IEZ FLORIÁN D'OCAMPO
"Baburrina" 2025
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D’Ocampo
Ahora, que estamos aquí y con este tiempo (general y climatológico), en nuestras calles y plazas, y hasta por los senderos y caminos, se forma esa especie de barro viscoso, cual casi gelatinoso, de unas tonalidades parduzcas obscuras casi siempre, que ante la bajada de las temperaturas cuasi cristaliza, haciéndolo por capas, que denominamos, desde la percepción de lo que fue nuestro mundo infantil, como “la baburrina”.
En los otoños e inviernos de la mesetaria regionalidad leonesa, “la baburrina” abunda por doquier y aunque parezca algo endeble es, por su propia estructura, de fácil actuación e incidente lesividad múltiple para la movilidad de los ciudadanos, incluso con atisbos de muy peligrosa, por ende de alta gravedad, para los viandantes y para la circulación en general de todo tipo de vehículos.
Al bajar las temperaturas, “la baburrina”, puede que por la índole de su composición, se establece en una situación de muy finas capas, como superpuestas y hojaldradas, puede que en atención a su densidad, que son, así es sí parece, obedientes y/o sensibles a la variación térmica, presentando situaciones que van desde la cristalización hasta el estado semilíquido. Dando la sensación (¿sólo la sensación?), en algunas ocasiones, de un aspecto exterior como muy sólido, pero tal cual al pisarlas y/o circular por encima se van desmadejando, a a alta velocidad, dando lugar a los consiguientes e insospechados patinazos que, por lo imprevisible de su aparición, son causa frecuente de accidentes muy serios y acarreadoras de infinidad de percances.
La baburrina, como tal compuesto deteriorado y a veces maloliente ( sin llegar a la nauseabundez del lodo), nos asemeja escenificaciones de la compleja vida diaria, en la que, puede que solo sea a veces, nos encontremos con sorpresivas (tal vez hasta inusitadas ) o continuistas (puede que incluso añejas) interactivas situaciones, tanto latentes ( incluso lirónicas) como sobrevenidas (de cuasi generación espontánea), que podríamos incluir como asemejadas, las cuales, al estar establecidas dentro de los encauzamientos y/o vías de los procesos integrales (humanos, sociales, antropológicos,culturales, asociativos, educativos, energéticos, económicos, sinergiales, sindicales, patronales, comunicativos, lúdicos, políticos, ..), se hacen operativas en ello al solo objeto de entorpecerlos y/o perjudicarlos, e incluso de anularlos.
Hemos ido avanzando, casi a trancas y a barrancas, a golpe de telediario y/o parte informativo, por todo el año 2025, imaginando introspectivamente que el mañana del día siguiente, y cual esperanza, no sería como el propio vivido, y que por algún lugar, y así como de madrugada, aparecería la lámpara guía iluminadora y su portaestandarte correspondiente o Diógenes al uso. Del rincón becqueriano del ángulo obscuro queríamos pasar, ¡y en el alimón de todos!, ¡e incluso con todos!, hacia la luz. Pero, u por la evidencia de la propia realidad, no ha sido así, y nuestro global “año horrible” se ha enseñoreado por doquier.
Los “humanos derechos”, aquellos que se (re)escribieron oficializadamente en 1948 ( pero que ya estaban de antes ), han retrocedido, y lo han hecho a la mira de unos observadores que han calibrado los mismos en atención, no ya al cristal u óptica propia, sino en la situación del color político y/o gubernamental al que el observado individuo, sea cierta o supuestamente, está adscrito. Se ha incentivado, por puros y meros objetivos partidarios ( o puede que hasta de secta y/o grupo), ¡que no políticos!, el desglose de la infancia (los niños ya no son niños, son meros objetos incriminatorios y, ¡a más y a mayores!, y a lo que hemos visto: ‘son de una facción’ ), la juventud (es un objeto consumista, atribuido de inalinación errática, que se intenta sofocar y embridar en aras de grupamientos antitéticos), la madurez (navegante entre ‘Scilia y Carides’, en cada mes y a cada empleo, con un horizonte de estabilidad ignoto y alejada de la autogeneración familiar) y la senectud (aun no recuperada del trancazo discriminatorio del Covid, visiblemente hostigada en su ruralidad y cuasi olvidada en su versión urbana).
