EMBELLECER ZAMORA
Ningún partido se planteó una remodelación de la Plaza Mayor desde 1983
Solo Andrés Luis Calvo, en su primer mandato (1983-1987) encargó un proyecto al arquitecto José María Aparicio
Eugenio-Jesús de Ávila
Confesaba en mi asunto de ayer mis obsesiones estéticas, surgidas por mi querencia por la belleza en cualquiera de sus manifestaciones y mi pasión por transformar Zamora en una ciudad más bonita, más acogedora, más deslumbrante. Entre los espacios urbanos que más me disgustan hallase la Plaza Mayor, un jardín de flores de piedra por doquier, duro e ingrato. El derribo de los edificios con soportales, oeste del ágora, libero la pared oriental de la iglesia de San Juan, que carece de ornamentos propios del románico, sin ábsides, sin nada, un muro, si se quiere, para jugar a la pelota. Además, existe un desnivel muy apreciable en el pavimento granítico que vincula los soportales, Casa de las Panaderas, Consistorio viejo y templo católico, más los inmuebles que se miran en la Plaza Mayor.
Creo, si mi memoria no me traiciona, que en el primer mandato de PSOE en el Ayuntamiento, gobernado por Andrés Luis Calvo (1983-1987), se presentó un proyecto de transformación, obra del arquitecto José María Aparicio que contemplaba la construcción de nuevos edificios sobre el terreno que ocuparon los antiguos soportales. Tras los cuatro años de mandato del regidor zamorano, el asunto quedó en el olvido. El PSOE perdió las elecciones de 1987 y, bajo la Alcaldía de Antolín Martín, en minoría, tampoco se planteó abordar esa reforma de la Plaza Mayor. Desde entonces, conocimos gobiernos municipales de PSOE, otra vez con Luis Calvo como alcalde, pero en minoría; Antonio Vázquez, tres mandatos; Rosa Valdeón, dos, y después, elecciones ganadas por Guarido, la primera vez gobernando en coalición con el PSOE (2015-2019), mayoría absoluta (2019-2023) y en la actual, de nuevo pactando con los socialistas, gobernanza que concluirá en 2027. No hubo alcaldes ni alcaldesa que tocasen el tema. Ni el PP, ni PSOE, ni Izquierda Unida llevaron en sus programas esa, para mí, necesaria metamorfosis del ágora principal de la ciudad, quizá la más grotesca de España.
Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando y mi Plaza Mayor seguirá siendo tan poco atractiva como lo es ahora. Puestos a elegir, hubiera preferido, aquella con árboles en su centro, con los viejos soportales y edificios, que podrían haberse derribado por peligro de derrumbe, pero construir después sobre los solares edificios con nuevos conceptos arquitectónicos, que habrían cerrado la Plaza. Tampoco esos inmuebles habrían tapado ni ábsides, ni pórticos románicos de San Juan, porque lo que nos dejó al descubierto fue, simplemente, un muro de escaso interés artístico.
Y si se construyesen edificios con soportales en la zona occidental de la Plaza podrían dedicarse a oficinas municipales y olvidarse de pagar un alquiler monstruoso a un particular por ocupar lo que fuera el antiguo Centro Médico, en la calle de Santa Ana.
De tal manera, se mejoraría la estética de la Plaza Mayor y el municipio ahorraría mucho dinero público con las nuevas oficinas.
Pedid y se os dará, aserto de los Evangelios. Pues pediría, ya como guinda a la tarta de esa remodelación, la reconstrucción de las dos torres del viejo Consistorio, derribadas también en su momento, porque le daría la gana a algún cacique de aquel periodo histórico.
En la fotografía, imagen del ágora antes del derribo de los viejos soportales.
Eugenio-Jesús de Ávila
Confesaba en mi asunto de ayer mis obsesiones estéticas, surgidas por mi querencia por la belleza en cualquiera de sus manifestaciones y mi pasión por transformar Zamora en una ciudad más bonita, más acogedora, más deslumbrante. Entre los espacios urbanos que más me disgustan hallase la Plaza Mayor, un jardín de flores de piedra por doquier, duro e ingrato. El derribo de los edificios con soportales, oeste del ágora, libero la pared oriental de la iglesia de San Juan, que carece de ornamentos propios del románico, sin ábsides, sin nada, un muro, si se quiere, para jugar a la pelota. Además, existe un desnivel muy apreciable en el pavimento granítico que vincula los soportales, Casa de las Panaderas, Consistorio viejo y templo católico, más los inmuebles que se miran en la Plaza Mayor.
Creo, si mi memoria no me traiciona, que en el primer mandato de PSOE en el Ayuntamiento, gobernado por Andrés Luis Calvo (1983-1987), se presentó un proyecto de transformación, obra del arquitecto José María Aparicio que contemplaba la construcción de nuevos edificios sobre el terreno que ocuparon los antiguos soportales. Tras los cuatro años de mandato del regidor zamorano, el asunto quedó en el olvido. El PSOE perdió las elecciones de 1987 y, bajo la Alcaldía de Antolín Martín, en minoría, tampoco se planteó abordar esa reforma de la Plaza Mayor. Desde entonces, conocimos gobiernos municipales de PSOE, otra vez con Luis Calvo como alcalde, pero en minoría; Antonio Vázquez, tres mandatos; Rosa Valdeón, dos, y después, elecciones ganadas por Guarido, la primera vez gobernando en coalición con el PSOE (2015-2019), mayoría absoluta (2019-2023) y en la actual, de nuevo pactando con los socialistas, gobernanza que concluirá en 2027. No hubo alcaldes ni alcaldesa que tocasen el tema. Ni el PP, ni PSOE, ni Izquierda Unida llevaron en sus programas esa, para mí, necesaria metamorfosis del ágora principal de la ciudad, quizá la más grotesca de España.
Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando y mi Plaza Mayor seguirá siendo tan poco atractiva como lo es ahora. Puestos a elegir, hubiera preferido, aquella con árboles en su centro, con los viejos soportales y edificios, que podrían haberse derribado por peligro de derrumbe, pero construir después sobre los solares edificios con nuevos conceptos arquitectónicos, que habrían cerrado la Plaza. Tampoco esos inmuebles habrían tapado ni ábsides, ni pórticos románicos de San Juan, porque lo que nos dejó al descubierto fue, simplemente, un muro de escaso interés artístico.
Y si se construyesen edificios con soportales en la zona occidental de la Plaza podrían dedicarse a oficinas municipales y olvidarse de pagar un alquiler monstruoso a un particular por ocupar lo que fuera el antiguo Centro Médico, en la calle de Santa Ana.
De tal manera, se mejoraría la estética de la Plaza Mayor y el municipio ahorraría mucho dinero público con las nuevas oficinas.
Pedid y se os dará, aserto de los Evangelios. Pues pediría, ya como guinda a la tarta de esa remodelación, la reconstrucción de las dos torres del viejo Consistorio, derribadas también en su momento, porque le daría la gana a algún cacique de aquel periodo histórico.
En la fotografía, imagen del ágora antes del derribo de los viejos soportales.


















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