Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Domingo, 11 de Agosto de 2024
COSAS DE DE LA BIEN CERCADA

¡Cómo ser optimista en esta tierra!

[Img #90858]Uno no es un pesimista antropológico, ni un enfermo de melancolía.  Solo me considero un hombre maduro informado, siempre que los datos demográficos y económicos de la burocracia estatal y privada no nos engañen. Soy, se diría, una persona realista que lee por encima de la media y la que le duele, como a Unamuno España, la tierra que me vio nacer, donde contemplé la luz primera.

 

Hay muchas gentes que me leen que me valoran, pero siempre añaden un matiz a mis análisis: que soy pesimista, que lo veo todo muy gris, que no dejo ni un solo guiño al optimismo. Debo confesar que me encantaría escribir que Zamora se transformará en una ciudad con una gran demanda de turismo cultural, que contará, además, con industrias medianas de importancia, merced al desarrollo del polígono de la Junta de Castilla y León, y que las principales arterías comerciales, como Santa Clara y San Torcuato, volverán a llenarse de tiendas que ofrecerán productos de alta calidad a los zamoranos e incluso a sus visitantes.

 

Guarido y su equipo de Gobierno solo pueden embellecer Zamora, con sus ideas y proyectos, como un segundo Plan del Casco Histórico, urgir al Ministerio de Cultura la restauración global del recinto amurallado medieval y liberar los lienzos de la avenida de la Feria y hacerla más verde y fresca, con jardines y fuentes, como los del parque de Baltasar Lobo, amén de intervenir en el Castillo para recuperar su imagen perdida, su fotografía medieval.

 

Y poco más le debo exigir a un regidor, salvo que, lo doy por hecho, funcionen los servicios básicos.

 

Zamora, su provincia, ya ha perdido 800 habitantes en este 2024. Lógico imaginar que al final del año, se habrá duplicado ese número. ¿Cómo frenar esa deriva demográfica, irreversible para el catedrático Valentín Cavero? Cuestión de Estado.

 

El problema de nuestra provincia carece de solución mientras los políticos, diputados, senadores y procuradores, sean personajes fieles, por la cuenta económica que les tiene, a sus jerarquías, a los jefes de sus partidos. Zamora no les importa. Zamora solo es una excusa para todos ellos, hombres y mujeres, que perciben salarios muy superiores a sus formaciones profesionales. No se arriesgarán jamás a perder este chollo.

 

El estado económico y demográfico de Zamora siempre tuvo razones políticas. Decisiones de gobiernos, tanto los de La Moncloa como los del ejecutivo de esta antirregión que es Castilla y León, transforman ciudades y provincias. La capital perdió un poder económico extraordinario, todavía sin evaluar, tras las decisiones neoliberales -adelgazar el Estado- de gobiernos felipistas, mantenidas después por el PP, que solo sirve para arreglar los agujeros económicos de los ejecutivos socialistas, porque, políticamente, su seguidismo resulta evidente.

 

Lo he contado muchas veces en artículos. Un millar de soldados, más suboficiales y oficiales, vivían en el Cuartel Viriato o viviendas alquiladas. Más de mil personas, algunas con sus respectivas familias, que vivían en Zamora, donde comían, compraban ropa, calzado, tomaban cafés, cañas, pinchos en bares y cafeterías. También se cerró la Prisión Provincial, que guardaba a ciento de hombres privados de libertad y a funcionarios, que, por supuesto, también se alimentaban de productos que servían empresas zamoranas. Pues se la llevaron a Topas, a Salamanca. De la Universidad Laboral ya he hablado. Cerrada. Y qué decir de los ferroviarios que trabajaban en la Estación, de las líneas férreas, del tráfico de mercancías y pasajeros. Todas esas pérdidas no las ha venido a paliar el AVE. Y, por último, como pago a la entrada en la Unión Europea, el campo sufrió una tremenda reconversión agropecuaria, clave en la economía provincial.

 

Por cierto, oigo en una emisora de radio que Zamora, nuestra provincia, es una gran potencia en energía fotovoltaica, tanto que es la que ha perdido más tierras de labor merced a este tipo de avances tecnológicos. Pobre agricultura. Prosigo.  Perdón por el inciso.

 

Decisiones políticas que supusieron un golpe durísimo para la economía zamorana, de la que todavía no se ha recuperado. Porque ningún gobierno intentó minimizar esos daños causados en el aparato estatal de Zamora. Los políticos se confirman, pues, como los verdaderos enemigos del pueblo, máxime mientras no se cambie esta maldita Ley Electoral y nosotros, los ciudadanos, no elijamos a nuestros representantes, colocados, a dedo, debido al servilismo y la falta de personalidad, por los Sánchez de turno. Ojalá pudiéramos elegir a nuestros diputados como en Inglaterra. Esta democracia sigue siendo una pantomima, o lo fue siempre, solo que ahora los más ineptos dominan partidos e instituciones.

 

Por lo tanto, no se me pida que sea optimista con esta Ley Electoral, gran culpable de los Puigdemont y de los chantajes el inquilino de La Moncloa, y con ciudadanos que no se enteran de lo que pasa ni lo que ocurre, como recomendaba el gran Miguel Hernández a su hijo, todavía en la cuna. Ni con nuestra apatía antropológica, una forma de ser que nos impide rebelarnos contra la injusticia. No nos olvidemos tampoco que, cuando entren en vigor los acuerdos entre Sánchez y ERC, nosotros, zamoranos, no recibiremos ni un euro de Cataluña para aliviar nuestros males económicos y demográficos, sino que, además, contribuiremos a pagar la Seguridad Social, pensiones, y la deuda, gigantesca, acumulada por las racistas que viven en aquella región que fue española.

 

Y alguien, zamorano, puede cometer la osadía de exigirme más optimismo en mis artículos. Cuando el dolor abruma, atosiga y presiona el alma, solo se puede mitigar contando, sin ambages, sin miedo, lo que se siente.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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