José Antonio Ávila López
Lunes, 19 de Enero de 2026
NOTAS DEL PENSAMIENTO

Mercados, historias y el gigante industrial

José Antonio Ávila López

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Cuentan que en 1931, en plena Gran Depresión, Coca-Cola encargó una campaña publicitaria para reforzar sus ventas en invierno a un joven ilustrador llamado por ser hijo de inmigrantes finlandeses y suecos. Este joven se inspiró en la leyenda de Santa Claus, de gran tradición en los países nórdicos, pero, en vez de representar a Santa Claus con los típicos atuendos verdes o marrones y con complexión delgada, usó como modelo a su propio vecino en Chicago, un vendedor jubilado, y la imagen del anuncio, pintada en un principio como un retrato al óleo, fue de un anciano gordo, alegre, con barba blanca y traje rojo, los colores institucionales de la icónica marca de bebidas. La campaña tuvo tanto éxito que esa imagen concreta desplazó a todas las anteriores y se convirtió en el Santa Claus “oficial” que hoy reconoce todo el mundo; y el joven se aseguró poder seguir trabajando para Coca-Cola durante más de 30 años, entre 1931 y 1964, algo rarísimo en publicidad. En realidad, Coca-Cola, con sede en Atlanta, había recalado en Chicago porque allí se encontraban las mejores agencias de publicidad de todo Estados Unidos, algo que no era de extrañar porque se trataba en aquellos momentos del gran boom logístico e industrial del país, fundamentalmente debido a la exitosa industria del automóvil.  Pero a partir de los años 30 se impuso la producción en serie impulsada por Henry Ford produciendo el traslado de las grandes fábricas desde Chicago a Detroit. Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania (con Volkswagen, BMW y Mercedes), Francia (con Renault, Peugeot y Citroën), Italia (con Fiat y Alfa Romeo) y Reino Unido (con Jaguar, Mini y Rolls-Royce) libraron la batalla del sector compitiendo con ingeniería, diseño, segmentación e identidad de marca. Y tras la Crisis del Petróleo de 1973, los coches europeos, que consumían menos y estaban mejor adaptados, ganaron el liderazgo tecnológico y desbancaron a Estados Unidos, sumiendo a Detroit en la “ciudad fantasma” que hoy conocemos. Durante décadas Europa lideró dicho mercado, pero el gigante industrial de China ha despertado en los últimos tiempos en todos los sectores y el del automóvil no ha sido diferente, ganando a los europeos la batalla del coche eléctrico con nada menos que un 70% de la producción mundial hoy en día.

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