IEZ FLORIÁN D'OCAMPO
Cena pro Viriato y a su Día 12 de enero
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D´Ocampo
En platos de Olivares, con recipientes de agua y de vino en Jarras de Pereruela, entremeses con rajitas de chorizo del cagalar y de lomo de tripa, pan arollaó y de hechura (o sea al horno de leña), vino de la tierra (Sanzoles, Villalpando, Villaralbo y Moraleja), sopas de ajo al huevo, dos y pingada, bacalao a la tranca, tostón, con los postres (rebojo zamorano, bollo maimón, bollo coscaron, almendras garrapiñadas, bellotas de la Concepción, arroz con leche ( típico del barrio de san Lázaro) y alguna otra cosa que, por despiste, no hayamos incluido, fue la comilona que tuvo lugar el día 23-1-1904 ( en la festividad de San Ildefonso, patrono de La Muy Noble y Muy Leal ciudad de Zamora) en el Círculo de Colón [antiguo palacio de los Monsalves ( ocupado después por el edificio modernista del Casino de Zamora). Todo ello relatado por D. Ramón Luelmo Alonso, catedrático que fue del Instituto Claudio Moyano y del cual, con gran suerte por mi parte, fui compañero de Claustro.
Estos datos los he tomado de su libro con el título de: “Estampas Zamoranas” (editado en 1949), en ejemplar que tenemos en casa, y que Don Ramón, en su momento, entregó con dedicatoria expresa a su alumna, mi esposa Carmen Escudero Fernández, que también impartió la docencia en “el Claudio” y paso, con posterioridad, al Instituto María de Molina, perteneciendo a ambos Claustros, donde con nosotros empezaron a ejercer muchos compañeros de nuestra tierra (o sea de Zamora, Salamanca y León) de extraordinaria valía profesional, cumplimentada categorización humana y fraternal convivencialidad. Algunos de los cuales, por ley de vida, ya no están entre nosotros.
Tal comida zamorana y/o zamoranista, en lo que refleja Don Ramón, al cual yo escuchaba sus amenos relatos en los recreos, en la siempre magnífica estancia de la sala de profesores que tuvo “el Claudio”, estuvo un tanto concurrida, dado el listado de sus diecisiete participantes. Por iniciativa de D. Joaquín del Barco, se reunión las siguientes personas, a saber: D. Ursicino Álvarez, D. José y D. Rafael Fernández Esteban, D. Andrés Alonso y Merchán, D. Carlos Rodríguez Díaz, D. Enrique Junquera, D. Víctor Blanco Román, D. Emilio Piorno, D. Martín de Horna, D. Abelardo Prieto, D. Maximino Barrios, D. Manuel Alonso, D. Agustín Pérez Piorno, D. Manuel Villaboa, D. Francisco Antón, D. Inocencio Haedo y el propio D.Joaquín del Barco, además del requerido tamborilero D. Eusebio “Charfas” y los propios miembros del servicio del Círculo de Colón. Contando con el adorno de un testero, realizado por D. Manuel Ledo, con motivaciones zamoranas: mantilla sayaguesa, vasar de cocina de pueblo, haces romanas de las victorias viriatistas y la Enseña Bermeja.
Todo ello se hizo para desagraviar al héroe Viriato, el cual y en lo referente a su efigie ( esculpida por D. Eduardo Barrón), había sido un tanto o un mucho desatendido, por lo inusual de la inauguración de su estatua en la Plaza de la Concepción, que había acontecido en la fecha del 12-1-1904.
Sucedió que después de las obras de acondicionamiento ( de la Plaza de la Concepción (sita delante del hoy edificio del Parador de Turismo), que habían comenzado el 3-6-1902 ( en las indicciones profesionales del arquitecto D. Segundo Viloria, que diseño el conjunto arquitectónico del monumento primero), tras los trabajos oportunos las obras terminaron el 19-12-1903 , y como relata magistralmente D. Ramón, allí quedó Viriato subido en un pedestal, tapado por un lienzo o lona blanca. Y empezaron a pasar los días y allí, en el centro de la plaza permanecía tan ostensible envoltura.
Un buen día, el 12-1-1904, según nos cuenta D. Ramón, unos transeúntes que casualmente pasaban por la plaza de la Encarnación, preguntaron a un individuo que circulaba por la misma, que a la sazón era albañil, sobre el gran envoltorio del centro de la plaza, a lo cual, y como respuesta, se encaramó ágilmente en el andamiaje que lo sostenía y llegando a la cima, parece que tiró del nudo corredizo de una soga o maroma tal que, ¡zas!, ante el asombro de todos los presentes, inauguró el monumento.
Esa fue la razón de la comida de desagravio a Viriato que tuvo ocasión y lugar el día 23-1-1904, con sus 17 comensales.
Tal hechos nos motivaron para que, con ocasión de la efemérides del 12-1-1904, efectuásemos anualmente un recordatorio hacia “nuestro Viriato”. Llevándolo a efecto en la forma que cada cual estime, desde una visita a su efigie y cerco (que ya necesita una restauración), hasta el comer unos sopas de ajo u otro manjar de aquí, adornándolo con cosas nuestras, como música y/o vestimenta de nuestras doce comarcas zamoranas ( de las cuarenta y una de la regionalidad leonesa, que en su momento, del inicio de la transición, sistematizamos para el movimiento leonesista), productos de cualquiera de cualquiera de ellas, o atavíos de nuestra ancestralidad.
O sea, hacer del 12 de enero, de cada año, “el Día de Viriato”.
