AÑO 2026
Amor y salud en 2026 para todos los hijos de nuestra tierra
Eugenio-Jesús de Ávila
Reitero, por enésima vez, que nuestra ciudad y su provincia se transforman en meses de verano y Navidad. Los zamoranos que decidieron, porque les dio la real gana o porque aquí carecían de trabajo, vivir lejos de su patria chica, regresan al nido familiar, y nos hallamos con la ucronía, con la Zamora que pudo haber sido y no fue. Pero los protagonistas de este último artículo del año son el Ayuntamiento de la Bien Cercada y el banco de nuestras gentes, la Caja Rural de Zamora, porque han transformado la urbe en una expresión espléndida de luz y color, de Navidad engalanada. Y si hay una calle ilustre durante cualquier época del año, como es Balborraz, esta Navidad se ha escrito con esa iluminación un profundo soneto navideño, un poema barroco. Toda la ciudad, la que languidece, la de la apatía antropológica, la conformista, la traicionada por sus políticos en los parlamentos nacionales, se muestra orgullosa de que luzcan sus atractivos, como lo que es, una coqueta ancianita.
Añadamos a mis loas anteriores, las obras de arte que los maestros belenistas crean, con mimo, como acariciando como cada figura, como edificando cada casa de los nacimientos, para que Zamora sufra una catarsis extraordinaria, para que todos los zamoranos, los que vivimos aquí todo el año y nuestros paisanos, los que vienen en épocas determinadas, presumamos de nuestra tierra, olvidada, traicionada, maltratada, pero siempre digna de su historia y de su presente. Ahora toca asir el futuro, captar desarrollo, embellecer todavía más nuestro patrimonio monumental y luchar por la utopía, para que los deseos se hagan realidad.
Zamora, pues, en Navidad, vive una profunda metamorfosis. Se secaron las lágrimas de la impotencia y se abrieron las comisuras de los labios para dar a luz a las sonrisas.
Feliz 2026: amor y salud para todos los hijos de nuestra tierra y los que viven en la ciudad del alma y la provincia de Dios.
Eugenio-Jesús de Ávila
Reitero, por enésima vez, que nuestra ciudad y su provincia se transforman en meses de verano y Navidad. Los zamoranos que decidieron, porque les dio la real gana o porque aquí carecían de trabajo, vivir lejos de su patria chica, regresan al nido familiar, y nos hallamos con la ucronía, con la Zamora que pudo haber sido y no fue. Pero los protagonistas de este último artículo del año son el Ayuntamiento de la Bien Cercada y el banco de nuestras gentes, la Caja Rural de Zamora, porque han transformado la urbe en una expresión espléndida de luz y color, de Navidad engalanada. Y si hay una calle ilustre durante cualquier época del año, como es Balborraz, esta Navidad se ha escrito con esa iluminación un profundo soneto navideño, un poema barroco. Toda la ciudad, la que languidece, la de la apatía antropológica, la conformista, la traicionada por sus políticos en los parlamentos nacionales, se muestra orgullosa de que luzcan sus atractivos, como lo que es, una coqueta ancianita.
Añadamos a mis loas anteriores, las obras de arte que los maestros belenistas crean, con mimo, como acariciando como cada figura, como edificando cada casa de los nacimientos, para que Zamora sufra una catarsis extraordinaria, para que todos los zamoranos, los que vivimos aquí todo el año y nuestros paisanos, los que vienen en épocas determinadas, presumamos de nuestra tierra, olvidada, traicionada, maltratada, pero siempre digna de su historia y de su presente. Ahora toca asir el futuro, captar desarrollo, embellecer todavía más nuestro patrimonio monumental y luchar por la utopía, para que los deseos se hagan realidad.
Zamora, pues, en Navidad, vive una profunda metamorfosis. Se secaron las lágrimas de la impotencia y se abrieron las comisuras de los labios para dar a luz a las sonrisas.
Feliz 2026: amor y salud para todos los hijos de nuestra tierra y los que viven en la ciudad del alma y la provincia de Dios.
















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