Redacción
Sábado, 16 de Septiembre de 2023
OPINION

La hora del perdón no viene a deshora jamás

Víctor Corcoba Herrero

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(Nunca es tarde para envolvernos en el recogimiento, porque sentir la caricia de Dios en el alma nos purga y transfigura, para poder salir despojado de mundo y entrar en el cielo como cristal de fuente. Es cuestión de hacer silencio cada día, junto a la glorificada soledad. Sólo así podremos discernir el mal del bien, dándonos gozos en vida a raudales y donándonos vida en júbilo renaciente).

 

 

 

I.- LA CAÍDA DEL HOMBRE

Y LA GRANDEZA DE DIOS

 

Por la caída venimos al mundo,

pecador me concibió mi madre,

y en la culpa nos conmovemos,

a la espera de conciliar andares,

retirar cruces e incluir abrazos.

 

El mejor halago es el de Jesús,

el Salvador que nos acompaña,

y que nos aproxima al Creador,

a través de su brisa vivificante,

infundiendo un corazón nuevo.

 

Bajo una conciencia renovada,

la nube no quiere ser penumbra,

el fulgor despoja las estrecheces,

despeja y repara con la bondad,

para que la maldad se volatilice.

 

II.- LA COMPASIÓN DEL CREADOR

Y LA NOBLEZA DE DIOS

 

Perdónate para lograr perdonar,

y quiérete para poder trascender,

que el perdón ofrecido y tomado,

es signo indispensable para ser,

un ser en quietud consigo mismo.

 

Expresa el duelo con la plegaria,

lleva las rogativas con el corazón,

extirpa de ti la conducta perversa,

no prosigas con el aire del rencor,

y unirás la compasión con pasión.

 

Seamos penitentes en penitencia,

abramos paso para ganar camino, 

elevemos la mirada arrepentidos,

activemos la oración cada aurora,

hacia quien conoce tu vida entera.

 

III.- LA DEBILIDAD DEL MUNDO

Y LA FUERZA DE DIOS

 

El Dios que concilia y reconcilia,

es el Redentor que nos recupera,

que nos reúne y nos une a la cruz,

estableciendo una nívea relación

con nosotros, una inédita alianza.

 

Únicamente hay que arrepentirse

y pedir misericordia, ¡nada más!,

no hay que pagar por la ceguera,

Jesucristo ya pagó por nosotros,

con sus llagas nos liberó del mal.   

 

Quitemos muros, hagamos fiesta,

el Señor nos estimule a vitorear,

por tener un Padre que absuelve,

que se alegra de nuestro retorno,

y se olvida de nuestros tropiezos.

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