEMOS

Falleció el cardenal Ratzinger, ¿y ahora qué?

Carlos Domínguez

   De Ratzinger la propaganda de su aparato mediático e institucional ha cantado y canta alabanzas sublimes, incluido el desmedido panegírico de sus corifeos de última hora. Lamentable, sin más. Pero lo esencial, con o sin el luctuoso acontecimiento, es el papel jugado por el cardenal como teólogo y pontífice efímero en lugar de vitalicio, respecto a la catolicidad y la actual situación de la Iglesia. En lo primero, salvo encíclicas como textos apologéticos, se desconocen sus aportaciones, que de haberlas tendrían notorias concomitancias con la filosofía y la metafísica, dado el inevitable maridaje de tales disciplinas. En lo segundo, lo único claro es su sorprendente renuncia al solio pontificio, alegando problemas de salud o achaques de la edad. Al fin y al cabo, Eminencia, cosas del cuerpo que no del alma.

 

   Después de su predecesor, el pontificado de Ratzinger representó una pobre alternativa, buscando salvar a corto plazo la grave crisis del catolicismo en Occidente, mas también en el resto del mundo, donde una secularización y un agnosticismo imparables hacen estragos incluso entre quienes, a hilo y oportunidad de la descolonización o simplemente la revolución, estaban llamados a ser las nuevas legiones de la fe en Asia, Iberoamérica y el África Negra. En el fondo, el anodino pontificado de Ratzinger evidenció la esterilidad de la batalla doctrinal y política de Juan Pablo II, alguien que, si no la suficiente lucidez en sus excesos emotivos, sí tuvo el arrojo necesario para combatir un movimiento que, desde el Vaticano II con su falso humanismo teñido de ideología, así la politizada corriente de la liberación, amenazaba con controlar la Iglesia y su maquinaria, particularmente la relativa a la doctrina en lo que ésta supone de influjo sobre mentes y conciencias.

 

   La injustificable renuncia de Ratzinger condujo a que la facción partidaria del ecumenismo por un lado, por otro de la “apertura” a la sociedad asumiendo un nuevo aggiornamento favorable a una creencia y práctica extremadamente laxas, se hiciesen con el poder entronizando a Francisco, quien sin mayores realizaciones excepto un posicionamiento afín a opciones políticas de izquierda herederas de la liberación, acentúa el desmoronamiento del catolicismo como uno de los grandes pilares de Occidente. Con independencia del boato y magnificencia a que acostumbra el Vaticano en sus ceremonias, lo cierto es que sepelio y réquiem por la persona y figura de Ratzinger lo son por la catolicidad, asimismo por los valores hondos de una civilización que fue romana y cristiana. Entre ellos, y no es poco, la tolerancia y la libertad sin renunciar a la dimensión espiritual de lo sagrado.

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