Miércoles, 04 de Marzo de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Sábado, 05 de Abril de 2025
MI SEMANA SANTA

¿Fe, devoción, sobriedad?

Durante estos días intuyo ya el aroma a incieso y cera. Lógico que oiga hablar o lea que la Semana Santa de Zamora es fe, devoción, sobriedad y, por supuesto, religiosidad. Si hay gente que así se expresa y escribe en torno a la Pasión en nuestra ciudad estarán en lo cierto. Quizá un servidor sea un tipo raro, porque, después de mi larga experiencia y profundas reflexiones, afirme que la tradición, la fiesta, la alegría, la sensualidad, la amistad y el amor protagonicen estos días. 

 

Conozco personas que se emocionan cuando contemplan cristos y vírgenes, pero la gran mayoría de zamoranos, tanto los de aquí como los de allá, han hecho de la Semana Santa una excusa para disfrutar, conocer, festejar, celebrar y, en definitiva, vivir. No creo que ni un solo hermano, verbigracia, de la cofradía de Jesús Nazareno, Vulgo Congregación, dedique un par de segundos a pensar sobre la Pasión de Cristo, sobre el martirio y crucifixión del Nazareno. Y extiendo ese análisis a otras hermandades y cofradías. La tradición ha derrotado a la religiosidad. Y no voy a criticarlo. Lo que me fastidia es ese afán por definir a la Semana Santa de Zamora como si esta ciudad viviera en el medioevo o el barroco.

 

Se colocan titulares en prensa que un ciudadano que no conozca esta tierra, cuando los lea, alucinará, porque pensará que ha viajado a siglos pretéritos, cuando existía la sociedad estamental, la monarquía absoluta y la Inquisición. Año tras año, Semana Santa tras Semana Santa, no varía nada: Zamora se convierte, al parecer de un pequeño grupo de escribidores y locutores, en la reserva espiritual de Europa. ¡Una fe inquebrantable, hermanos que levitan, gente que expía sus pecados con penitencias, ayunos, lágrimas por el sufrimiento de cristos y vírgenes…!

 

Insisto: pudiera ser que mi ceguera espiritual encuentre en nuestra Semana Santa fiesta de los sentidos, culto a la amistad, énfasis en las tradiciones, disfrute de viandas, enamoramientos, memoria y sus hijos, los recuerdos. Y los que pregonan una Pasión de fe, penitencia, cuitas y sentimientos, realicen análisis más cercanos a la realidad.

Como ricos e hipócritas son los grandes pecadores en los Evangelios, escribo lo que pienso y, además, pertenezco a una clase que necesitó trabajar para vivir.

 

Ahora bien, me encanta que mi pequeña y decadente ciudad muestre tanta actividad humana y económica durante estos días, porque beneficiará tanto a almas pías como a agnósticos y ateos. Ojalá todos los meses del año festejáramos una Semana Santa.   

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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