EDICIÓN 23
El estado del mundo (23)
Jordi Gas
![[Img #105018]](https://eldiadezamora.es/upload/images/01_2026/4472_6147_jordi.jpg)
La humanidad se encuentra en un callejón sin salida, hay mucha separación, desconfianza y odio, entre países y entre culturas. El resultado es un mundo donde no hay ni justicia ni libertad, las dos van unidas, si falta una, falta también la otra. Es imprescindible dar un giro hacia otra manera de hacer las cosas en que predominen las personas y no el dinero.
Una de las propiedades más raras y fundamentales de la física cuántica es la llamada “entrelazamiento cuántico”. Consiste en que dos partículas, como los electrones, están conectadas de tal manera que, por mucha separación que haya entre ellas, sus destinos están unidos, un cambio en una de ellas afecta enseguida a la otra. Einstein lo denominaba “acción fantasmal a distancia”. Esta unidad demostrada a nivel cuántico también se puede extrapolar a la humanidad. Comparado con la inmensidad del universo, las personas somos como partículas unidas en un mismo planeta y, por lo tanto, lo que pasa en una parte del mundo nos afecta a todos, no hay separación.
Un informe titulado “Límites seguros y justos del sistema terrestre”, publicado en la prestigiosa revista científica Nature, concluye diciendo que “hemos sobrepasado la mayoría de los límites vitales dentro de los cuales las personas y el planeta pueden prosperar”. Así es, los recursos son limitados y el modelo actual de consumo es insostenible haciendo falta casi tres planetas para el año 2050 si seguimos a este ritmo. Compartir el planeta es urgente, no tan solo para nosotros sino también para los animales y las plantas, de forma que haya suficientes áreas naturales para preservar la vida en la Tierra. Según la ONU, cerca de un millón de especies animales y vegetales, un 25% de todas las que habitan el planeta, están en amenaza real de extinción.
Otra investigación publicada en The Lancet Planetary Healt, muestra que “el planeta solo podrá seguir proporcionando un nivel de vida básico para todo el mundo si los sistemas económicos y las tecnologías se transforman drásticamente y los recursos críticos se utilizan, gestionan y comparten de una manera más justa”.
De hecho, en el planeta hay recursos suficientes para todos siempre y cuando no continuemos este ritmo acelerado de competitividad y consumo que genera unas desigualdades insostenibles. Una cuarta parte de la humanidad acapara las tres cuartas partes de los alimentos disponibles y el 83% de los recursos mundiales. Compartimos un mismo planeta, con alimentos y recursos que tienen que llegar a todos. La manera de hacerlo es cediendo los excedentes de los recursos de cada país, haciendo una bolsa en común, para que se puedan repartir según las necesidades de cada nación. Así, todas las personas podrán vivir dignamente, en paz y sin guerras.
Si queremos evitar la autodestrucción, tenemos que hacer caso a los científicos, o compartimos o morimos. Como dice un proverbio indígena, “solo cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado y el último pescado atrapado, nos daremos cuenta que no se puede comer el dinero”.
Jordi Gas
Catedrático de matemáticas jubilado y exprofesor universitario
![[Img #105018]](https://eldiadezamora.es/upload/images/01_2026/4472_6147_jordi.jpg)
La humanidad se encuentra en un callejón sin salida, hay mucha separación, desconfianza y odio, entre países y entre culturas. El resultado es un mundo donde no hay ni justicia ni libertad, las dos van unidas, si falta una, falta también la otra. Es imprescindible dar un giro hacia otra manera de hacer las cosas en que predominen las personas y no el dinero.
Una de las propiedades más raras y fundamentales de la física cuántica es la llamada “entrelazamiento cuántico”. Consiste en que dos partículas, como los electrones, están conectadas de tal manera que, por mucha separación que haya entre ellas, sus destinos están unidos, un cambio en una de ellas afecta enseguida a la otra. Einstein lo denominaba “acción fantasmal a distancia”. Esta unidad demostrada a nivel cuántico también se puede extrapolar a la humanidad. Comparado con la inmensidad del universo, las personas somos como partículas unidas en un mismo planeta y, por lo tanto, lo que pasa en una parte del mundo nos afecta a todos, no hay separación.
Un informe titulado “Límites seguros y justos del sistema terrestre”, publicado en la prestigiosa revista científica Nature, concluye diciendo que “hemos sobrepasado la mayoría de los límites vitales dentro de los cuales las personas y el planeta pueden prosperar”. Así es, los recursos son limitados y el modelo actual de consumo es insostenible haciendo falta casi tres planetas para el año 2050 si seguimos a este ritmo. Compartir el planeta es urgente, no tan solo para nosotros sino también para los animales y las plantas, de forma que haya suficientes áreas naturales para preservar la vida en la Tierra. Según la ONU, cerca de un millón de especies animales y vegetales, un 25% de todas las que habitan el planeta, están en amenaza real de extinción.
Otra investigación publicada en The Lancet Planetary Healt, muestra que “el planeta solo podrá seguir proporcionando un nivel de vida básico para todo el mundo si los sistemas económicos y las tecnologías se transforman drásticamente y los recursos críticos se utilizan, gestionan y comparten de una manera más justa”.
De hecho, en el planeta hay recursos suficientes para todos siempre y cuando no continuemos este ritmo acelerado de competitividad y consumo que genera unas desigualdades insostenibles. Una cuarta parte de la humanidad acapara las tres cuartas partes de los alimentos disponibles y el 83% de los recursos mundiales. Compartimos un mismo planeta, con alimentos y recursos que tienen que llegar a todos. La manera de hacerlo es cediendo los excedentes de los recursos de cada país, haciendo una bolsa en común, para que se puedan repartir según las necesidades de cada nación. Así, todas las personas podrán vivir dignamente, en paz y sin guerras.
Si queremos evitar la autodestrucción, tenemos que hacer caso a los científicos, o compartimos o morimos. Como dice un proverbio indígena, “solo cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado y el último pescado atrapado, nos daremos cuenta que no se puede comer el dinero”.
Jordi Gas
Catedrático de matemáticas jubilado y exprofesor universitario


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53