REPORTAJE
España entra en la década más extrema
El mayor análisis de Greenpeace y el CSIC lo confirma que el cambio climático amplifica los desastres meteorológicos
España atraviesa una década marcada por olas de calor inéditas, sequías agravadas, incendios desbordados e inundaciones históricas. Así lo confirma el informe “10 años, 10 eventos extremos: cómo el cambio climático golpea a España”, elaborado conjuntamente por científicos del Instituto de Geociencias (IGEO, CSIC–UCM) y Greenpeace. Los autores del estudio son David Barriopedro Cepero, Regina Ortiz-Martín y Bernat Jiménez-Esteve.
Por primera vez, un grupo de investigadores del Instituto de Geociencias (IGEO, CSIC–UCM) y Greenpeace ha analizado una década completa de fenómenos meteorológicos extremos en España para responder a una pregunta que hasta hace poco parecía imposible: ¿cuánta culpa tiene el cambio climático de los desastres que estamos viviendo?
El resultado es un informe que marca un antes y un después: “10 años, 10 eventos extremos: cómo el cambio climático golpea a España”, elaborado por los científicos David Barriopedro Cepero, Regina Ortiz-Martín y Bernat Jiménez-Esteve.
La conclusión central es demoledora: prácticamente todos los grandes eventos extremos registrados entre 2015 y 2025 han sido intensificados por el cambio climático. Solo la ola de frío de 2021 se libra parcialmente, aunque incluso ella habría sido más severa en un clima más frío.
Un laboratorio climático acelerado llamado España
Durante la última década, el país ha atravesado una sucesión de episodios que, uno tras otro, han ido batiendo récords:
La borrasca Filomena y la ola de frío de enero de 2021.
Tres olas de calor históricas en 2022, 2023 y 2025.
Sequías repentinas y persistentes en 2022 y 2023.
Incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas.
La DANA de 2024, la inundación más mortal en Europa desde 1985.
Pero el informe no se limita a describirlos: calcula cómo habrían sido en un mundo sin el calentamiento global reciente. Para ello, los investigadores reconstruyen “dos mundos” climáticos usando datos reales: el actual (1993–2024), marcado por el calentamiento acelerado, y un mundo más frío equivalente a 1961–1992.
Estos escenarios se generan mediante un sofisticado método de análogos, que busca patrones atmosféricos similares en el pasado para determinar si un evento actual es realmente más extremo de lo que habría sido décadas atrás.
Calor que se dispara, sequías que se agravan
El informe demuestra que las olas de calor de 2022, 2023 y 2025, tres de las más graves de la historia, habrían sido muy distintas sin cambio climático:
España registró temperaturas medias entre 1,3 y 2,2 ºC más altas de lo que habría marcado un clima menos cálido, y el área afectada por calor extremo se duplicó o triplicó.
Las sequías no se quedaron atrás. La de 2022 y las de primavera y verano de 2023 mostraron déficits hídricos un 10–25 % mayores y afectaron hasta un 25 % más de territorio que en el escenario contrafactual.
Incendios: temporadas más largas, riesgos más altos y propagación explosiva
El apartado dedicado a los incendios forestales es uno de los más reveladores del informe. En 2022 y 2025, España vivió dos periodos especialmente destructivos, y ambos muestran una huella clara del calentamiento global.
Un combustible perfecto: calor extremo + sequía + atmósfera bloqueada
En 2022, por ejemplo, seis de los primeros siete meses del año fueron anormalmente secos -algunos con menos del 30 % de lluvia habitual-, mientras las olas de calor empujaban las temperaturas a valores excepcionales. Durante los incendios de julio, altas presiones persistentes, insolación intensa y advecciones de aire muy cálido procedente del norte de África configuraron un escenario explosivo.
Las condiciones eran tan extremas que el Fire Weather Index (FWI) -el índice internacional que mide el riesgo meteorológico de incendio- se disparó.
El estudio revela que:
El riesgo (FWI) aumentó más del 15–20 % en comparación con cómo habría sido en un clima menos cálido.
Una cuarta parte del país alcanzó niveles de riesgo crítico (FWI > 50).
La persistencia del calor y la sequedad generó temporadas de incendios más largas y más propensas a grandes incendios forestales.
