PENSAR EN ZAMORA
Y yo me iré y se quedará Zamora con...
Eugenio-Jesús de Ávila
Y yo me iré. Primer verso del celebérrimo poema “El viaje definitivo”. Así acontecerá con mi persona. Y yo me iré. En efecto. Y se quedarán la Cúpula de la Catedral debatiendo con la Torre, mientras el Duero las contemplará sin detenerse a escuchar sus conversaciones románicas, porque siempre anda con prisas por llegar a Portugal, donde le esperan gentes educadas, elegantes y con clase.
Y yo me iré y la Zamora que tanto amé tampoco me echará de menos, porque no fui nadie: un simple periodista, empresario de un medio de comunicación y licenciado en Geografía e Historia, con estudios de Sociología y Políticas, que pudo elegir vivir allende las fronteras provinciales, pero prefirió ganarse el pan con el sudor de la tinta y a golpe de teclado en su patria chica, escribiendo poemas en el papiro del agua y prosa lírica en la niebla, que no es otra cosa que vaho de Dios.
Y yo me iré y Zamora contará con empresas de cierta importancia en sus polígonos industriales, como el de Monfarracinos, donde podrán trabajar jóvenes nacidos en la ciudad del Romancero o en esta provincia rica a la que decisiones políticas quisieron convertir en menesterosa.
Y yo me iré y los zamoranos y viajeros podrán llegar a la hermana tierra lusitana a través de una autovía, que unirá la capital de la provincia con la frontera portuguesa.
Y yo me iré y 1.500 militares y sus familias vivirán en Toro o Zamora, con lo que contribuirán a frenar la despoblación galopante que nos destruye como sociedad, y activar la economía provincial.
Y yo me iré y llegarán políticos que defiendan las causas de sus gentes y nunca los intereses de sus partidos, porque habrá una nueva Ley Electoral por la que el ciudadano elegirá a sus representantes, nunca jamás rubricará las listas que elaboran las elites de los partidos. Y hombres y mujeres, nunca profesionales de la política, trabajarán por el desarrollo de esta provincia y, si cometiesen felonía, si traicionasen sus promesas, el pueblo los podría defenestrar.
Y yo me iré y el casco histórico lucirá espléndido, sin solares abandonados, con rúas, plazuelas y calles transitables, sin ese pavimento de piedras que tanto cuesta pisar, mientras los templos románicos mostrarán su belleza medieval y los conventos sin vida monacal los ocuparán museos que muestren la historia de la cultura cristiana en Zamora. Y la Plaza Mayor sufrirá una profunda reforma que recupere arcadas, un Consistorio, con sus viejas torres y un diseño que le otorgue clase y elegancia.
Y yo mi iré y lo que queda del recinto amurallado de la Bien Cercada exhibirá un nuevo rostro de piedra, historia y leyenda. Se urbanizarán, con jardines, fontanas y arbolado el entorno de los lienzos, para que los zamoranos, visitantes y vecinos disfruten de esta centuria recordado los siglos del medioevo.
Y yo me iré y los caciques desaparecerán de la política y los negocios, de la res pública y las empresas. Y se valorará el talento y la seriedad, la inteligencia y la fidelidad.
Y yo me iré y se quedarán los ruiseñores, los jilgueros y los mirlos y otras avecillas trinando cerca de mi tumba, entre los cipreses del cementerio San Atilano, mientras los gorriones buscarán la última semilla o una miguita de pan en un jardín sin flores.
Eugenio-Jesús de Ávila
Y yo me iré. Primer verso del celebérrimo poema “El viaje definitivo”. Así acontecerá con mi persona. Y yo me iré. En efecto. Y se quedarán la Cúpula de la Catedral debatiendo con la Torre, mientras el Duero las contemplará sin detenerse a escuchar sus conversaciones románicas, porque siempre anda con prisas por llegar a Portugal, donde le esperan gentes educadas, elegantes y con clase.
Y yo me iré y la Zamora que tanto amé tampoco me echará de menos, porque no fui nadie: un simple periodista, empresario de un medio de comunicación y licenciado en Geografía e Historia, con estudios de Sociología y Políticas, que pudo elegir vivir allende las fronteras provinciales, pero prefirió ganarse el pan con el sudor de la tinta y a golpe de teclado en su patria chica, escribiendo poemas en el papiro del agua y prosa lírica en la niebla, que no es otra cosa que vaho de Dios.
Y yo me iré y Zamora contará con empresas de cierta importancia en sus polígonos industriales, como el de Monfarracinos, donde podrán trabajar jóvenes nacidos en la ciudad del Romancero o en esta provincia rica a la que decisiones políticas quisieron convertir en menesterosa.
Y yo me iré y los zamoranos y viajeros podrán llegar a la hermana tierra lusitana a través de una autovía, que unirá la capital de la provincia con la frontera portuguesa.
Y yo me iré y 1.500 militares y sus familias vivirán en Toro o Zamora, con lo que contribuirán a frenar la despoblación galopante que nos destruye como sociedad, y activar la economía provincial.
Y yo me iré y llegarán políticos que defiendan las causas de sus gentes y nunca los intereses de sus partidos, porque habrá una nueva Ley Electoral por la que el ciudadano elegirá a sus representantes, nunca jamás rubricará las listas que elaboran las elites de los partidos. Y hombres y mujeres, nunca profesionales de la política, trabajarán por el desarrollo de esta provincia y, si cometiesen felonía, si traicionasen sus promesas, el pueblo los podría defenestrar.
Y yo me iré y el casco histórico lucirá espléndido, sin solares abandonados, con rúas, plazuelas y calles transitables, sin ese pavimento de piedras que tanto cuesta pisar, mientras los templos románicos mostrarán su belleza medieval y los conventos sin vida monacal los ocuparán museos que muestren la historia de la cultura cristiana en Zamora. Y la Plaza Mayor sufrirá una profunda reforma que recupere arcadas, un Consistorio, con sus viejas torres y un diseño que le otorgue clase y elegancia.
Y yo mi iré y lo que queda del recinto amurallado de la Bien Cercada exhibirá un nuevo rostro de piedra, historia y leyenda. Se urbanizarán, con jardines, fontanas y arbolado el entorno de los lienzos, para que los zamoranos, visitantes y vecinos disfruten de esta centuria recordado los siglos del medioevo.
Y yo me iré y los caciques desaparecerán de la política y los negocios, de la res pública y las empresas. Y se valorará el talento y la seriedad, la inteligencia y la fidelidad.
Y yo me iré y se quedarán los ruiseñores, los jilgueros y los mirlos y otras avecillas trinando cerca de mi tumba, entre los cipreses del cementerio San Atilano, mientras los gorriones buscarán la última semilla o una miguita de pan en un jardín sin flores.

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.35