Estamos, desde este observatorio escueta e intencionadamente ciudadano, a la media palabra calificatoria sobre el 2025, pero no por el año en sí mismo, y sí por quienes, ¡y desde el principio!, con autoproclamaciones dirigistas/conductistas/alienantes, de forma no casual, ¡,que es la cuestión!, adobadamente lo torcieron. ¿O no es asi?.Ya son ganas de enredar y sobre todo de fastidiar al prójimo, por el solo y único hecho de ser este, y desde apreciación particular que aqui hacemos, lo que siempre ha sido, otro ser humano, que en su tanto en su haber como igualmente en su hacer debe comportarse como tal, o sea de forma libre y, desde el seguimiento orteguiano, con todas y cada una de sus circunstancias inherentes, lo cual supone, queramos o no queramos, en su propia e intrínseca personalidad.
Vamos en nuestro caminar del hoy, de este final del 2025, atentos a la enseñoreada baburrina que está por doquier, la de origen climatológico y la otra ( que es un imponderable impostado y hasta casi un pestilente acompañamiento), del momento ya invernal, observando como nuestras pisadas, y en resbalón tras resbalón, junto a las de nuestros convecinos, van dejando una huella perceptible, casi un zigzagueo, en el enlosado, o sobre la tierra del camino, que nos conduce a nuestros cotidianos afanes ( en su inmensa mayoría alejados del ruido focalizado), sabiendo de las dificultades que ese movimiento nos presenta, pero en la decisión, concienzadamente imbuida por encima de cualquier contingencia, de atribuirle algún tipo de merecimiento para el acercado 2026.
Mira por cuanto, la baburrina que conocíamos desde aquellos primeros momentos salazarinos, en ta tangencialidad de nuestro siempre Valorio, aquí en el extrarradio de la ciudad murada, la civitas zamorensis orgullo y cenit legionensis, vigía histórico de nuestro pasado, rico de muchas luces y depauperado con abundantes sombras, nos sería de general utilidad para dar una posible imagen, que se acercara a la realidad, sobre la actual situación, donde lo anómalo ha sido sinónimo de verídica certeza, lo degradante escaparate de aseveración y lo inhumano exabrupto de incapacidad activa.
Con el buen tiempo, la baburrina desaparece, el campo germina y hasta parece, y sin que nadie se inmiscuya, que llega el momento primaveral de la fertilidad.
¿Qué menos esperar del 2026?
VALORIO a 1-1-2026
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D’Ocampo
Ahora, que estamos aquí y con este tiempo (general y climatológico), en nuestras calles y plazas, y hasta por los senderos y caminos, se forma esa especie de barro viscoso, cual casi gelatinoso, de unas tonalidades parduzcas obscuras casi siempre, que ante la bajada de las temperaturas cuasi cristaliza, haciéndolo por capas, que denominamos, desde la percepción de lo que fue nuestro mundo infantil, como “la baburrina”.
En los otoños e inviernos de la mesetaria regionalidad leonesa, “la baburrina” abunda por doquier y aunque parezca algo endeble es, por su propia estructura, de fácil actuación e incidente lesividad múltiple para la movilidad de los ciudadanos, incluso con atisbos de muy peligrosa, por ende de alta gravedad, para los viandantes y para la circulación en general de todo tipo de vehículos.
Al bajar las temperaturas, “la baburrina”, puede que por la índole de su composición, se establece en una situación de muy finas capas, como superpuestas y hojaldradas, puede que en atención a su densidad, que son, así es sí parece, obedientes y/o sensibles a la variación térmica, presentando situaciones que van desde la cristalización hasta el estado semilíquido. Dando la sensación (¿sólo la sensación?), en algunas ocasiones, de un aspecto exterior como muy sólido, pero tal cual al pisarlas y/o circular por encima se van desmadejando, a a alta velocidad, dando lugar a los consiguientes e insospechados patinazos que, por lo imprevisible de su aparición, son causa frecuente de accidentes muy serios y acarreadoras de infinidad de percances.
La baburrina, como tal compuesto deteriorado y a veces maloliente ( sin llegar a la nauseabundez del lodo), nos asemeja escenificaciones de la compleja vida diaria, en la que, puede que solo sea a veces, nos encontremos con sorpresivas (tal vez hasta inusitadas ) o continuistas (puede que incluso añejas) interactivas situaciones, tanto latentes ( incluso lirónicas) como sobrevenidas (de cuasi generación espontánea), que podríamos incluir como asemejadas, las cuales, al estar establecidas dentro de los encauzamientos y/o vías de los procesos integrales (humanos, sociales, antropológicos,culturales, asociativos, educativos, energéticos, económicos, sinergiales, sindicales, patronales, comunicativos, lúdicos, políticos, ..), se hacen operativas en ello al solo objeto de entorpecerlos y/o perjudicarlos, e incluso de anularlos.
