ZAMORANA
Reflexiones
Mª Soledad Martín Turiño
![[Img #104965]](https://eldiadezamora.es/upload/images/01_2026/4279_3851_sole-1.jpg)
A medida que soy consciente de la velocidad con que la que el tiempo se escapa, pienso, rememoro, hago balance e intento estar preparada, con todo atado y bien atado, por si se presentan las parcas de manera imprevisible, que no me cojan por sorpresa. No es infrecuente que esto ocurra, el ejemplo más reciente es el de todas esas personas que han fallecido en el accidente de Adamuz; muchas de ellas habrían aprovechado el domingo para regresar a su destino en el último tren y trabajar al día siguiente, pero nunca llegaron.
Así de frágil es la vida, pendiendo siempre de un hilo invisible, sin saber si se quebrará y en qué momento; y ante esa incógnita, lo mejor es valorar cada minuto que vemos el sol, la lluvia o la nieve, da igual; lo importante es no despreciar las horas, agradeciendo y gozando del tiempo que nos ha sido regalado para que no queden en el aire y a deshora lamentos como: ¡ojalá hubiera hecho esto o aquello, ojalá le hubiera dicho lo que pensaba a la persona que amé, ojalá no hubiera rebatido aquella crítica mordaz...!
Muchas veces nos dominan sentimientos como el agravio que puede llegar a destruir, sea lógico o infundado; o la razón, esa que todos creemos poseer con más juicio que el otro; e incluso el amor, porque hay quienes piensan que solo ellos saben amar, desconociendo que cada uno lo hace como puede o como sabe, aunque a veces la forma sea incomprensible para el otro.
La verdad es que nos movemos por emociones, y tal vez sean ellas las que nos impulsan para seguir adelante; de cada uno depende no ser devorados por impresiones negativas, ni tampoco aferrarse hasta el punto de perder la propia individualidad, dando la razón al aserto del escritor austriaco Stefan Zweig: “solo aquel que no está ligado a nada, a nada debe reverencia”
En un mundo tan complejo como el que habitamos, plagado de conflictos, tensiones, desigualdad, prepotencia, barbarie… dominado siempre por un clima adverso sobre el que se cierne el fantasma de la incertidumbre, necesitamos más que nunca, aunque sea a nivel personal, una férrea voluntad de autocontrol, una especie de relax de los sentidos, estimulados por una avalancha de zozobras a los que nadie es ajeno. Para ello es preciso que cada cual cuente con su propia terapia: hay quien hace meditación o yoga, otros que se retiran temporalmente cuando la mente está agotada, algunos que pasan por la vida sin sentir ese tipo se ansiedad y son felices sin más cuestionamientos ¡cómo envidio a esa gente, porque saben gozar de las cosas sencillas ignorando los problemas que les sobrevuelan!
Sin embargo, cada uno es un mundo y como tal hay que tratarlo, porque ahí, en esa diversidad, reside también la riqueza de las personas.
![[Img #104965]](https://eldiadezamora.es/upload/images/01_2026/4279_3851_sole-1.jpg)
A medida que soy consciente de la velocidad con que la que el tiempo se escapa, pienso, rememoro, hago balance e intento estar preparada, con todo atado y bien atado, por si se presentan las parcas de manera imprevisible, que no me cojan por sorpresa. No es infrecuente que esto ocurra, el ejemplo más reciente es el de todas esas personas que han fallecido en el accidente de Adamuz; muchas de ellas habrían aprovechado el domingo para regresar a su destino en el último tren y trabajar al día siguiente, pero nunca llegaron.
Así de frágil es la vida, pendiendo siempre de un hilo invisible, sin saber si se quebrará y en qué momento; y ante esa incógnita, lo mejor es valorar cada minuto que vemos el sol, la lluvia o la nieve, da igual; lo importante es no despreciar las horas, agradeciendo y gozando del tiempo que nos ha sido regalado para que no queden en el aire y a deshora lamentos como: ¡ojalá hubiera hecho esto o aquello, ojalá le hubiera dicho lo que pensaba a la persona que amé, ojalá no hubiera rebatido aquella crítica mordaz...!
Muchas veces nos dominan sentimientos como el agravio que puede llegar a destruir, sea lógico o infundado; o la razón, esa que todos creemos poseer con más juicio que el otro; e incluso el amor, porque hay quienes piensan que solo ellos saben amar, desconociendo que cada uno lo hace como puede o como sabe, aunque a veces la forma sea incomprensible para el otro.
La verdad es que nos movemos por emociones, y tal vez sean ellas las que nos impulsan para seguir adelante; de cada uno depende no ser devorados por impresiones negativas, ni tampoco aferrarse hasta el punto de perder la propia individualidad, dando la razón al aserto del escritor austriaco Stefan Zweig: “solo aquel que no está ligado a nada, a nada debe reverencia”
En un mundo tan complejo como el que habitamos, plagado de conflictos, tensiones, desigualdad, prepotencia, barbarie… dominado siempre por un clima adverso sobre el que se cierne el fantasma de la incertidumbre, necesitamos más que nunca, aunque sea a nivel personal, una férrea voluntad de autocontrol, una especie de relax de los sentidos, estimulados por una avalancha de zozobras a los que nadie es ajeno. Para ello es preciso que cada cual cuente con su propia terapia: hay quien hace meditación o yoga, otros que se retiran temporalmente cuando la mente está agotada, algunos que pasan por la vida sin sentir ese tipo se ansiedad y son felices sin más cuestionamientos ¡cómo envidio a esa gente, porque saben gozar de las cosas sencillas ignorando los problemas que les sobrevuelan!
Sin embargo, cada uno es un mundo y como tal hay que tratarlo, porque ahí, en esa diversidad, reside también la riqueza de las personas.















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