PREPAL
Cinco días de enero
Es posible que, sobre lo que ocurrió en el oeste peninsular en el Siglo XIX, durante el tiempo en que se produjo la intromisión/invasión francesa [-.- que ya se inicia en los alrededores del año 1793 -.-], el conocimiento de los ciudadanos de la Corona Leonesa sea más bien escaso y el resto de España puede que de esto apenas sabrá casi nada.
No obstante, desde nuestra consideración cívica y sostenido criterio político, debemos, entre todos [-.- tanto los de aquí y/o desde aquí, como los de fuera y/o desde fuera -.-], ir procurando, mancomunada y ayudadamente, rellenar esos huecos, en la medida de lo que cívicamente se vea como posible, de esa parcela del conocimiento general social regional leonés que, en esa época [-.- como pueda que acontezca igualmente en otras -.-], abarca a las cuatro regiones históricas de la Corona Leonesa (10- 120.305 km2) {-.- Extremadura(2-41.635 km2); Reino Leonés (3-38.491 km2); Galicia (4-29.575 km2 ); Asturias (1-10.604 km2) -.-}.
Da la impresión que, tras el informe de 1813, se comienzan a atisbar, y puede que a sistematizar, las `partes docentes´ a ser transmitidas a los discentes y con ello, da toda la impresión, se vislumbra que se escogen sólo algunos hitos, en demérito de otros, que a la postre son los que, con iterativa asiduidad lectiva, circulan en la formación instructiva del común general.
Tenemos “cinco días de enero”, del comienzo del mes de enero del año 1809, donde en una ciudad del oeste de la `ya España´ (y/o `Nación Española´, o sea: diferenciándose conceptualmente de la percepción del Antiguo Régimen), es asediada por las tropas invasoras francesas que, desde orígenes convergen sobre ella..
Estamos hablando de “cinco días de enero” en tal ciudad y su entorno natural, por ende del invierno, de una forma continental del invierno, con posible presencia de: muy bajas temperaturas (que extremadamente pueden llegar a -17 ºC), heladas, nieve, cenceñadas, nieblas (super abundantes), lluvias, escarchas, hielo, ...
Quienes vivimos en esa ciudad, sabemos de la realidad de tales inclemencias y de sus casi presenciales previsiones climatológicas y que, de antes del calentamiento global, hace 214 años, aún serían más rigurosas que ahora.
Ese cerco sobre la ciudad de la que hablamos, no sólo y únicamente se adscribe al hecho del cerco singularizado en sí mismo, aunque también lo hace, ya que se produce tras una previa batalla librada en sus cercanías, además de otras incidencias en poblaciones más o menos cerca
El lugar de la batalla, que tuvo lugar en la fecha del 6-1-1809, dista casi media legua ( casi 2 km) de lo que, en el año 1809 era la cerca amurallada de la ciudad.
En esa batalla mueren, de forma directa, 130 personas/habitantes de la ciudad y quedan heridas del orden de 250 a 300 personas, de un conjunto de 800 voluntarios [-.- ¡un porcentaje muy alto de la población!-.-], que salieron desde tal urbe amurallada, que respecto a su poblamiento, en aquel entonces del año 1809, es cifrada en 8000 habitantes. Tal participación social es indicativa del grado de familiaridad extendida en su composición y su afectamiento al conjunto inter-poblacional de la propia ciudad.
Puede que, en un tal vez, ya las propias puertas de la ciudad fueran cerradas por las propias autoridades y/o responsables de la misma [-.- remisas que fueron, en atención a las descripciones narrativas, al enfrentamiento -.-], una vez que de la misma salió el contingente de los 800 voluntarios que, comandados por un militar ya retirado, se aprestaron al enfrentamiento contra las tropas invasoras [-.- posiblemente desconocían, que indicamos como presunción, la presencia del propio Emperador Napoleón a tan solo 60 km de su propia ciudad -.-].
Parece más que indudable, y así parece que fue aconsejado por algunos vecinos, que las opciones posibilistas óptimas de protección de la propia ciudad eran más y mejores, para los aguerridos 800 voluntarios, que las de buscar un enfrentamiento bélico, a campo abierto, ante un experimentado ejército profesional curtido en las refriegas bélicas por casi todo el continente europeo.
