Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Mª Soledad Martín Turiño
Lunes, 09 de Enero de 2023
ZAMORANA

La magia de la ilusión

[Img #73775]La Real Academia define el término “ilusión” como: “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”

 

La ilusión, que todos la asociamos con algo cercano y grato que se nos concederá de manera no siempre merecida, es algo más que eso; se trata, en algunas ocasiones, de aquello que nos impulsa a vivir, a seguir adelante esperanzados en que algo bueno nos espera al doblar la esquina de la incertidumbre; no en vano dicho vocablo proviene del término latino “illusio”, que significa engaño, extravío, o percepción tergiversada de la realidad; y tiene relación también con el término ilusionista, o mago que nos engaña con sus malabares.

 

La ilusión es vital para existir; el empuje necesario para que los días no sean iguales, para tejer las horas con proyectos y espolear los sentidos con el fin de no sucumbir al pesimismo, la tristeza o el desánimo que son paralizantes y negativos. Ilusión significa esperanza, expectativas que pueden llegar a buen puerto, o ese punto de luz en el desierto que se nos antoja un calmante oasis y donde nos dirigimos exhaustos y sin desfallecer, aunque una vez lleguemos, en realidad solo haya sido un espejismo. Ilusionarse es poner un punto de sal a la vida, ya sea inventando quimeras o soñando con ellas porque, en definitiva, como decía Pascal: “El hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que lo sostiene”.

 

A veces el transitar de los días se convierte en una carga, un lastre que debe sobrellevarse con dignidad, pese a que falten las ganas, sobre la indolencia y nos colme el desaliento, porque ¿quién no ha pasado por una desagracia, una pérdida, un vacío del que parece imposible escapar o una irrecuperable tragedia? No obstante, es preciso levantarse cada mañana con la firme resolución de que ese día importe, porque es un regalo con fecha de caducidad, una jornada menos de las que faltan para terminar la vida; esa vida que a veces se nos antoja demasiado cuesta arriba, pero en otros casos, nos regala el preciado don de la ilusión, de un acontecimiento feliz que merece ser disfrutado. Se trata, en definitiva, de la cara y la cruz de una moneda; ambas deben estar unidas y no se concibe la una sin la otra.

 

La ilusión es el motor del visionario, del valiente, del optimista, de quien se atreve a innovar y a cambiar la sociedad. También es la capacidad de ver al prestidigitador, a sabiendas de que su espectáculo es pura tramoya y, no obstante, gozar con el entretenimiento, pese a que no seamos capaces de descubrir el velado secreto que esconde su engaño.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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