1ª RFEF
El Zamora fue muy superior a Tarazona, pero concedió otro gol a balón parado
Los rojiblancos llegaron a encerrar a los blanquinegros en su área, pero la madera despidió dos balones y el portero aragonés realizó unas cuantas intervenciones portentosas
El fútbol es el deporte más injusto que conozco, el único en el que juega peor puede ganar al mejor, al que demuestra ser superior. El fútbol es como la vida, injusta, en la que los malos suelen ganar casi siempre la partida. Quizá los buenos se conformen con ir al cielo. Pero en el fútbol o sumas puntos o no eres nadie.
La triste realidad es que el Zamora nunca debió perder en Tajonar ni tampoco esta tarde noche en el Ruta de la Plata. En Pamplona, se hizo acreedor al empate, y hoy a una victoria clara sobre un equipo timorato, rácano y con un fútbol retrógrado, reaccionario, de, en definitiva, d otro tiempo. Pero el cuadro rojiblanco que, por méritos, debería sumar ya cuatro puntos, se le fue el encuentro en Navarra a balón parado y por un error defensivo, y en este primer domingo de septiembre malogró una victoria por la misma razón. El fútbol estático sanciona al equipo de Sabas en este inicio de temporada.
Hoy, salvo una ocasión nada más empezar el choque, nacida también en otro fallo defensivo, subsanado por Altube, el Zamora programó un partido intenso, profundo, vertical, con acciones por ambas bandas, quizá más por la diestra en la primera entrega. Producto de su buen fútbol, dos balones a la madera, ocasiones como una de Roni, clarísimas, más una actuación portentosa del cancerbero aragonés.
Juan Sabas eligió a nueve jugadores nuevos esta temporada y a dos de la anterior, pero en esta ocasión, dejó en la reserva a Mancebo y otorgó la titularidad a Joel, que realizó un partido excelente hasta que la gasolina se agotó.
El partido solo tuvo una dirección: la del área aragonesa. Con buen juego, excelentes pases, intención y esfuerzo, los rojiblancos elaboraron jugadas de distintas, pero plásticas, pero, como sucedió en Pamplona, no se acierta en la suerte decisiva. La más clara, tras una gran acción colectiva, con pase precioso y preciso de Márquez a Tresaco que, solo ante el portero, careció de templanza para batirlo. Sucedía casi al término de la primera mitad.
El técnico zaragozano realizó su primer cambió antes de iniciarse la segunda entrega: Areso sustituía a Mena.
Y llegó el gol de Tarazona tras sacarse un córner, cedido de forma tonta. La defensa despeja la pelota con dirección al centro del área. Ningún rojiblanco esperaba a lanzar más lejos el balón. Y LLácer, que venía lanzado, agarró un chut rasó que evitó piernas de unos y de otros para batir a Altube, que no vio el balón.
Gracias al empuje del público, los rojiblancos se recuperaron ya. Los ataques se sucedían y el dominio llegó a ser aplastante. No recuerda este escribidor a un Zamora que apabullase al rival como sucedió hoy, 1 de septiembre, con el Tarazona. Llegaron las jugadas por la diestra y la siniestra, todas de bella factura; centros que no encontraban rematador y cambios. El primero triple: entraron Ramos, muy aplaudido por Guillermo Macho; Roni por Tresaco y Castañeda por Campabadal.
Tarazona se encerró en su área, después de rezar unas cuantas oraciones para que sucediese un milagro. Y así fue. Lanzamientos al poste de Joel y Rivas, de cabeza; paradones de Fuoli. Ante aquel torrente de fútbol, el meta visitante inició su cachondeo con los saques de puerta. Le costó una amarilla del pésimo árbitro gallego, que podría haber expulsado, por doble amarilla, a Manu Rico, cuando, al borde del área, realizó una falta que tenía todas las características de la segunda amarilla. Pero pasó de todo. Ni la pitó.
Y entre cambios y más cambios, pérdidas de tiempo de Tarazona y cierta ansiedad de los rojiblancos, se llegó al final de un partido, de una segunda derrota injusta, cierto, pero esto es fútbol, así es la vida y así se lo he contado, con palabras cargadas de tristeza e impotencia. No obstante, con la calidad que demuestran los rojiblancos y una miaja de suerte, pronto acontecerá el primer éxito.