Una vez producido el choque bélico, el día 6 de enero de 1809, nos queda, como posible situación a considerar, que la fuerza invasora francesa provoca, con la experiencia de su movilidad táctica, un embolsamiento de los 800 voluntarios, dando lugar a poner fuera de combate a unos 450 de ellos. O sea: a más de la mitad de la muy arriesgada columna de los voluntarios.
Se hace suposición narrativa sobre los 350 miembros restante, de la avanzada voluntaria, en relación a su catalogación al final de la batalla, ya sea en su condición como prisioneros y/o ya sea como huidos y/o dispersados del lugar de la escena bélica, sin expresa indicación de su destino, fuera hacia la propia ciudad de donde provenía o hacia otras poblaciones próximas.
Las noticias que llegan en las narraciones, cuentan que, en la noche del 6 al 7 de enero, son izados, con sigilo y aprovechando la nocturnidad, mediante cuerdas a las murallas, ya que las puertas del recinto amurallado permanecían cerradas, parte de los voluntarios donde estaban incluidos algunos heridos.
Cada cual, haga su propia interpretación de las escenas que se pudieron vivir en aquellos momentos en la población que estamos considerando [-.- que ya por lo indicado, está más que diáfanamente claro, que nos referimos a la ciudad leonesa de Zamora -.-], no sólo y únicamente por el gran número de los ya fallecidos en el combate [-.- cuyas familias estaban dentro de la propia ciudad -.-] y sí, y también, por ayudar como fuera a los heridos que posiblemente no pudieron, por las secuelas del propio combate, ni acercarse hasta las murallas para ser rescatados.
Ello nos lleva a considerar la posible existencia de un reguero de voluntarios contusos y/o heridos, en el tramo del 1'5 km entre el lugar de la batalla y la propia ciudad, que al amanecer del día 7-1-1809, podría ser visualizado, en una parte, desde la algunos puntos, atalayas y torres de la ciudad, lo cual causaría escenas familiares y/o sociales de amplia desgarro y situaciones excepcionalmente trágica.
Se hace igualmente factible que esta situación, desde tales hipótesis, se prolongase durante la jornada del día 7 de enero, mientras las fuerzas invasoras se recomponían para atacar a la propia ciudad. Y que además, ¡y a mayores!, en los días siguientes, 8 y 9 del enero de 1809, podría haber existido una especie de goteo asistencial de recuperación de heridos y/o de ilesos [-.- que, por diversas circunstancias, se hubieran zafado de las huestes invasoras -.-].
Tal descripción previa, nos lleva hasta la jornada del día 10-1-1809, cuando a las 11 horas, las fuerzas invasoras francesas, emprendieron el asalto a la ciudad leonesa de Zamora por la Puerta de San Pablo del cerco de la muralla zamorana.
En esos “cinco días de enero”, no hace falta insistir, en que la ciudad leonesa de Zamora quedó rota por la tragedia interior que estaba viviendo.
En esos “cinco días de enero”, no hace falta insistir, en que la ciudad leonesa de Zamora se comportó heroicamente, pasando a formar parte del elenco de ciudades españolas, [-.- como Ciudad Rodrigo, Astorga,...-.-], sitiadas durante “La Guerra de la Independencia”.
En esos “cinco días de enero”, no hace falta insistir, está asida una parte, muy importante y trascendental, de lo que entendemos como el ser y el estar, en el oeste peninsular geográfico físico, dentro del espacio de la tri provincial Región Reino Leonés, de lo que supone y es nuestra raigambre, que son, además de los ritos y costumbres así como del enraizamiento, muchas más cosas que están unidas a nuestras sagas familiares a lo largo de un dilatado, ¡ y ya milenario!, proceso histórico.