VALORIO 12-1-2026
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D´Ocampo
En platos de Olivares, con recipientes de agua y de vino en Jarras de Pereruela, entremeses con rajitas de chorizo del cagalar y de lomo de tripa, pan arollaó y de hechura (o sea al horno de leña), vino de la tierra (Sanzoles, Villalpando, Villaralbo y Moraleja), sopas de ajo al huevo, dos y pingada, bacalao a la tranca, tostón, con los postres (rebojo zamorano, bollo maimón, bollo coscaron, almendras garrapiñadas, bellotas de la Concepción, arroz con leche ( típico del barrio de san Lázaro) y alguna otra cosa que, por despiste, no hayamos incluido, fue la comilona que tuvo lugar el día 23-1-1904 ( en la festividad de San Ildefonso, patrono de La Muy Noble y Muy Leal ciudad de Zamora) en el Círculo de Colón [antiguo palacio de los Monsalves ( ocupado después por el edificio modernista del Casino de Zamora). Todo ello relatado por D. Ramón Luelmo Alonso, catedrático que fue del Instituto Claudio Moyano y del cual, con gran suerte por mi parte, fui compañero de Claustro.
Estos datos los he tomado de su libro con el título de: “Estampas Zamoranas” (editado en 1949), en ejemplar que tenemos en casa, y que Don Ramón, en su momento, entregó con dedicatoria expresa a su alumna, mi esposa Carmen Escudero Fernández, que también impartió la docencia en “el Claudio” y paso, con posterioridad, al Instituto María de Molina, perteneciendo a ambos Claustros, donde con nosotros empezaron a ejercer muchos compañeros de nuestra tierra (o sea de Zamora, Salamanca y León) de extraordinaria valía profesional, cumplimentada categorización humana y fraternal convivencialidad. Algunos de los cuales, por ley de vida, ya no están entre nosotros.
Tal comida zamorana y/o zamoranista, en lo que refleja Don Ramón, al cual yo escuchaba sus amenos relatos en los recreos, en la siempre magnífica estancia de la sala de profesores que tuvo “el Claudio”, estuvo un tanto concurrida, dado el listado de sus diecisiete participantes. Por iniciativa de D. Joaquín del Barco, se reunión las siguientes personas, a saber: D. Ursicino Álvarez, D. José y D. Rafael Fernández Esteban, D. Andrés Alonso y Merchán, D. Carlos Rodríguez Díaz, D. Enrique Junquera, D. Víctor Blanco Román, D. Emilio Piorno, D. Martín de Horna, D. Abelardo Prieto, D. Maximino Barrios, D. Manuel Alonso, D. Agustín Pérez Piorno, D. Manuel Villaboa, D. Francisco Antón, D. Inocencio Haedo y el propio D.Joaquín del Barco, además del requerido tamborilero D. Eusebio “Charfas” y los propios miembros del servicio del Círculo de Colón. Contando con el adorno de un testero, realizado por D. Manuel Ledo, con motivaciones zamoranas: mantilla sayaguesa, vasar de cocina de pueblo, haces romanas de las victorias viriatistas y la Enseña Bermeja.
Todo ello se hizo para desagraviar al héroe Viriato, el cual y en lo referente a su efigie ( esculpida por D. Eduardo Barrón), había sido un tanto o un mucho desatendido, por lo inusual de la inauguración de su estatua en la Plaza de la Concepción, que había acontecido en la fecha del 12-1-1904.
Sucedió que después de las obras de acondicionamiento ( de la Plaza de la Concepción (sita delante del hoy edificio del Parador de Turismo), que habían comenzado el 3-6-1902 ( en las indicciones profesionales del arquitecto D. Segundo Viloria, que diseño el conjunto arquitectónico del monumento primero), tras los trabajos oportunos las obras terminaron el 19-12-1903 , y como relata magistralmente D. Ramón, allí quedó Viriato subido en un pedestal, tapado por un lienzo o lona blanca. Y empezaron a pasar los días y allí, en el centro de la plaza permanecía tan ostensible envoltura.
Un buen día, el 12-1-1904, según nos cuenta D. Ramón, unos transeúntes que casualmente pasaban por la plaza de la Encarnación, preguntaron a un individuo que circulaba por la misma, que a la sazón era albañil, sobre el gran envoltorio del centro de la plaza, a lo cual, y como respuesta, se encaramó ágilmente en el andamiaje que lo sostenía y llegando a la cima, parece que tiró del nudo corredizo de una soga o maroma tal que, ¡zas!, ante el asombro de todos los presentes, inauguró el monumento.
Esa fue la razón de la comida de desagravio a Viriato que tuvo ocasión y lugar el día 23-1-1904, con sus 17 comensales.
Tal hechos nos motivaron para que, con ocasión de la efemérides del 12-1-1904, efectuásemos anualmente un recordatorio hacia “nuestro Viriato”. Llevándolo a efecto en la forma que cada cual estime, desde una visita a su efigie y cerco (que ya necesita una restauración), hasta el comer unos sopas de ajo u otro manjar de aquí, adornándolo con cosas nuestras, como música y/o vestimenta de nuestras doce comarcas zamoranas ( de las cuarenta y una de la regionalidad leonesa, que en su momento, del inicio de la transición, sistematizamos para el movimiento leonesista), productos de cualquiera de cualquiera de ellas, o atavíos de nuestra ancestralidad.
O sea, hacer del 12 de enero, de cada año, “el Día de Viriato”.
VALORIO 12-1-2026













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