Fotos: Esteban Pedrosa
El fútbol es el deporte más injusto que conozco, el único en el que juega peor puede ganar al mejor, al que demuestra ser superior. El fútbol es como la vida, injusta, en la que los malos suelen ganar casi siempre la partida. Quizá los buenos se conformen con ir al cielo. Pero en el fútbol o sumas puntos o no eres nadie.
La triste realidad es que el Zamora nunca debió perder en Tajonar ni tampoco esta tarde noche en el Ruta de la Plata. En Pamplona, se hizo acreedor al empate, y hoy a una victoria clara sobre un equipo timorato, rácano y con un fútbol retrógrado, reaccionario, de, en definitiva, d otro tiempo. Pero el cuadro rojiblanco que, por méritos, debería sumar ya cuatro puntos, se le fue el encuentro en Navarra a balón parado y por un error defensivo, y en este primer domingo de septiembre malogró una victoria por la misma razón. El fútbol estático sanciona al equipo de Sabas en este inicio de temporada.
Hoy, salvo una ocasión nada más empezar el choque, nacida también en otro fallo defensivo, subsanado por Altube, el Zamora programó un partido intenso, profundo, vertical, con acciones por ambas bandas, quizá más por la diestra en la primera entrega. Producto de su buen fútbol, dos balones a la madera, ocasiones como una de Roni, clarísimas, más una actuación portentosa del cancerbero aragonés.
Juan Sabas eligió a nueve jugadores nuevos esta temporada y a dos de la anterior, pero en esta ocasión, dejó en la reserva a Mancebo y otorgó la titularidad a Joel, que realizó un partido excelente hasta que la gasolina se agotó.
El partido solo tuvo una dirección: la del área aragonesa. Con buen juego, excelentes pases, intención y esfuerzo, los rojiblancos elaboraron jugadas de distintas, pero plásticas, pero, como sucedió en Pamplona, no se acierta en la suerte decisiva. La más clara, tras una gran acción colectiva, con pase precioso y preciso de Márquez a Tresaco que, solo ante el portero, careció de templanza para batirlo. Sucedía casi al término de la primera mitad.
El técnico zaragozano realizó su primer cambió antes de iniciarse la segunda entrega: Areso sustituía a Mena.
Y llegó el gol de Tarazona tras sacarse un córner, cedido de forma tonta. La defensa despeja la pelota con dirección al centro del área. Ningún rojiblanco esperaba a lanzar más lejos el balón. Y LLácer, que venía lanzado, agarró un chut rasó que evitó piernas de unos y de otros para batir a Altube, que no vio el balón.
Gracias al empuje del público, los rojiblancos se recuperaron ya. Los ataques se sucedían y el dominio llegó a ser aplastante. No recuerda este escribidor a un Zamora que apabullase al rival como sucedió hoy, 1 de septiembre, con el Tarazona. Llegaron las jugadas por la diestra y la siniestra, todas de bella factura; centros que no encontraban rematador y cambios. El primero triple: entraron Ramos, muy aplaudido por Guillermo Macho; Roni por Tresaco y Castañeda por Campabadal.
Tarazona se encerró en su área, después de rezar unas cuantas oraciones para que sucediese un milagro. Y así fue. Lanzamientos al poste de Joel y Rivas, de cabeza; paradones de Fuoli. Ante aquel torrente de fútbol, el meta visitante inició su cachondeo con los saques de puerta. Le costó una amarilla del pésimo árbitro gallego, que podría haber expulsado, por doble amarilla, a Manu Rico, cuando, al borde del área, realizó una falta que tenía todas las características de la segunda amarilla. Pero pasó de todo. Ni la pitó.
Y entre cambios y más cambios, pérdidas de tiempo de Tarazona y cierta ansiedad de los rojiblancos, se llegó al final de un partido, de una segunda derrota injusta, cierto, pero esto es fútbol, así es la vida y así se lo he contado, con palabras cargadas de tristeza e impotencia. No obstante, con la calidad que demuestran los rojiblancos y una miaja de suerte, pronto acontecerá el primer éxito.
Fotos: Esteban Pedrosa


















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