Manuel Herrero
Jueves, 27 de Noviembre de 2025
DENUNCIAS

Los esqueletos de hormigón de Zamora

Ruinas que hablan, abandono, riesgo y una ciudad atrapada en su propio parón

Zamora arrastra desde hace décadas una herida abierta que nadie parece dispuesto a cerrar: los esqueletos de hormigón, edificios a medio construir que quedaron paralizados tras sucesivas crisis y que hoy siguen ahí, inmóviles, degradándose y descomponiendo el paisaje urbano como si fueran artefactos de un tiempo que nunca terminó de pasar. Mientras la ciudad intenta, poco a poco, recuperar población y atraer nuevas oportunidades, la demanda de vivienda digna y asequible choca frontalmente con una realidad dolorosa, solares muertos, estructuras vacías y un urbanismo detenido en seco que no ha encontrado impulso político ni estrategia efectiva para reconducirse.


Estos esqueletos no son un simple recordatorio visual de la parálisis urbanística, son un problema vivo y peligroso. En muchos casos, los accesos son fáciles, los huecos de escalera o ascensor están abiertos y los voladizos sin protección. Vecinos han denunciado la entrada de menores y personas ajenas, convirtiendo estas ruinas en escenarios potenciales de accidentes graves. Además, la acumulación de basura, escombros y maleza ha generado focos de insalubridad y ha favorecido la aparición de plagas urbanas que afectan directamente a quienes viven en las inmediaciones.


A nivel estético, el impacto es evidente, estas estructuras inacabadas rompen la armonía del entorno, degradan barrios enteros y proyectan una imagen de abandono que devalúa las propiedades colindantes. Pero existe un problema aún más profundo, la falta de reacción institucional. Muchos de estos inmuebles pertenecen a promotoras desaparecidas o están atrapados en procesos judiciales interminables. Sin embargo, la ley es clara, cuando el propietario incumple sus deberes, el Ayuntamiento puede y debe actuar mediante ejecución subsidiaria. Esto incluye el tapiado completo, el aseguramiento de elementos peligrosos y cualquier intervención necesaria para garantizar la seguridad, salubridad y ornato público. No es una opción voluntaria, es una responsabilidad pública. Resulta incomprensible que, en una ciudad que necesita captar población, retener a sus jóvenes y ofrecer vivienda en condiciones dignas, se permita que estos esqueletos sigan degradándose sin una intervención decidida. Zamora no puede aspirar a crecer mientras mantiene ante los ojos de todos, la prueba más clara de su abandono urbanístico. Ha llegado el momento de actuar con rigor, aplicar la normativa sin titubeos y transformar estos restos de hormigón en oportunidades. La ciudad no puede seguir conviviendo con sus fantasmas.

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