Hemos ido avanzando, casi a trancas y a barrancas, a golpe de telediario y/o parte informativo, por todo el año 2025, imaginando introspectivamente que el mañana del día siguiente, y cual esperanza, no sería como el propio vivido, y que por algún lugar, y así como de madrugada, aparecería la lámpara guía iluminadora y su portaestandarte correspondiente o Diógenes al uso. Del rincón becqueriano del ángulo obscuro queríamos pasar, ¡y en el alimón de todos!, ¡e incluso con todos!, hacia la luz. Pero, u por la evidencia de la propia realidad, no ha sido así, y nuestro global “año horrible” se ha enseñoreado por doquier.
Los “humanos derechos”, aquellos que se (re)escribieron oficializadamente en 1948 ( pero que ya estaban de antes ), han retrocedido, y lo han hecho a la mira de unos observadores que han calibrado los mismos en atención, no ya al cristal u óptica propia, sino en la situación del color político y/o gubernamental al que el observado individuo, sea cierta o supuestamente, está adscrito. Se ha incentivado, por puros y meros objetivos partidarios ( o puede que hasta de secta y/o grupo), ¡que no políticos!, el desglose de la infancia (los niños ya no son niños, son meros objetos incriminatorios y, ¡a más y a mayores!, y a lo que hemos visto: ‘son de una facción’ ), la juventud (es un objeto consumista, atribuido de inalinación errática, que se intenta sofocar y embridar en aras de grupamientos antitéticos), la madurez (navegante entre ‘Scilia y Carides’, en cada mes y a cada empleo, con un horizonte de estabilidad ignoto y alejada de la autogeneración familiar) y la senectud (aun no recuperada del trancazo discriminatorio del Covid, visiblemente hostigada en su ruralidad y cuasi olvidada en su versión urbana).
Estamos, desde este observatorio escueta e intencionadamente ciudadano, a la media palabra calificatoria sobre el 2025, pero no por el año en sí mismo, y sí por quienes, ¡y desde el principio!, con autoproclamaciones dirigistas/conductistas/alienantes, de forma no casual, ¡,que es la cuestión!, adobadamente lo torcieron. ¿O no es asi?.Ya son ganas de enredar y sobre todo de fastidiar al prójimo, por el solo y único hecho de ser este, y desde apreciación particular que aqui hacemos, lo que siempre ha sido, otro ser humano, que en su tanto en su haber como igualmente en su hacer debe comportarse como tal, o sea de forma libre y, desde el seguimiento orteguiano, con todas y cada una de sus circunstancias inherentes, lo cual supone, queramos o no queramos, en su propia e intrínseca personalidad.
Vamos en nuestro caminar del hoy, de este final del 2025, atentos a la enseñoreada baburrina que está por doquier, la de origen climatológico y la otra ( que es un imponderable impostado y hasta casi un pestilente acompañamiento), del momento ya invernal, observando como nuestras pisadas, y en resbalón tras resbalón, junto a las de nuestros convecinos, van dejando una huella perceptible, casi un zigzagueo, en el enlosado, o sobre la tierra del camino, que nos conduce a nuestros cotidianos afanes ( en su inmensa mayoría alejados del ruido focalizado), sabiendo de las dificultades que ese movimiento nos presenta, pero en la decisión, concienzadamente imbuida por encima de cualquier contingencia, de atribuirle algún tipo de merecimiento para el acercado 2026.
Mira por cuanto, la baburrina que conocíamos desde aquellos primeros momentos salazarinos, en ta tangencialidad de nuestro siempre Valorio, aquí en el extrarradio de la ciudad murada, la civitas zamorensis orgullo y cenit legionensis, vigía histórico de nuestro pasado, rico de muchas luces y depauperado con abundantes sombras, nos sería de general utilidad para dar una posible imagen, que se acercara a la realidad, sobre la actual situación, donde lo anómalo ha sido sinónimo de verídica certeza, lo degradante escaparate de aseveración y lo inhumano exabrupto de incapacidad activa.
Con el buen tiempo, la baburrina desaparece, el campo germina y hasta parece, y sin que nadie se inmiscuya, que llega el momento primaveral de la fertilidad.
¿Qué menos esperar del 2026?
VALORIO a 1-1-2026
















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