OBITUARIO
Se me ha muerto Miguel Ángel Pérez Gallego, el periodista que transformó El Correo de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Llovía esta madrugada del 16 de diciembre cuando se me moría mi amigo, el periodista y el maestro Miguel Ángel Pérez Gallego, a quien tanto admiré y quise. Profesional íntegro, incorruptible, sobrio y humilde, inteligente y sencillo. Nunca presumió de nada, ni tan si quiera de transformar El Correo de Zamora, al que llevó la linotipia a la modernidad, de la artesanía al arte. En aquella vieja redacción, tuve la suerte de conocerlo en el año 1984, cuando el centenario periódico zamorano había pasado a funcionar como medio privado.
Él y yo vivimos cuitas y alegrías, penas y euforia, en aquella Zamora que se abría, más tarde que pronto, a una democracia que nos llegó más tarde. Hubo un Correo de Zamora en el que todavía se censuraban citas de Azaña. Él supo, con su especial elegancia, realizar tanto la transición técnica como la intelectual del que fue el eterno periódico de nuestra tierra. Después, cuando dejó de ser director, cuando hubo un cambio en el capital empresarial del medio, fue gerente del Centro Comercial Valderaduey y profesor universitario de Periodismo en Madrid.
En un tiempo de infidelidades, Pérez Gallego fue un ejemplo de lealtad y honestidad. Amó, con locura, a su mujer, Cleo, y educó a su único hijo, Miguel Ángel, en los valores que distinguen a un caballero: honradez, honestidad, rectitud y decencia. Ahora, como intérprete de música clásica, demuestra su categoría profesional en Europa.
A Miguel Ángel, como a Unamuno le dolía España, le entristecía la deriva de nuestra ciudad y provincia hacia la nada económica, demográfica y…periodística. Fue quizá el último periodista zamorano de una generación que pasó de la censura a la libertad, que conoció la verdad del papel que manchaba, que se tocaba, que olía al perfume de la tinta, a las redes que están, pero no son, que carecen de perfume, de pasión, de amor.
Guardaré, hasta que Cronos lo decida, en la alcoba más hermosa de mi memoria, su bonhomía, amistad, sabiduría periodística y vital. Sé, no obstante, que ya pidiéndole a San Pedro que le permita dirigir El Correo del Cielo, pero sin censuras, ni presiones políticas y empresariales. Hoy, en esta mañana de lluvia, por mis venas circula solo sangre de tinta, mientras lloro los pocos glóbulos rojos que guardaba mi alma. Y si la Navidad, cuando la protagonizan las ausencias, siempre es triste, la de este 2025, se atraganta en el corazón. En verdad, mi caro amigo: ¡Qué solos se quedan los vivos!
Fotografía: Miguel Ángel Pérez Gallego, al fondo, con los compañeros y compañeras de El Correo de Zamora, después de haber finalizado la primera edición del periódico de los lunes.
Eugenio-Jesús de Ávila
Llovía esta madrugada del 16 de diciembre cuando se me moría mi amigo, el periodista y el maestro Miguel Ángel Pérez Gallego, a quien tanto admiré y quise. Profesional íntegro, incorruptible, sobrio y humilde, inteligente y sencillo. Nunca presumió de nada, ni tan si quiera de transformar El Correo de Zamora, al que llevó la linotipia a la modernidad, de la artesanía al arte. En aquella vieja redacción, tuve la suerte de conocerlo en el año 1984, cuando el centenario periódico zamorano había pasado a funcionar como medio privado.
Él y yo vivimos cuitas y alegrías, penas y euforia, en aquella Zamora que se abría, más tarde que pronto, a una democracia que nos llegó más tarde. Hubo un Correo de Zamora en el que todavía se censuraban citas de Azaña. Él supo, con su especial elegancia, realizar tanto la transición técnica como la intelectual del que fue el eterno periódico de nuestra tierra. Después, cuando dejó de ser director, cuando hubo un cambio en el capital empresarial del medio, fue gerente del Centro Comercial Valderaduey y profesor universitario de Periodismo en Madrid.
En un tiempo de infidelidades, Pérez Gallego fue un ejemplo de lealtad y honestidad. Amó, con locura, a su mujer, Cleo, y educó a su único hijo, Miguel Ángel, en los valores que distinguen a un caballero: honradez, honestidad, rectitud y decencia. Ahora, como intérprete de música clásica, demuestra su categoría profesional en Europa.
A Miguel Ángel, como a Unamuno le dolía España, le entristecía la deriva de nuestra ciudad y provincia hacia la nada económica, demográfica y…periodística. Fue quizá el último periodista zamorano de una generación que pasó de la censura a la libertad, que conoció la verdad del papel que manchaba, que se tocaba, que olía al perfume de la tinta, a las redes que están, pero no son, que carecen de perfume, de pasión, de amor.
Guardaré, hasta que Cronos lo decida, en la alcoba más hermosa de mi memoria, su bonhomía, amistad, sabiduría periodística y vital. Sé, no obstante, que ya pidiéndole a San Pedro que le permita dirigir El Correo del Cielo, pero sin censuras, ni presiones políticas y empresariales. Hoy, en esta mañana de lluvia, por mis venas circula solo sangre de tinta, mientras lloro los pocos glóbulos rojos que guardaba mi alma. Y si la Navidad, cuando la protagonizan las ausencias, siempre es triste, la de este 2025, se atraganta en el corazón. En verdad, mi caro amigo: ¡Qué solos se quedan los vivos!
Fotografía: Miguel Ángel Pérez Gallego, al fondo, con los compañeros y compañeras de El Correo de Zamora, después de haber finalizado la primera edición del periódico de los lunes.





















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