PREMIO PROYECTO EMPRESARIAL
Manuel Fariña: “Los zamoranos, uno a uno, son los que han empujado el vino, el queso, y los productos de Zamora”
Bodegas Fariña ha obtenido el Premio al Proyecto Empresarial en la presente edición de los Premios Tierra de Zamora
Los orígenes de Bodegas Fariña se remontan a 1942, cuando Salvador Fariña y su esposa Tomasa comenzaron con el negocio familiar. Más de ochenta años después lo que comenzó con una pequeña bodega se ha convertido en un gran proyecto empresarial, familiar y moderno, con un gran equipo de profesionales “apegados a la tierra y a nuestras raíces”.
Por su contribución al desarrollo de la economía de nuestra provincia hace más de 80 años, y por ser referencia fundamental en el sector vitivinícola nacional e internacional, reciben este año el Premio al Proyecto Empresarial de los Premios Tierra de Zamora.
El sueño de Manuel Fariña, hijo se Salvador y Tomasa, de “elaborar un vino que expresara la personalidad de nuestra tierra y enseñarlo por el mundo” fue el origen de esta gran bodega, de la que hoy lleva los mandos el propio Manuel Fariña López, como director general, junto a su hijo, Manuel Fariña Pérez, como director adjunto.
El origen de las Bodegas Fariña se remonta a 1942, año en el que Salvador Fariña y su esposa Tomasa López comienzan con el negocio familiar en una pequeña rudimentaria bodega en Casaseca de las Chanas. Entonces adquirió el nombre de Bodegas Porto ¿Qué queda de aquellos inicios?
Queda la base de todo lo que es hoy. De aquello queda lo importante, la raíz que hicieron mis padres de poner eso en marcha. Mi padre estuvo con una bodega muy pequeñita, y yo hice enología. Cuando acabé mis estudios hablamos de irme yo a una empresa como enólogo o si hacíamos alguna ampliación e íbamos mejorando con ideas nuevas que yo traía. Finalmente decidimos hacer una ampliación en Casaseca, y luego fuimos haciendo otra. Pimero se vendía en graneles y luego embotellados, y con el tiempo fuimos avanzando.
Cuando usted, Manuel Fariña, hijo de Salvador y Tomasa, toma el relevo de la Bodega, lo hace ya con estudios de enología a sus espaldas, siendo además el primero de su promoción en Requena. ¿Cómo de necesaria la formación en el mundo vitivinícola?
Es imprescindible. Siempre ha sido, pero en este momento mucho más. Si se quiere uno mover por el mundo y hacer las cosas que hay en el mundo hay que tener la preparación, y unas instalaciones y unos medios para conseguirlo, claro.
Tras una larga historia y "por su contribución al desarrollo de la economía de nuestra provincia hace más de 80 años, siendo referencia fundamental en el sector vitivinícola nacional e internacional" recibe en esta edición el Premio al proyecto empresarial. ¿Cómo reciben este reconocimiento?
Con mucha alegría. Lo que hace la Diputación es un poco la representación de lo que es Zamora. La Diputación ha escuchado lo que hay en el entorno y ha sido la razón definitiva. Se lo agradecemos muchísimo. El agradecimiento es a Zamora, los zamoranos uno a uno son los que han empujado el vino, el queso, y los productos de Zamora. Porque lo consumen ellos, pero además lo regalan, y hablan de él. Yo creo que eso es lo que la Diputación con gran acierto hace por las cosas de Zamora.
A lo largo de su historia, a este último galardón se le suman muchos otros reconocimientos. ¿Cuál o cuáles han marcado especialmente su trayectoria?
Yo creo que son todos, cada vez que hay algo ayuda. Unos son más próximos, otros más lejanos, en lo nacional, o en lo internacional. La suma de todo eso es lo que realmente hace que se reconozca la marca de Bodegas Fariña.
¿Cuál es el secreto para que una pequeña empresa familiar se convierta en un gran proyecto empresarial?
