RECUERDOS
Añoranzas de la Peña Colorada
La "Peña Colorada" era una emblemática atalaya, entre el ferrocarril y la carretera de la Hiniesta, desde la que se avistaba gran parte de Valorio.
En los años de mi niñez, solía ir a Valorio, desde las Huertas de Arenales, pasando por el túnel del ferrocarril Zamora-Orense, que tardaría varios años en comenzar a funcionar, y llegaba hasta la "Peña Colorada", desde donde tenía al alcance de mi vista todo el Bosque de Valorio.
Estos paseos pude hacerlos sin problemas en los años treinta y cuarenta del pasado siglo XX al estar condicionado a la histórica evolución del ferrocarril a Galicia.
La línea del ferrocarril Zamora-Orense comenzó a ejecutarse en el año 1927 sobre un proyecto que databa de 1864 y que había pasado por diversas polémicas favorables y desfavorables. Primero la proclamación de la Segunda República y luego la Guerra Civil, tuvieron paralizados los trabajos hasta 1939. Todavía tardarían en circular los primeros trenes entre Zamora y Puebla de Sanabria hasta el 24 de septiembre de 1952.
La "Peña Colorada" siempre ha sido mudo testigo de la evolución de esta línea del ferrocarril y del paso de los trenes por el Bosque de Valorio, sufriendo los acosos y recortes de su terreno por la instalación de los caminos de hierro. Ahora, con la modernización de la línea para circular los trenes de alta velocidad, se ha ampliado el espacio ferroviario a su paso por el Bosque de Valorio, se ha instslado la doble vía, se han colocado los postes de la catenaria para la electrificación del recorrido y se ha aislado la zona con vallas que impiden el acceso al espacio del ferrocarril, de tal forma que la "Peña Colorada" ha quedado separada totalmente del Valorio que fue parte integrante del acogedor ambiente que disfrutábamos antaño.
Solo las abundantes colonias de pájaros: jilgueros, alondras, gorriones, que habitan en los nidos instalados en la "Peña Colorada" podrán cruzar el espacio aéreo y pasar al Bosque de Valorio para deleitarnos con sus trinos y melodiosos gorjeos, compensándonos de las estridencias de los trenes que pitan a su paso por el Bosque.
Balbino Lozano
La "Peña Colorada" era una emblemática atalaya, entre el ferrocarril y la carretera de la Hiniesta, desde la que se avistaba gran parte de Valorio.
En los años de mi niñez, solía ir a Valorio, desde las Huertas de Arenales, pasando por el túnel del ferrocarril Zamora-Orense, que tardaría varios años en comenzar a funcionar, y llegaba hasta la "Peña Colorada", desde donde tenía al alcance de mi vista todo el Bosque de Valorio.
Estos paseos pude hacerlos sin problemas en los años treinta y cuarenta del pasado siglo XX al estar condicionado a la histórica evolución del ferrocarril a Galicia.
La línea del ferrocarril Zamora-Orense comenzó a ejecutarse en el año 1927 sobre un proyecto que databa de 1864 y que había pasado por diversas polémicas favorables y desfavorables. Primero la proclamación de la Segunda República y luego la Guerra Civil, tuvieron paralizados los trabajos hasta 1939. Todavía tardarían en circular los primeros trenes entre Zamora y Puebla de Sanabria hasta el 24 de septiembre de 1952.
La "Peña Colorada" siempre ha sido mudo testigo de la evolución de esta línea del ferrocarril y del paso de los trenes por el Bosque de Valorio, sufriendo los acosos y recortes de su terreno por la instalación de los caminos de hierro. Ahora, con la modernización de la línea para circular los trenes de alta velocidad, se ha ampliado el espacio ferroviario a su paso por el Bosque de Valorio, se ha instslado la doble vía, se han colocado los postes de la catenaria para la electrificación del recorrido y se ha aislado la zona con vallas que impiden el acceso al espacio del ferrocarril, de tal forma que la "Peña Colorada" ha quedado separada totalmente del Valorio que fue parte integrante del acogedor ambiente que disfrutábamos antaño.
Solo las abundantes colonias de pájaros: jilgueros, alondras, gorriones, que habitan en los nidos instalados en la "Peña Colorada" podrán cruzar el espacio aéreo y pasar al Bosque de Valorio para deleitarnos con sus trinos y melodiosos gorjeos, compensándonos de las estridencias de los trenes que pitan a su paso por el Bosque.
Balbino Lozano




















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