Miércoles, 21 de Enero de 2026

Manuel Herrero Alonso
Miércoles, 21 de Enero de 2026
DENUNCIAS

Una limpieza necesaria, aunque tardía, bajo el Puente de los Tres Árboles

El Ayuntamiento retira los vertidos voluminosos tras años de quejas, pero la ribera del Duero aún espera un mantenimiento integral.

Decía aquel periodista deportivo, de tantos detractores como partidarios, pero autor de frases que ya son historia, que el tiempo, ese enemigo inexcusable, da y quita razones y acaba poniendo a cada uno en su sitio. Desde estas mismas páginas denunciamos hace tiempo la situación de degradación bajo el Puente de los Tres Árboles, un espacio que se estaba convirtiendo en una auténtica escombrera. Afortunadamente, hace pocos días, el Consistorio ha procedido finalmente a retirar el material acumulado. Es, a todas luces, un gesto de agradecer.

 

Sin embargo, es justo censurar que una necesidad tan evidente se haya demorado años. Durante este tiempo, el impacto negativo en plena ribera del Duero no solo ha sido estético. Existía un riesgo real de que, ante una crecida del río, estos residuos fueran arrastrados por la corriente, terminando en otras zonas de la orilla o quedando retenidos en las aceñas aguas abajo, con el consiguiente perjuicio medioambiental y el peligro de obstrucciones.

 

Realizada la labor, toca contemplar el resultado. Los restos voluminosos han desaparecido y es de recibo felicitar a quien haya ejecutado y ordenado el saneamiento de este punto. Ahora bien, la tarea no debería detenerse aquí. Se podría, y se debería, haber aprovechado para realizar una limpieza "fina" retirando las basuras de menor tamaño (plásticos, botes y otros desperdicios) que aún permanecen allí. Estos pequeños residuos también ensucian la imagen de la ciudad y son igualmente susceptibles de ser arrastrados por una subida del caudal.

 

Si bien la retirada ha sido procedente, no debemos olvidar que este espacio es propenso a convertirse de nuevo en un vertedero. Su fácil acceso con vehículo y el escaso tránsito a ciertas horas facilitan que algunos se deshagan de sus desechos sin ser vistos. Sin necesidad de realizar intervenciones bruscas que alteren el encanto natural de la zona ribereña, es fundamental mantener una limpieza periódica. Solo así se evitará el "efecto llamada" y conseguiremos que este rincón del Duero luzca como merece, sin tener que esperar otros tantos años a que el tiempo nos vuelva a dar la razón.

Manuel Herrero Alonso

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