Miércoles, 14 de Enero de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Martes, 13 de Enero de 2026
PITIA

Augurios sobre la Zamora del futuro

Eugenio-Jesús de Ávila

 

Intuyo que la Zamora del futuro, pongamos a partir  de la cuarta década de este siglo XXI, en la que yo solo seré un recuerdo, memoria del periodismo zamorano, conocerá un desierto demográfico en casi todas sus comarcas. Los núcleos más poblados, con menos habitantes que los que ahora cuentan en este 2026, Zamora, Benavente y Toro, se convertirán en las únicas ciudades reales de la provincia.  Habrá algunas cabezas de partido, como se denominaban antes, en comarcas, y el resto, campo y más campo, donde la fauna silvestre y los bosques, si no los queman canallas, encontrarán su paraíso.

 

Quizá, cuando haya un gobierno sensato, serio e inteligente en La Moncloa, se decida una nueva distribución administrativa en lo que haya quedado de España - País Vasco y Cataluña, donde el Estado ha desaparecido, salvo para inyectar miles de millones de euros-, se ejecute una reforma territorial, sin tocar desde Javier de Burgos en 1833. Zamora, si continúa con esta despoblación galopante, hecho esencial desde hace más de una década, rondará los 150.000 habitantes. Por lo tanto, sobrarán funcionarios autonómicos, locales y provinciales. Nuestra sociedad estará formada por una mayoría de gentes jubiladas, apenas nacerán niños y los jóvenes, una vez formados, se irán a otras provincias, regiones o naciones donde haya demanda laboral y profesional.

 

Ese ejecutivo central, consecuente con la realidad demográfica, debería ejecutar una nueva división territorial, en la que los 10.500 km2 de nuestra provincia, el norte, Sanabria, valles del Tera, Benavente, pasarán a forma parte de León; las comarcas orientales, Tierra de Campos, Toro y La Guareña, a Valladolid, y el sur y oeste, incluida la capital, a Salamanca. Supongo que otras provincias de la actual y ahistórica autonomía correrán idéntica suerte, casos de Palencia, que engullirán entre Valladolid y Burgos; Ávila y Segovia compondrán una sola provincia, mientras Soria la absorberá la tierra del Cid.

 

Si la despoblación sigue aumentando, y parece que no habrá punto de inflexión demográfico, y la sociedad envejeciendo, deberían plantearse profundas reformas en Sanidad y Educación, así como en infraestructuras. Las carreteras provinciales en algunas comarcas carecerían de tránsito, porque numerosos pueblos de nuestra provincia y de las Palencia, Ávila, Segovia, Soria, León y Salamanca se quedarían sin gente o, como mucho, habitados por unas cuantas decenas de vecinos y, además, con una población muy envejecida.

 

El sector primario, cada vez más escaso y olvidado por el Estado central y en ciertas autonomías más industrializadas, conocerá un abandono extraordinario de esa pequeña burguesía rural y un aumento del número de tierra por agricultor, lo que conllevará una modernización profunda de sus medios de producción. Menos agricultores, pero más hectáreas que cultivar y, por ende, mayor inversión.

 

A sociedades envejecidas, les corresponden una merma sustancial de los comercios de todos los sectores, desde el textil, al del calzado, como al de electrodomésticos, y, por supuesto, de la hostelería diaria, bares y cafeterías.

 

Cabe preguntarse, después de redactar seis párrafos sobre augurios económicos, demográficos y administrativos, si existe alguna posibilidad de detener esta deriva hacia la desaparición de nuestra provincia. Quizá. Siempre que se logre parar la despoblación galopante que viene sufriendo. ¿Cómo? Inversiones importantes en los polígonos industriales, favorecidas por recomendaciones políticas al mundo empresarial, potenciando la instalación de empresas en nuestra provincia, que eviten la condensación industrial excesiva y descarada en Valladolid y Burgos.

 

Se requiere ya que la N-122 entre la capital y la frontera lusa se transforme, antes de 2030, en autovía, para vincular nuestro desarrollo al de Tras os Montes y Oporto, como ciudad esencial para la exportación de nuestros productos.

 

Monte la Reina, además de recibir en Toro y Zamora a 1.500 profesionales del Ejército de España y sus familias, conllevará la instalación de empresas demandadas por ese nuevo centro militar y la reactivación del mercado inmobiliario.

 

Zamora, capital de la provincia, debería profundizar en la conservación, restauración y potenciación del patrimonio histórico: templos románicos, murallas, un segundo Plan Director del Casco Antiguo, que acabe con los solares abandonados, a través de la construcción de viviendas sociales, con estética propia de esa parte noble de la ciudad; recuperación de las torres del Puente de Piedra, mayor cuidado y mimo del río Duero y bosque de Valorio, y enfatizar en el turismo cultural durante todo el año. No podemos pensar que cuatro días, desde el Jueves Santo al Domingo de Resurrección, resuelvan las cuitas económicas del sector hostelero y comercial. 

 

Y, como punto final de este artículo, en el que he escrito sobre augurios racionales y soluciones a nuestras cuitas, que pasan en esencia por intervenciones de las instituciones públicas, castigos ejemplares del Ayuntamiento para los badulaques, botarates y descerebrados que destrozan nuestro patrimonio, como sucedió hoy mismo con el mural dedicado a García Lorca en el Mirador del Duero. Vale.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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