DENUNCIA
El Camino Viejo de Villaralbo, crónica de un abandono asfaltado y una vía muerta institucional
Una vía esencial entre Zamora y Villaralbo sigue deteriorándose mientras la Junta elude su responsabilidad y las soluciones se eternizan
El Camino Viejo de Villaralbo es hoy un auténtico monumento a la desidia administrativa. Lo que para muchos vecinos constituye una arteria vital que conecta la capital con su municipio y con numerosas fincas, para la administración autonómica parece poco más que un vestigio incómodo. Bajo la etiqueta de “vía pecuaria” se oculta una realidad sangrante: una carretera asfaltada en los años ochenta que se desmorona día tras día ante la indiferencia de quienes tienen la obligación legal de conservarla.
La situación no es nueva ni desconocida para la Junta de Castilla y León. Ya en 2016, la entonces alcaldesa de Villaralbo, Ana Belén González, hizo pública una carta denunciando la respuesta del delegado territorial ante la petición de arreglo del Camino Viejo. La contestación quedó para la hemeroteca: “Para el ganado, está bien”. Una afirmación que, además de evidenciar un desprecio absoluto hacia los ciudadanos que utilizan la vía a diario, reconocía implícitamente la titularidad autonómica del camino como vía pecuaria. Pese a ello, y a pesar de que el vial llevaba décadas asfaltado y en uso, la Junta optó entonces, como ahora, por la inacción.
Aquel episodio no fue un hecho aislado, sino el inicio de una larga cadena de excusas y traslados de responsabilidad. Mientras distintas formaciones políticas han llevado la reclamación tanto a las Cortes como al Pleno Municipal, desde la administración autonómica se ha intentado en distintas ocasiones presentar el vial como un “bien de uso público local”, tratando de trasladar el coste de su reparación a los ayuntamientos de Zamora y Villaralbo. Una maniobra que ignora deliberadamente la titularidad autonómica reconocida durante décadas y que solo sirve para prolongar el abandono.
Si el firme ya presentaba un estado claramente deteriorado, las obras para la conducción de agua potable desde la capital a los pueblos del Alfoz han supuesto el golpe definitivo. El tránsito constante de maquinaria pesada ha destrozado el pavimento bituminoso, generando blandones, socavones y una erosión generalizada que convierte la circulación en un ejercicio permanente de riesgo. Las reparaciones puntuales realizadas posteriormente no han sido más que parches ineficaces, incapaces de devolver la vía a unas condiciones mínimamente aceptables.
La gravedad de la situación ha desembocado recientemente en un hecho poco habitual en la política municipal: la unanimidad. Todos los grupos del Ayuntamiento de Villaralbo han votado a favor de una moción para reclamar el arreglo urgente del Camino Viejo, reconociendo su “deterioro creciente” y el peligro real que supone para los usuarios. La propuesta, aprobada en Pleno, señala tanto a la empresa responsable de las obras de abastecimiento de agua —a la que se exige la reparación de los daños causados— como a la Junta de Castilla y León, a la que se insta a asumir de una vez su responsabilidad sobre la vía mediante su reparación y mantenimiento.
El propio Ayuntamiento advierte de situaciones “muy peligrosas” derivadas del mal estado del firme, con pérdida de material, numerosos blandones y desniveles que se abren en los márgenes de un camino de uso frecuente por los vecinos. Se recuerda además que el Camino Viejo discurre sobre el Cordel de Villaralbo, una vía pecuaria cuya gestión corresponde a la Junta desde la entrada en vigor de la Ley de Vías Pecuarias y que ya había sido asfaltada en los años ochenta. Una responsabilidad que, como ya se denunció en 2016, sigue sin traducirse en un mantenimiento adecuado casi una década después.
El argumento recurrente de que existe la carretera CL-605 como alternativa no invalida en absoluto la necesidad de actuar sobre el Camino Viejo. No se trata únicamente de una vía para el tránsito de maquinaria agrícola. Es el acceso diario de decenas de propietarios de fincas, de transportistas vinculados a empresas logísticas de la zona y de ciudadanos que buscan un recorrido más tranquilo, alejado de rotondas, tráfico denso y estrés. Es también un espacio compartido con ciclistas y peatones que, cada vez que llueve, se juegan la integridad física entre lagunas de agua bajo los puentes de la N-630.
La universalidad de los servicios públicos no puede quedar supeditada a un cruce interminable de competencias y reproches administrativos. Zamora y Villaralbo no pueden seguir conectadas por una vía que ofrece una imagen impropia mientras las administraciones intercambian escritos y excusas. El Camino Viejo no necesita más referencias al ganado ni más dilaciones burocráticas. Necesita asfalto, limpieza de cunetas y, sobre todo, el respeto y la dignidad que merecen los zamoranos que lo utilizan a diario.