Los investigadores señalan que el calentamiento global, el deshielo temprano y las sequías prolongadas están aumentando tanto la probabilidad como la gravedad de los incendios. La confianza científica en este vínculo es media-alta.
Un sistema al límite
A diferencia de otros fenómenos, los incendios tienen una particularidad: dependen también de factores no climáticos, como el uso del suelo o las igniciones. Pero incluso teniendo eso en cuenta, el informe reconoce que los modelos climáticos reproducen bien el aumento del riesgo meteorológico y la prolongación de las temporadas de incendio.
En la práctica, esto significa que España se enfrenta a veranos en los que bastará una chispa -sea natural o humana- para desencadenar fuegos de propagación explosiva en cuestión de horas.
La inundación más mortal en Europa desde 1985
El trabajo también analiza la DANA de 2024, un evento histórico que dejó 237 fallecidos, afectó a más de 300.000 personas, arrasó infraestructuras críticas y provocó daños superiores a 17.800 millones de euros solo en la Comunidad Valenciana.
Aunque su naturaleza dinámica dificulta la atribución, los datos muestran diferencias significativas entre el escenario actual y el preindustrial en varios umbrales de precipitación.
“Una nueva realidad climática”
Más allá de cada evento concreto, los autores destacan un patrón inquietante: muchos de los extremos más severos han ocurrido en los últimos cinco años, lo que sugiere que España está entrando en una fase acelerada del cambio climático.
Los fenómenos ya no ocurren aislados. Ahora se encadenan e interactúan:
las sequías intensifican las olas de calor; las olas de calor alimentan incendios; los incendios deterioran ecosistemas que, al perder capacidad de retener agua o absorber CO₂, agravan futuros episodios.
Los autores advierten que esta “naturaleza compuesta” exige nuevas estrategias de gestión del riesgo y una planificación coordinada a nivel estatal. Mientras tanto, Greenpeace reclama una acción climática urgente, una reducción drástica del uso de combustibles fósiles y políticas de adaptación mucho más ambiciosas.
España ya está sintiendo el futuro
La ciencia es clara: el cambio climático ya está alterando la vida en España. La intensidad y frecuencia de los extremos está aumentando, los récords se baten año tras año y las infraestructuras y los ecosistemas están al límite.
Este informe no es solo un diagnóstico; es una alerta. Cada décima de grado cuenta, y las decisiones que se tomen hoy definirán cómo será vivir en España dentro de diez, veinte o cincuenta años.
Por primera vez, un grupo de investigadores del Instituto de Geociencias (IGEO, CSIC–UCM) y Greenpeace ha analizado una década completa de fenómenos meteorológicos extremos en España para responder a una pregunta que hasta hace poco parecía imposible: ¿cuánta culpa tiene el cambio climático de los desastres que estamos viviendo?
El resultado es un informe que marca un antes y un después: “10 años, 10 eventos extremos: cómo el cambio climático golpea a España”, elaborado por los científicos David Barriopedro Cepero, Regina Ortiz-Martín y Bernat Jiménez-Esteve.
La conclusión central es demoledora: prácticamente todos los grandes eventos extremos registrados entre 2015 y 2025 han sido intensificados por el cambio climático. Solo la ola de frío de 2021 se libra parcialmente, aunque incluso ella habría sido más severa en un clima más frío.
Un laboratorio climático acelerado llamado España
Durante la última década, el país ha atravesado una sucesión de episodios que, uno tras otro, han ido batiendo récords:
La borrasca Filomena y la ola de frío de enero de 2021.
Tres olas de calor históricas en 2022, 2023 y 2025.
Sequías repentinas y persistentes en 2022 y 2023.
Incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas.
La DANA de 2024, la inundación más mortal en Europa desde 1985.
Pero el informe no se limita a describirlos: calcula cómo habrían sido en un mundo sin el calentamiento global reciente. Para ello, los investigadores reconstruyen “dos mundos” climáticos usando datos reales: el actual (1993–2024), marcado por el calentamiento acelerado, y un mundo más frío equivalente a 1961–1992.
Estos escenarios se generan mediante un sofisticado método de análogos, que busca patrones atmosféricos similares en el pasado para determinar si un evento actual es realmente más extremo de lo que habría sido décadas atrás.
