SEMANA SANTA
El desfile de la Cofradía de Jesús Nazareno: una noche de incertidumbre y tradición
Los hermanos esperaron pacientes un cambio en la climatología que no llegó
La noche del jueves, la Cofradía de Jesús Nazareno aguardó con ansiedad al cielo, con la esperanza de hallar algún cambio en la previsión meteorológica que les otorgara una tregua para su desfile procesional. Mientras algunos miraban al firmamento, otros consultaban sus teléfonos móviles, buscando en aplicaciones del clima algún indicio de cambio.
A las 5 de la mañana, llegó el anuncio tan esperado como temido: el desfile sería corto. Esto implicaba una ruta que incluía el recorrido por calles como San Torcuato, Alfonso IX y Santa Clara, para luego concluir nuevamente en la Plaza Mayor, donde las veneradas imágenes serían resguardadas en la carpa de la Plaza de Claudio Moyano.
Justo en ese momento, el sonido del Merlu resonó, marcando el inicio de una tradición singular y única en el mundo: el "cinco de copas". Bajo los acordes de la marcha fúnebre de Thalberg, que se ha convertido en un himno para nuestra ciudad, el desfile dio inicio.
Sin embargo, el desfile se retrasó una hora más de lo planeado, comenzando a las 6 de la madrugada. A duras penas logró completarse, aunque apenas momentos después de su conclusión, la lluvia hizo su aparición una vez más, recordando la fragilidad de las decisiones humanas frente a los caprichos del tiempo.
A pesar de las adversidades, la devoción y el fervor de los participantes y espectadores no se vieron mermados. La noche fue testigo tanto de la incertidumbre como de la fuerza de una tradición arraigada en el corazón de nuestra comunidad, donde la fe y la perseverancia son pilares inquebrantables.

La noche del jueves, la Cofradía de Jesús Nazareno aguardó con ansiedad al cielo, con la esperanza de hallar algún cambio en la previsión meteorológica que les otorgara una tregua para su desfile procesional. Mientras algunos miraban al firmamento, otros consultaban sus teléfonos móviles, buscando en aplicaciones del clima algún indicio de cambio.
A las 5 de la mañana, llegó el anuncio tan esperado como temido: el desfile sería corto. Esto implicaba una ruta que incluía el recorrido por calles como San Torcuato, Alfonso IX y Santa Clara, para luego concluir nuevamente en la Plaza Mayor, donde las veneradas imágenes serían resguardadas en la carpa de la Plaza de Claudio Moyano.
Justo en ese momento, el sonido del Merlu resonó, marcando el inicio de una tradición singular y única en el mundo: el "cinco de copas". Bajo los acordes de la marcha fúnebre de Thalberg, que se ha convertido en un himno para nuestra ciudad, el desfile dio inicio.
Sin embargo, el desfile se retrasó una hora más de lo planeado, comenzando a las 6 de la madrugada. A duras penas logró completarse, aunque apenas momentos después de su conclusión, la lluvia hizo su aparición una vez más, recordando la fragilidad de las decisiones humanas frente a los caprichos del tiempo.
A pesar de las adversidades, la devoción y el fervor de los participantes y espectadores no se vieron mermados. La noche fue testigo tanto de la incertidumbre como de la fuerza de una tradición arraigada en el corazón de nuestra comunidad, donde la fe y la perseverancia son pilares inquebrantables.

















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