Yo creo que las cosas tienen pocos secretos. Lo primero es que lo que tú vendas tenga mucha calidad. Después, maleta y tren, o maleta y coche, y enseñarlo por donde puedas y animar a que lo compren. Yo creo que ese es el secreto, pero para el vino y para todas las cosas. Trabajo y mostrarlo, no hacerlo bien y quedarte quieto, hacerlo bien y circular por donde están los compradores.
¿Cuántas personas componen ahora mismo Bodegas Fariña?
Entre 50 y 55 empleados, y en épocas de poda y vendimia unos 30 más, más o menos.
Usted, Manuel Fariña, fue uno de los principales impulsores de la Denominación de Origen de Toro, algo que marcó un antes y un después en el negocio vitivinícola de la provincia. ¿Cómo se consiguió ese gran logro?
Era un deseo que había por parte de viticultores. Había dos cooperativas entonces, la de Toro y otra en Morales, y la autonomía también lo apoyaba. También desde el Ayuntamiento y todas las instituciones locales se empujaba. Y las asociaciones de agricultores, COAG y ASAJA, porque era de gran interés para el campo... Era el deseo de todo el mundo. La fuerza de todos es lo que hizo que saliera adelante.
Mirando al pasado… ¿Cuál ha sido el vino que “mejor sabor de boca” les ha dejado?
Nos marcó a favor el Gran Colegiata de 1982. Fue la primera medalla que tuvimos. y Tuvo mucha transcendencia, y eso hizo que se hicieran unas catas en Suiza con vinos de la Rivera y quedó muy bien. Todo eso fue un punto de ayuda para el lanzamiento.
Y mirando al futuro, ¿qué novedades quedan por llegar?
Las novedades corresponden a la tercera generación. Yo siempre digo que hay más de medio mundo sin vino de Toro, con lo cual lo que tienen que hacer es hacer buen vino y seguir viajando y mostrándolo en ferias de todo el mundo, e intentar encontrar importadores en cada país. Siempre cuidando mucho desde la viña hasta la bodega, y luego la comercialización.

Los orígenes de Bodegas Fariña se remontan a 1942, cuando Salvador Fariña y su esposa Tomasa comenzaron con el negocio familiar. Más de ochenta años después lo que comenzó con una pequeña bodega se ha convertido en un gran proyecto empresarial, familiar y moderno, con un gran equipo de profesionales “apegados a la tierra y a nuestras raíces”.
Por su contribución al desarrollo de la economía de nuestra provincia hace más de 80 años, y por ser referencia fundamental en el sector vitivinícola nacional e internacional, reciben este año el Premio al Proyecto Empresarial de los Premios Tierra de Zamora.
El sueño de Manuel Fariña, hijo se Salvador y Tomasa, de “elaborar un vino que expresara la personalidad de nuestra tierra y enseñarlo por el mundo” fue el origen de esta gran bodega, de la que hoy lleva los mandos el propio Manuel Fariña López, como director general, junto a su hijo, Manuel Fariña Pérez, como director adjunto.
El origen de las Bodegas Fariña se remonta a 1942, año en el que Salvador Fariña y su esposa Tomasa López comienzan con el negocio familiar en una pequeña rudimentaria bodega en Casaseca de las Chanas. Entonces adquirió el nombre de Bodegas Porto ¿Qué queda de aquellos inicios?
Queda la base de todo lo que es hoy. De aquello queda lo importante, la raíz que hicieron mis padres de poner eso en marcha. Mi padre estuvo con una bodega muy pequeñita, y yo hice enología. Cuando acabé mis estudios hablamos de irme yo a una empresa como enólogo o si hacíamos alguna ampliación e íbamos mejorando con ideas nuevas que yo traía. Finalmente decidimos hacer una ampliación en Casaseca, y luego fuimos haciendo otra. Pimero se vendía en graneles y luego embotellados, y con el tiempo fuimos avanzando.