El Camino Viejo de Villaralbo es hoy un auténtico monumento a la desidia administrativa. Lo que para muchos vecinos constituye una arteria vital que conecta la capital con su municipio y con numerosas fincas, para la administración autonómica parece poco más que un vestigio incómodo. Bajo la etiqueta de “vía pecuaria” se oculta una realidad sangrante: una carretera asfaltada en los años ochenta que se desmorona día tras día ante la indiferencia de quienes tienen la obligación legal de conservarla.
La situación no es nueva ni desconocida para la Junta de Castilla y León. Ya en 2016, la entonces alcaldesa de Villaralbo, Ana Belén González, hizo pública una carta denunciando la respuesta del delegado territorial ante la petición de arreglo del Camino Viejo. La contestación quedó para la hemeroteca: “Para el ganado, está bien”. Una afirmación que, además de evidenciar un desprecio absoluto hacia los ciudadanos que utilizan la vía a diario, reconocía implícitamente la titularidad autonómica del camino como vía pecuaria. Pese a ello, y a pesar de que el vial llevaba décadas asfaltado y en uso, la Junta optó entonces, como ahora, por la inacción.
Aquel episodio no fue un hecho aislado, sino el inicio de una larga cadena de excusas y traslados de responsabilidad. Mientras distintas formaciones políticas han llevado la reclamación tanto a las Cortes como al Pleno Municipal, desde la administración autonómica se ha intentado en distintas ocasiones presentar el vial como un “bien de uso público local”, tratando de trasladar el coste de su reparación a los ayuntamientos de Zamora y Villaralbo. Una maniobra que ignora deliberadamente la titularidad autonómica reconocida durante décadas y que solo sirve para prolongar el abandono.
Si el firme ya presentaba un estado claramente deteriorado, las obras para la conducción de agua potable desde la capital a los pueblos del Alfoz han supuesto el golpe definitivo. El tránsito constante de maquinaria pesada ha destrozado el pavimento bituminoso, generando blandones, socavones y una erosión generalizada que convierte la circulación en un ejercicio permanente de riesgo. Las reparaciones puntuales realizadas posteriormente no han sido más que parches ineficaces, incapaces de devolver la vía a unas condiciones mínimamente aceptables.
La gravedad de la situación ha desembocado recientemente en un hecho poco habitual en la política municipal: la unanimidad. Todos los grupos del Ayuntamiento de Villaralbo han votado a favor de una moción para reclamar el arreglo urgente del Camino Viejo, reconociendo su “deterioro creciente” y el peligro real que supone para los usuarios. La propuesta, aprobada en Pleno, señala tanto a la empresa responsable de las obras de abastecimiento de agua —a la que se exige la reparación de los daños causados— como a la Junta de Castilla y León, a la que se insta a asumir de una vez su responsabilidad sobre la vía mediante su reparación y mantenimiento.
El propio Ayuntamiento advierte de situaciones “muy peligrosas” derivadas del mal estado del firme, con pérdida de material, numerosos blandones y desniveles que se abren en los márgenes de un camino de uso frecuente por los vecinos. Se recuerda además que el Camino Viejo discurre sobre el Cordel de Villaralbo, una vía pecuaria cuya gestión corresponde a la Junta desde la entrada en vigor de la Ley de Vías Pecuarias y que ya había sido asfaltada en los años ochenta. Una responsabilidad que, como ya se denunció en 2016, sigue sin traducirse en un mantenimiento adecuado casi una década después.
El argumento recurrente de que existe la carretera CL-605 como alternativa no invalida en absoluto la necesidad de actuar sobre el Camino Viejo. No se trata únicamente de una vía para el tránsito de maquinaria agrícola. Es el acceso diario de decenas de propietarios de fincas, de transportistas vinculados a empresas logísticas de la zona y de ciudadanos que buscan un recorrido más tranquilo, alejado de rotondas, tráfico denso y estrés. Es también un espacio compartido con ciclistas y peatones que, cada vez que llueve, se juegan la integridad física entre lagunas de agua bajo los puentes de la N-630.
La universalidad de los servicios públicos no puede quedar supeditada a un cruce interminable de competencias y reproches administrativos. Zamora y Villaralbo no pueden seguir conectadas por una vía que ofrece una imagen impropia mientras las administraciones intercambian escritos y excusas. El Camino Viejo no necesita más referencias al ganado ni más dilaciones burocráticas. Necesita asfalto, limpieza de cunetas y, sobre todo, el respeto y la dignidad que merecen los zamoranos que lo utilizan a diario.

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.35