ZAMORANA
Pensamientos que atormentan
Mº Soledad Martín Turiño
Nada, solo polvo, tierra marchita, espacio sin agua, muerte. Nada, ni una señal que te reconozca en el árido suelo, perdida la sonrisa y la mirada alegre. Nada.
Te sepulto bajo una higuera con la esperanza de que nazca una flor blanca, tal vez un brote despistado que devuelva el milagro de la vida, pero dicen que eres humo, el poeta lo llama polvo enamorado, siempre enamorado, nunca polvo, y estás porque fuiste, pero ya no eres.
Amo tu recuerdo, tu risa, tus grandes manos encallecidas y ardientes por el trabajo bajo el sol de tu pueblo. Amo tu historia que es la mía, aunque seas entelequia, pero fuiste y yo que aún soy, no me considero nada.
Con el ventisquero de la tarde la tierra se levantó como enfadada, aireándose, ensuciando, rebelándose contra el cielo en una tormenta seca, con un desacompasado baile de hojas que se desgarran y mueren. Lluvia que apacigua y aposenta, aunque mi espíritu sigue encadenado también a esta tempestad que, como el rayo hernandiano, no cesa.
No medio tiempo a darte las gracias, ni a decirte más veces lo mucho que te quería, ni a estrecharme entre tus brazos y perderme en tu pecho; salieron mal las cuentas, te marchaste demasiado pronto y apenas fui consciente de que mataste mi alma con el dardo de tu abandono.
No me dio tiempo a mirar mil veces hasta fundirlos con los míos, a tus ojos de un avellana intenso, a tomar tu mano enorme, a recostar mi cabeza cansada en tu pecho o a memorizar tus consejos, sabios siempre.
Quedaron también cosas por decir y otras que nunca debieron haberse mencionado, pero ahora no hay tiempo, porque ya no estás y yo sigo enfundada cada día en los mismos pensamientos sin saber si es verdad o acaso es mentira lo que dice la mente y esto que siento.
Me hablan de aceptación, me aconsejan las repetidas consignas que se dan en estos casos: hay que seguir viviendo, estará en un lugar mejor, tienes que buscar consuelo…. Y sí, hoy he amanecido con el firme propósito de empezar de nuevo, contigo a mi lado, sin perder un átomo de tiempo, para que no se haga realidad esta terrible pesadilla que me ha robado la noche.
Nada, solo polvo, tierra marchita, espacio sin agua, muerte. Nada, ni una señal que te reconozca en el árido suelo, perdida la sonrisa y la mirada alegre. Nada.
Te sepulto bajo una higuera con la esperanza de que nazca una flor blanca, tal vez un brote despistado que devuelva el milagro de la vida, pero dicen que eres humo, el poeta lo llama polvo enamorado, siempre enamorado, nunca polvo, y estás porque fuiste, pero ya no eres.
Amo tu recuerdo, tu risa, tus grandes manos encallecidas y ardientes por el trabajo bajo el sol de tu pueblo. Amo tu historia que es la mía, aunque seas entelequia, pero fuiste y yo que aún soy, no me considero nada.
Con el ventisquero de la tarde la tierra se levantó como enfadada, aireándose, ensuciando, rebelándose contra el cielo en una tormenta seca, con un desacompasado baile de hojas que se desgarran y mueren. Lluvia que apacigua y aposenta, aunque mi espíritu sigue encadenado también a esta tempestad que, como el rayo hernandiano, no cesa.
No medio tiempo a darte las gracias, ni a decirte más veces lo mucho que te quería, ni a estrecharme entre tus brazos y perderme en tu pecho; salieron mal las cuentas, te marchaste demasiado pronto y apenas fui consciente de que mataste mi alma con el dardo de tu abandono.
No me dio tiempo a mirar mil veces hasta fundirlos con los míos, a tus ojos de un avellana intenso, a tomar tu mano enorme, a recostar mi cabeza cansada en tu pecho o a memorizar tus consejos, sabios siempre.
Quedaron también cosas por decir y otras que nunca debieron haberse mencionado, pero ahora no hay tiempo, porque ya no estás y yo sigo enfundada cada día en los mismos pensamientos sin saber si es verdad o acaso es mentira lo que dice la mente y esto que siento.
Me hablan de aceptación, me aconsejan las repetidas consignas que se dan en estos casos: hay que seguir viviendo, estará en un lugar mejor, tienes que buscar consuelo…. Y sí, hoy he amanecido con el firme propósito de empezar de nuevo, contigo a mi lado, sin perder un átomo de tiempo, para que no se haga realidad esta terrible pesadilla que me ha robado la noche.





















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