PENSAR EN ZAMORA
Los enemigos del progreso de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Tengo escritos varios artículos sobre las cuitas de Zamora, de los porqué de su crisis demográfica galopante, de las razones para su escasa actividad económica y del envejecimiento de su población. He señalado como reos de esta miseria intelectual y social tanto a nuestra sociedad, que padece lo que he denominado apatía antropológica, como a políticos de aquí que nos representan allí: Congreso de los Diputados y Senado; también a los procuradores en las Cortes de Castilla y León, como principales causas de esta decadencia económica y social.
Nuestra provincia posee buenas infraestructuras de comunicación, a falta de una esencial, la transformación en autovía de la N-122 entre la capital y la frontera lusa, punto de inflexión para frenar nuestra depauperación y potenciar desarrollo y progreso, y el tren de la Vía de la Plata. Pero quienes dicen representarnos, una gran falacia, porque no son otra cosa que “comerciales” o “vicarios” de sus partidos, pasan de su tierra, temen perder la bicoca de ser diputados o senadores. Por lo tanto, jamás exigirán inversiones del Estado en nuestra ciudad y provincia.
Además, existe otro tipo de personajes, en otro tiempo políticos o empresarios, a los que les molesta que Zamora progrese, porque prefieren vivir en una ciudad que no supere, verbigracia, los cien mil habitantes, pues les fastidiaría entrar en bares y cafeterías, tiendas de todos los sectores, cines y teatros donde hubiera más gentes. Les fastidian los días centrales de la Semana Santa y la Navidad por esas razones antes apuntadas. Su único deseo consiste en que todo siga igual, que nuestra sociedad envejezca, se conforme con el actual estado de las cosas, pierda población y se convierta en un gran museo del Románico, del Modernismo y Eclecticismo, y la provincia en una gigantesca residencia de la tercera edad. Al parecer, la única materia prima de la que podamos extraer actividad es el anciano.
Los procuradores del PP deberían exigirle a Mañueco, además del célebre Polígono Industrial de Monfarracinos, la creación en Zamora de un Polígono Tecnológico Agroganadero de Castilla y León, que transformaría nuestra sociedad y que potenciaría el sector primario.
Pedid y se os dará, pero el viejo lema evangélico se incumple por parte de los políticos que nos prometen, siempre en jornadas electorales, y nunca cumplen.
Eugenio-Jesús de Ávila
Tengo escritos varios artículos sobre las cuitas de Zamora, de los porqué de su crisis demográfica galopante, de las razones para su escasa actividad económica y del envejecimiento de su población. He señalado como reos de esta miseria intelectual y social tanto a nuestra sociedad, que padece lo que he denominado apatía antropológica, como a políticos de aquí que nos representan allí: Congreso de los Diputados y Senado; también a los procuradores en las Cortes de Castilla y León, como principales causas de esta decadencia económica y social.
Nuestra provincia posee buenas infraestructuras de comunicación, a falta de una esencial, la transformación en autovía de la N-122 entre la capital y la frontera lusa, punto de inflexión para frenar nuestra depauperación y potenciar desarrollo y progreso, y el tren de la Vía de la Plata. Pero quienes dicen representarnos, una gran falacia, porque no son otra cosa que “comerciales” o “vicarios” de sus partidos, pasan de su tierra, temen perder la bicoca de ser diputados o senadores. Por lo tanto, jamás exigirán inversiones del Estado en nuestra ciudad y provincia.
Además, existe otro tipo de personajes, en otro tiempo políticos o empresarios, a los que les molesta que Zamora progrese, porque prefieren vivir en una ciudad que no supere, verbigracia, los cien mil habitantes, pues les fastidiaría entrar en bares y cafeterías, tiendas de todos los sectores, cines y teatros donde hubiera más gentes. Les fastidian los días centrales de la Semana Santa y la Navidad por esas razones antes apuntadas. Su único deseo consiste en que todo siga igual, que nuestra sociedad envejezca, se conforme con el actual estado de las cosas, pierda población y se convierta en un gran museo del Románico, del Modernismo y Eclecticismo, y la provincia en una gigantesca residencia de la tercera edad. Al parecer, la única materia prima de la que podamos extraer actividad es el anciano.
Los procuradores del PP deberían exigirle a Mañueco, además del célebre Polígono Industrial de Monfarracinos, la creación en Zamora de un Polígono Tecnológico Agroganadero de Castilla y León, que transformaría nuestra sociedad y que potenciaría el sector primario.
Pedid y se os dará, pero el viejo lema evangélico se incumple por parte de los políticos que nos prometen, siempre en jornadas electorales, y nunca cumplen.




















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