SEMANA SANTA
"Nelson" se ceba con nuestra Semana Santa
Santo Entierro y Nuestra Madre, dos víctimas más de "Nelson"
La tarde prometía ser propicia para que la solemne procesión del Santo Entierro desfilara majestuosamente por las empedradas calles de Zamora, bajo un cielo soleado adornado aún por la presencia de algunas nubes dispersas. Sin embargo, el destino reservaba un giro inesperado que desencadenaría una serie de contratiempos.
Todo parecía transcurrir según lo planeado hasta el momento crucial de la llegada a la imponente catedral. En un instante, la atmósfera cambió drásticamente, otorgando validez a las predicciones más pesimistas. El cielo, que hasta entonces lucía sereno, se agitó bruscamente y una lluvia impetuosa se desató sobre la procesión, obligando a suspender todos los actos planificados. Con celeridad y apremio, las veneradas imágenes fueron devueltas a su punto de partida en la Plaza de San Esteban.
Fue una tarde funesta, marcada por el desaliento y la desilusión. Incluso la procesión de Nuestra Madre, que tenía programado su inicio para las once de la noche, se vio obligada a cancelar su recorrido debido a las adversas condiciones climáticas que persistían.
Así, en medio de la inclemencia del tiempo, se desvanecieron las esperanzas de los fieles que ansiaban participar en estos actos de fervor religioso. La incertidumbre y la resignación se apoderaron del ánimo de la ciudad, mientras los ecos de las campanas repicaban en señal de lamentación por el infortunio que había enturbiado tan solemnes celebraciones.

La tarde prometía ser propicia para que la solemne procesión del Santo Entierro desfilara majestuosamente por las empedradas calles de Zamora, bajo un cielo soleado adornado aún por la presencia de algunas nubes dispersas. Sin embargo, el destino reservaba un giro inesperado que desencadenaría una serie de contratiempos.
Todo parecía transcurrir según lo planeado hasta el momento crucial de la llegada a la imponente catedral. En un instante, la atmósfera cambió drásticamente, otorgando validez a las predicciones más pesimistas. El cielo, que hasta entonces lucía sereno, se agitó bruscamente y una lluvia impetuosa se desató sobre la procesión, obligando a suspender todos los actos planificados. Con celeridad y apremio, las veneradas imágenes fueron devueltas a su punto de partida en la Plaza de San Esteban.
Fue una tarde funesta, marcada por el desaliento y la desilusión. Incluso la procesión de Nuestra Madre, que tenía programado su inicio para las once de la noche, se vio obligada a cancelar su recorrido debido a las adversas condiciones climáticas que persistían.
Así, en medio de la inclemencia del tiempo, se desvanecieron las esperanzas de los fieles que ansiaban participar en estos actos de fervor religioso. La incertidumbre y la resignación se apoderaron del ánimo de la ciudad, mientras los ecos de las campanas repicaban en señal de lamentación por el infortunio que había enturbiado tan solemnes celebraciones.

















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