Mª Soledad Martín Turiño
Viernes, 16 de Enero de 2026
ZAMORANA

La llave del civismo

[Img #104889]La falta de civismo puede ser, si buscamos una explicación mínimamente plausible, una deformación de la mente de quienes carecen de la educación más básica, o de aquellos que, simplemente, disfrutan haciendo barrabasadas porque se creen más machotes (o machotas si se me permite este término, ahora que es preciso utilizar el lenguaje inclusivo).

 

Zamora es una ciudad preciosa que, en los últimos días ha sido manchada de nuevo por alguien descerebrado que no tenía mejor cosa que hacer. Esta vez el agredido fue el mural dedicado a Lorca, en el Mirador del Troncoso. ¿Razones? ¿Motivos? Supongo que los mismos que llevan a utilizar un spray y manchar las paredes, orinar en las esquinas, patear un jardín o destrozar un banco ¿qué razón hay para esto si no es la barbarie, el vandalismo sin motivo o el más puro gamberrismo?

 

Insistiré siempre en que el mejor legado que podemos dejar a las generaciones que nos sucedan es una buena educación, un profesorado a respetar y del que aprender las lecciones que están en los libros, y otros conceptos que deben ser reforzados en casa: buenos modales, principios, urbanidad y saber estar. Estos conceptos que muchos consideran añejos y que a veces ridiculizan a quienes intentamos practicarlos, no son sino los valores clásicos que ya destacaban los griegos y nunca pasarán de moda.

 

El hecho de estudiar abre la puerta a mundos paralelos donde podemos reflejarnos para aprender, para descubrir y para valorar. La cultura siempre será un valor en alza y solo quienes carecen de ella se pierden en un remolino de ofuscación, ineptitud y brutalidad que, en ocasiones, desencadena una hostilidad con el entorno que no saben apreciar; supongo que ese puede ser uno de los motivos, aparte de la sinrazón que eso no puede explicarse, para cometer actos contra la propiedad que nos pertenece a todos, también a ellos.

 

La forma más efectiva para castigar las acciones de estos vándalos es una multa económica, porque cuando tocan el bolsillo nos duele más; así que insto al ayuntamiento a que no dude en imponer sanciones cuando detecten a quien cometa estos hechos; aunque sería preferible seguir el ejemplo de don Emilio Calatayud Pérez, juez de menores de Granada, conocido por sus sentencias ejemplarizantes a los menores en las que se favorecía su reinserción con trabajos sociales relacionados con los delitos cometidos.

 

Él era consciente de que la falta de educación destruía a muchos jóvenes; por eso, proponía “más formación y oportunidades en lugar de internamientos”, pidiendo a los padres que se responsabilizaran de sus hijos y que tuvieran claro que éstos “no sólo tienen derechos”. No hay mucho más que objetar; la educación sigue siendo la llave del civismo.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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