En esos “cinco días de enero”,... no hace falta insistir…
Francisco Iglesias Carreño
Presidente PREPAL
VALORIO 8-1-2023
@PREPALSaZaLe
prepalszl@gmail.com
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LEONESAMENTE'2023
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Es posible que, sobre lo que ocurrió en el oeste peninsular en el Siglo XIX, durante el tiempo en que se produjo la intromisión/invasión francesa [-.- que ya se inicia en los alrededores del año 1793 -.-], el conocimiento de los ciudadanos de la Corona Leonesa sea más bien escaso y el resto de España puede que de esto apenas sabrá casi nada.
No obstante, desde nuestra consideración cívica y sostenido criterio político, debemos, entre todos [-.- tanto los de aquí y/o desde aquí, como los de fuera y/o desde fuera -.-], ir procurando, mancomunada y ayudadamente, rellenar esos huecos, en la medida de lo que cívicamente se vea como posible, de esa parcela del conocimiento general social regional leonés que, en esa época [-.- como pueda que acontezca igualmente en otras -.-], abarca a las cuatro regiones históricas de la Corona Leonesa (10- 120.305 km2) {-.- Extremadura(2-41.635 km2); Reino Leonés (3-38.491 km2); Galicia (4-29.575 km2 ); Asturias (1-10.604 km2) -.-}.
Da la impresión que, tras el informe de 1813, se comienzan a atisbar, y puede que a sistematizar, las `partes docentes´ a ser transmitidas a los discentes y con ello, da toda la impresión, se vislumbra que se escogen sólo algunos hitos, en demérito de otros, que a la postre son los que, con iterativa asiduidad lectiva, circulan en la formación instructiva del común general.
Tenemos “cinco días de enero”, del comienzo del mes de enero del año 1809, donde en una ciudad del oeste de la `ya España´ (y/o `Nación Española´, o sea: diferenciándose conceptualmente de la percepción del Antiguo Régimen), es asediada por las tropas invasoras francesas que, desde orígenes convergen sobre ella..
Estamos hablando de “cinco días de enero” en tal ciudad y su entorno natural, por ende del invierno, de una forma continental del invierno, con posible presencia de: muy bajas temperaturas (que extremadamente pueden llegar a -17 ºC), heladas, nieve, cenceñadas, nieblas (super abundantes), lluvias, escarchas, hielo, ...
Quienes vivimos en esa ciudad, sabemos de la realidad de tales inclemencias y de sus casi presenciales previsiones climatológicas y que, de antes del calentamiento global, hace 214 años, aún serían más rigurosas que ahora.
Ese cerco sobre la ciudad de la que hablamos, no sólo y únicamente se adscribe al hecho del cerco singularizado en sí mismo, aunque también lo hace, ya que se produce tras una previa batalla librada en sus cercanías, además de otras incidencias en poblaciones más o menos cerca
El lugar de la batalla, que tuvo lugar en la fecha del 6-1-1809, dista casi media legua ( casi 2 km) de lo que, en el año 1809 era la cerca amurallada de la ciudad.
En esa batalla mueren, de forma directa, 130 personas/habitantes de la ciudad y quedan heridas del orden de 250 a 300 personas, de un conjunto de 800 voluntarios [-.- ¡un porcentaje muy alto de la población!-.-], que salieron desde tal urbe amurallada, que respecto a su poblamiento, en aquel entonces del año 1809, es cifrada en 8000 habitantes. Tal participación social es indicativa del grado de familiaridad extendida en su composición y su afectamiento al conjunto inter-poblacional de la propia ciudad.
Puede que, en un tal vez, ya las propias puertas de la ciudad fueran cerradas por las propias autoridades y/o responsables de la misma [-.- remisas que fueron, en atención a las descripciones narrativas, al enfrentamiento -.-], una vez que de la misma salió el contingente de los 800 voluntarios que, comandados por un militar ya retirado, se aprestaron al enfrentamiento contra las tropas invasoras [-.- posiblemente desconocían, que indicamos como presunción, la presencia del propio Emperador Napoleón a tan solo 60 km de su propia ciudad -.-].
Parece más que indudable, y así parece que fue aconsejado por algunos vecinos, que las opciones posibilistas óptimas de protección de la propia ciudad eran más y mejores, para los aguerridos 800 voluntarios, que las de buscar un enfrentamiento bélico, a campo abierto, ante un experimentado ejército profesional curtido en las refriegas bélicas por casi todo el continente europeo.
