SEMANA SANTA 2025
El Duero vuelve a creer cuando lo cruza su Nazareno
Eugenio-Jesús de Ávila
El traslado del Nazareno desde el humilde barrio de San Frontis, que cuenta con el privilegio de contemplar las vistas más hermosas de la Zamora medieval, hasta la Catedral, cuando el sol se despide de la vieja ciudad para hacerse luso, me parece, porque así me lo dicta mi sensibilidad, el momento más profundo y lígrimo de la Semana Santa zamorana.
No hay turismo, ni curiosos de la antropología, ni psicólogos que analicen el alma colectiva de los que acompañan al Cristo moreno de la margen izquierda del Duero. Solo aletea, con sus alas sentimentales, la verdad de los que creen, de los que tiene fe, de los que imaginan un cielo más allá del purgatorio de la vida.
Después las cofradías y hermandades teatralizarán la Pasión por las rúas, calles, plazuelas y plazas zamoranas; pero, aunque lo parezca, nunca compondrán un soneto tan bello como el que escribe el Nazareno de San Frontis y los miles de personas que le siguen para, después de cruzar el Duero por el nuevo Puente Románico, lo dejan en la Seo para que debate sobre la vida y la muerte con el Cristo de las Injurias. Y poco más. Todo es cuestión de fe, de tenerla o de esconderla en un oscuro espacio del cerebro.
El Duero también vuelve a creer y a llorar lágrimas de agua cuando el Nazareno lo cruza merced a su amigo del alma, el Puente Románico.
Fotografía: Esteban Pedrosa
Eugenio-Jesús de Ávila
El traslado del Nazareno desde el humilde barrio de San Frontis, que cuenta con el privilegio de contemplar las vistas más hermosas de la Zamora medieval, hasta la Catedral, cuando el sol se despide de la vieja ciudad para hacerse luso, me parece, porque así me lo dicta mi sensibilidad, el momento más profundo y lígrimo de la Semana Santa zamorana.
No hay turismo, ni curiosos de la antropología, ni psicólogos que analicen el alma colectiva de los que acompañan al Cristo moreno de la margen izquierda del Duero. Solo aletea, con sus alas sentimentales, la verdad de los que creen, de los que tiene fe, de los que imaginan un cielo más allá del purgatorio de la vida.
Después las cofradías y hermandades teatralizarán la Pasión por las rúas, calles, plazuelas y plazas zamoranas; pero, aunque lo parezca, nunca compondrán un soneto tan bello como el que escribe el Nazareno de San Frontis y los miles de personas que le siguen para, después de cruzar el Duero por el nuevo Puente Románico, lo dejan en la Seo para que debate sobre la vida y la muerte con el Cristo de las Injurias. Y poco más. Todo es cuestión de fe, de tenerla o de esconderla en un oscuro espacio del cerebro.
El Duero también vuelve a creer y a llorar lágrimas de agua cuando el Nazareno lo cruza merced a su amigo del alma, el Puente Románico.
Fotografía: Esteban Pedrosa




















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