Cuando usted, Manuel Fariña, hijo de Salvador y Tomasa, toma el relevo de la Bodega, lo hace ya con estudios de enología a sus espaldas, siendo además el primero de su promoción en Requena. ¿Cómo de necesaria la formación en el mundo vitivinícola?
Es imprescindible. Siempre ha sido, pero en este momento mucho más. Si se quiere uno mover por el mundo y hacer las cosas que hay en el mundo hay que tener la preparación, y unas instalaciones y unos medios para conseguirlo, claro.
Tras una larga historia y "por su contribución al desarrollo de la economía de nuestra provincia hace más de 80 años, siendo referencia fundamental en el sector vitivinícola nacional e internacional" recibe en esta edición el Premio al proyecto empresarial. ¿Cómo reciben este reconocimiento?
Con mucha alegría. Lo que hace la Diputación es un poco la representación de lo que es Zamora. La Diputación ha escuchado lo que hay en el entorno y ha sido la razón definitiva. Se lo agradecemos muchísimo. El agradecimiento es a Zamora, los zamoranos uno a uno son los que han empujado el vino, el queso, y los productos de Zamora. Porque lo consumen ellos, pero además lo regalan, y hablan de él. Yo creo que eso es lo que la Diputación con gran acierto hace por las cosas de Zamora.
A lo largo de su historia, a este último galardón se le suman muchos otros reconocimientos. ¿Cuál o cuáles han marcado especialmente su trayectoria?
Yo creo que son todos, cada vez que hay algo ayuda. Unos son más próximos, otros más lejanos, en lo nacional, o en lo internacional. La suma de todo eso es lo que realmente hace que se reconozca la marca de Bodegas Fariña.
¿Cuál es el secreto para que una pequeña empresa familiar se convierta en un gran proyecto empresarial?
Yo creo que las cosas tienen pocos secretos. Lo primero es que lo que tú vendas tenga mucha calidad. Después, maleta y tren, o maleta y coche, y enseñarlo por donde puedas y animar a que lo compren. Yo creo que ese es el secreto, pero para el vino y para todas las cosas. Trabajo y mostrarlo, no hacerlo bien y quedarte quieto, hacerlo bien y circular por donde están los compradores.
¿Cuántas personas componen ahora mismo Bodegas Fariña?
Entre 50 y 55 empleados, y en épocas de poda y vendimia unos 30 más, más o menos.
Usted, Manuel Fariña, fue uno de los principales impulsores de la Denominación de Origen de Toro, algo que marcó un antes y un después en el negocio vitivinícola de la provincia. ¿Cómo se consiguió ese gran logro?
Era un deseo que había por parte de viticultores. Había dos cooperativas entonces, la de Toro y otra en Morales, y la autonomía también lo apoyaba. También desde el Ayuntamiento y todas las instituciones locales se empujaba. Y las asociaciones de agricultores, COAG y ASAJA, porque era de gran interés para el campo... Era el deseo de todo el mundo. La fuerza de todos es lo que hizo que saliera adelante.
Mirando al pasado… ¿Cuál ha sido el vino que “mejor sabor de boca” les ha dejado?
Nos marcó a favor el Gran Colegiata de 1982. Fue la primera medalla que tuvimos. y Tuvo mucha transcendencia, y eso hizo que se hicieran unas catas en Suiza con vinos de la Rivera y quedó muy bien. Todo eso fue un punto de ayuda para el lanzamiento.
Y mirando al futuro, ¿qué novedades quedan por llegar?
Las novedades corresponden a la tercera generación. Yo siempre digo que hay más de medio mundo sin vino de Toro, con lo cual lo que tienen que hacer es hacer buen vino y seguir viajando y mostrándolo en ferias de todo el mundo, e intentar encontrar importadores en cada país. Siempre cuidando mucho desde la viña hasta la bodega, y luego la comercialización.

















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