Una vez producido el choque bélico, el día 6 de enero de 1809, nos queda, como posible situación a considerar, que la fuerza invasora francesa provoca, con la experiencia de su movilidad táctica, un embolsamiento de los 800 voluntarios, dando lugar a poner fuera de combate a unos 450 de ellos. O sea: a más de la mitad de la muy arriesgada columna de los voluntarios.
Se hace suposición narrativa sobre los 350 miembros restante, de la avanzada voluntaria, en relación a su catalogación al final de la batalla, ya sea en su condición como prisioneros y/o ya sea como huidos y/o dispersados del lugar de la escena bélica, sin expresa indicación de su destino, fuera hacia la propia ciudad de donde provenía o hacia otras poblaciones próximas.
Las noticias que llegan en las narraciones, cuentan que, en la noche del 6 al 7 de enero, son izados, con sigilo y aprovechando la nocturnidad, mediante cuerdas a las murallas, ya que las puertas del recinto amurallado permanecían cerradas, parte de los voluntarios donde estaban incluidos algunos heridos.
Cada cual, haga su propia interpretación de las escenas que se pudieron vivir en aquellos momentos en la población que estamos considerando [-.- que ya por lo indicado, está más que diáfanamente claro, que nos referimos a la ciudad leonesa de Zamora -.-], no sólo y únicamente por el gran número de los ya fallecidos en el combate [-.- cuyas familias estaban dentro de la propia ciudad -.-] y sí, y también, por ayudar como fuera a los heridos que posiblemente no pudieron, por las secuelas del propio combate, ni acercarse hasta las murallas para ser rescatados.
Ello nos lleva a considerar la posible existencia de un reguero de voluntarios contusos y/o heridos, en el tramo del 1'5 km entre el lugar de la batalla y la propia ciudad, que al amanecer del día 7-1-1809, podría ser visualizado, en una parte, desde la algunos puntos, atalayas y torres de la ciudad, lo cual causaría escenas familiares y/o sociales de amplia desgarro y situaciones excepcionalmente trágica.
Se hace igualmente factible que esta situación, desde tales hipótesis, se prolongase durante la jornada del día 7 de enero, mientras las fuerzas invasoras se recomponían para atacar a la propia ciudad. Y que además, ¡y a mayores!, en los días siguientes, 8 y 9 del enero de 1809, podría haber existido una especie de goteo asistencial de recuperación de heridos y/o de ilesos [-.- que, por diversas circunstancias, se hubieran zafado de las huestes invasoras -.-].
Tal descripción previa, nos lleva hasta la jornada del día 10-1-1809, cuando a las 11 horas, las fuerzas invasoras francesas, emprendieron el asalto a la ciudad leonesa de Zamora por la Puerta de San Pablo del cerco de la muralla zamorana.
En esos “cinco días de enero”, no hace falta insistir, en que la ciudad leonesa de Zamora quedó rota por la tragedia interior que estaba viviendo.
En esos “cinco días de enero”, no hace falta insistir, en que la ciudad leonesa de Zamora se comportó heroicamente, pasando a formar parte del elenco de ciudades españolas, [-.- como Ciudad Rodrigo, Astorga,...-.-], sitiadas durante “La Guerra de la Independencia”.
En esos “cinco días de enero”, no hace falta insistir, está asida una parte, muy importante y trascendental, de lo que entendemos como el ser y el estar, en el oeste peninsular geográfico físico, dentro del espacio de la tri provincial Región Reino Leonés, de lo que supone y es nuestra raigambre, que son, además de los ritos y costumbres así como del enraizamiento, muchas más cosas que están unidas a nuestras sagas familiares a lo largo de un dilatado, ¡ y ya milenario!, proceso histórico.
En esos “cinco días de enero”,... no hace falta insistir…
Francisco Iglesias Carreño
Presidente PREPAL
VALORIO 8-1-2023
@PREPALSaZaLe
prepalszl@gmail.com
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LEONESAMENTE'2023
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