Eugenio-Jesús de Ávila
Jueves, 03 de Octubre de 2024
COSAS DE LA BIEN CERCADA

Los zamoranos tenemos un compromiso con el progreso

Al rey Fernando I ya se le olvidaba Zamora. Incluso nos incluía en Castilla la Vieja. Después, aquí, su hijo, Sancho, recibió el pago a su ambición. Los castellanos, el poder, convirtieron a un héroe en felón.

 

 En Castilla, sus gentes y sus políticos, nunca se nos ha tenido en cuenta. Convencido estoy que no toman por palurdos, por pastores de ovejas, por vaqueros que solo saben ordeñar las ubres de sus vacas viejas; por gente que ara a la romana, que siembra y recoge cosechas para el propio sustento; incapaces de transformar nuestras excepcionales materias primas, gente tontita, a la que se engaña con cuatro promesas endulzadas con el azúcar de la mentira. A los zamoranos se les puede putear y, además, lo celebran y aplauden. Ni tan si quiera saben lo que somos: medio portugueses, la escoria de León, el pueblo más grande de Salamanca, tierra de lobos y rapaces, de ciervos, de berreas humanas, de agua seca, de ríos sin cauce, de embalses tristes, de nubes canosas, de cielos empedrados, de flores de plástico, de muertes si vida, de vivir sin darse cuenta.

 

Ni los zamoranos saben, sabemos, que son, que somos: de aquí o de allá, si viven porque no mueren, o conocen una muerte viva. Hemos perdido nuestra identidad después de tanto cobardear en tablas, de arrodillarnos ante los semidioses de la política, de tragar embustes, de vomitar la sopa de la verdad.

 

Nuestros defectos sirven para que la gente de la política, personas que perdieron ética y estética, capaces de vender un lugar en el sol para construir el paraíso, nos tomen a cachondeo.

 

Convenzámonos: el eje Valladolid-Burgos nos quiere como somos, cándidos, pusilánimes, sin ambición, perdidos en el pasado. Nunca aprobarán la industrialización de esta provincia. Construir la biorrefinería les pareció una blasfemia económica.  Todo para Castilla. León no cuenta; León y Zamora somos los parias.

 

Como Zamora carece de medios de comunicación propios, al servicio siempre del que paga, sean rojos o azules, nadie podrá denunciar los privilegios económicos de los que disfrutan  las provincias más desarrolladas de esta autonomía ahistórica, merced a los favores políticos seculares que nadie denuncia. Se nos ha condenado a no ser, o a estar, pero sin ser.

 

Los zamoranos con conciencia política, los que tenemos todavía cierto orgullo entre el corazón y el cerebro, tenemos un compromiso con nuestro progreso: ser inconformistas, racionales, pero apasionados con nuestra tierra; rebeldes desde el alba a la madrugada, exigentes con el poder, desconfiados ante las promesas, siempre falsas, de los políticos con mando y los políticos que aspiran a ocupar plaza en la jerarquía pública.

 

Que cualquier político sepa que existimos, que somos una de las tres provincias del viejo Reino de León, que no somos castellanos, como poco leoneses y siempre españoles, y, si se quiere, hermanos de los lusos de Tras os Montes, y enemigos de los que venden la patria por comerse lamer el plato de las lentejas.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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