Calor que se dispara, sequías que se agravan
El informe demuestra que las olas de calor de 2022, 2023 y 2025, tres de las más graves de la historia, habrían sido muy distintas sin cambio climático:
España registró temperaturas medias entre 1,3 y 2,2 ºC más altas de lo que habría marcado un clima menos cálido, y el área afectada por calor extremo se duplicó o triplicó.
Las sequías no se quedaron atrás. La de 2022 y las de primavera y verano de 2023 mostraron déficits hídricos un 10–25 % mayores y afectaron hasta un 25 % más de territorio que en el escenario contrafactual.
Incendios: temporadas más largas, riesgos más altos y propagación explosiva
El apartado dedicado a los incendios forestales es uno de los más reveladores del informe. En 2022 y 2025, España vivió dos periodos especialmente destructivos, y ambos muestran una huella clara del calentamiento global.
Un combustible perfecto: calor extremo + sequía + atmósfera bloqueada
En 2022, por ejemplo, seis de los primeros siete meses del año fueron anormalmente secos -algunos con menos del 30 % de lluvia habitual-, mientras las olas de calor empujaban las temperaturas a valores excepcionales. Durante los incendios de julio, altas presiones persistentes, insolación intensa y advecciones de aire muy cálido procedente del norte de África configuraron un escenario explosivo.
Las condiciones eran tan extremas que el Fire Weather Index (FWI) -el índice internacional que mide el riesgo meteorológico de incendio- se disparó.
El estudio revela que:
El riesgo (FWI) aumentó más del 15–20 % en comparación con cómo habría sido en un clima menos cálido.
Una cuarta parte del país alcanzó niveles de riesgo crítico (FWI > 50).
La persistencia del calor y la sequedad generó temporadas de incendios más largas y más propensas a grandes incendios forestales.
Los investigadores señalan que el calentamiento global, el deshielo temprano y las sequías prolongadas están aumentando tanto la probabilidad como la gravedad de los incendios. La confianza científica en este vínculo es media-alta.
Un sistema al límite
A diferencia de otros fenómenos, los incendios tienen una particularidad: dependen también de factores no climáticos, como el uso del suelo o las igniciones. Pero incluso teniendo eso en cuenta, el informe reconoce que los modelos climáticos reproducen bien el aumento del riesgo meteorológico y la prolongación de las temporadas de incendio.
En la práctica, esto significa que España se enfrenta a veranos en los que bastará una chispa -sea natural o humana- para desencadenar fuegos de propagación explosiva en cuestión de horas.
La inundación más mortal en Europa desde 1985
El trabajo también analiza la DANA de 2024, un evento histórico que dejó 237 fallecidos, afectó a más de 300.000 personas, arrasó infraestructuras críticas y provocó daños superiores a 17.800 millones de euros solo en la Comunidad Valenciana.
Aunque su naturaleza dinámica dificulta la atribución, los datos muestran diferencias significativas entre el escenario actual y el preindustrial en varios umbrales de precipitación.
“Una nueva realidad climática”
Más allá de cada evento concreto, los autores destacan un patrón inquietante: muchos de los extremos más severos han ocurrido en los últimos cinco años, lo que sugiere que España está entrando en una fase acelerada del cambio climático.
Los fenómenos ya no ocurren aislados. Ahora se encadenan e interactúan:
las sequías intensifican las olas de calor; las olas de calor alimentan incendios; los incendios deterioran ecosistemas que, al perder capacidad de retener agua o absorber CO₂, agravan futuros episodios.
Los autores advierten que esta “naturaleza compuesta” exige nuevas estrategias de gestión del riesgo y una planificación coordinada a nivel estatal. Mientras tanto, Greenpeace reclama una acción climática urgente, una reducción drástica del uso de combustibles fósiles y políticas de adaptación mucho más ambiciosas.
España ya está sintiendo el futuro
La ciencia es clara: el cambio climático ya está alterando la vida en España. La intensidad y frecuencia de los extremos está aumentando, los récords se baten año tras año y las infraestructuras y los ecosistemas están al límite.
Este informe no es solo un diagnóstico; es una alerta. Cada décima de grado cuenta, y las decisiones que se tomen hoy definirán cómo será vivir en España dentro de diez, veinte o cincuenta años.


















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