Miércoles, 04 de Marzo de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Martes, 08 de Abril de 2025
SEMANA SANTA 2025

Semana Santa de Zamora: ¿Religiosidad, sobriedad, austeridad...?

Eugenio-Jesús de Ávila

 

Enfatizar que la Semana Santa de Zamora halla en la religiosidad, sobriedad y austeridad sus señas de identidad, además de hipócrita, me parece ridículo. En esta tercera década del siglo XXI solo existen católicos, apostólicos y romanos en monasterios y conventos y quizá también convivan entre nosotros algunas almas pías. El cristiano de a pie ni tan si quiera va a misa.  Verbigracia: A los quinarios de la Virgen de la Soledad acuden unas cuantas señoras de edad, pero jamás las 4.000 hermanas que desfilan el Sábado Santo desde la postura del sol hasta casi la media noche. No conozco a ningún cristiano evangélico. Me temo que pocos cofrades y hermanas sienten profundamente lo que fue la Pasión y Muerte de Cristo durante los desfiles procesionales.

 

Los Evangelios canónicos, los que las gentes han leído desde la escuela, se aprobaron siglos después de haber sido escritos por sus autores, que tampoco conocieron al Nazareno. ¡Cómo exigir a cualquier persona bautizada que cumpla a rajatabla con las enseñanzas transmitidas por Lucas, Mateo, Juan y Marcos! Por lo tanto, no se me ocurre pensar, menos exigir, que los hermanos y las hermanas que acompañan a cristo, vírgenes y vía crucis de la Pasión en Zamora hagan profesión de fe durante las horas que desfilan por calles y rúas, plazas y plazuelas. Nuestra Semana Santa existe todavía como compromiso con la tradición, más un cierto aroma religioso, devociones irracionales y la disposición psicológica de una serie de personas que todavía se pasan año tras año imaginando cómo potenciar sus cofradías, embellecerlas, diferenciarlas.

 

Nuestra Semana Santa perdura en el tiempo, pues, porque, además de lo escrito, provoca durante cuatro escasos días una inyección económica esencial para negocios de, sobre todo, hostelería; sector textil y del calzado. Y encantado de que los pequeños empresarios zamoranos recojan los frutos que ofrece el árbol de la Pasión cuando la primavera todavía busca quedarse, en una ciudad tan maltratada por la economía, tan dañada por la pérdida y envejecimiento de población de la provincia.

 

La Semana Santa no nos hace ni más cristianos, ni mejores personas. No son días apropiados para una catarsis espiritual. Quizá, paradoja, la Muerte del Nazareno protagonice los momentos de mayor alegría y fiesta del año, superando incluso los de Nochevieja y San Pedro. Con la llegada de la primavera, hierbe el amor en la sangre, la pasión circula por las venas y los corazones erupcionan como volcanes.

 

Cierto que cada zamorano, incluso agnósticos y ateos, viven la Semana Santa como excusa religiosa para empaparse de hedonismo, olvidarse de la mediocridad cotidiana y cumplir con tradiciones; pero habrá que concluir en que esta celebración, ya escasamente religiosa, forma parte de nuestra forma de ser colectiva como zamoranos. ¡Nos quedan tan pocas cosas! Quizá en Zamora se haya descubierto eso que denomino cristianismo hedonista.

 

 

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