1ª RFEF
A un Zamora CF colosal se le fueron los tres puntos en el último segundo: (3-3)
Los rojiblancos remontaron dos goles en contra, con una gran fútbol, profundo y vertical, pero una excesiva prolongación del tiempo reglamentario, sirvió para que el Celta empatase a la salida de un córner en el minuto 100. Carbonell marcó dos tantos.
E. Navascués de Zubiría
Quizá esta negación de una victoria extraordinaria al Zamora, frustrada en el minuto 100 del partido, debido a una prolongación excesiva del árbitro pacense Manuel García, haya sido una de las que más daño me ha hecho en mi larga vida como amante del fútbol. Y no se me pida que escriba con objetividad, porque mi pasión por lo rojiblanco me lo impide. Los periodistas provincianos, más si se trata de una tierra esquilmada y olvidada por el poder, pecamos de forofismo.
He vivido una ucronía futbolística, la portentosa victoria que no pudo ser, y no porque los rojiblancos no la merecieran, sino por imponderables como la excesiva prolongación del tiempo reglamentario, ocho minutos, cuando solo hubo una revisión -la del tercer gol rojiblanco- que exigiese esa propina de tiempo. De hecho, en la primera mitad, con cuatro revisiones, el colegiado solo añadió ocho minutos. Y, además, dos minutos más, en principio, a los dispuestos, porque hubo una especie de tangana en la frontal del área gallega, que acabó con una expulsión de un jugador vigués y una amarilla a Merchán. Convencido estoy que el árbitro quería el reparto de puntos.
El Zamora jugó con dos delanteros, Farrell y Carbonell, y el resto del equipo los de casi siempre. Sin sorpresas. Hasta que el Celta marcó su gol, de penalti, excesiva pena, minuto 26. A partir de ese instante, ecuador de la primera entrega, el cuadro rojiblanco se fue diluyendo, pero tampoco crea el lector que el Celta metió en serios compromisos a la zaga zamorana, que seguía teniendo la pelota, pero sin profundizar, si bien las incursiones de Sancho, por la banda derecha, y de Merchán y Codina, por la zurda del ataque, acongojaron a la zaga celeste. Faltó quizá un último pase definitivo.
Y en la prolongación de la primera mitad, segundo tanto local. De nuevo, llegado en el saque de un córner que la defensa rojiblanca no despeja con autoridad. Balón muerto en el área, a cuatro metros de Fermín, y gol del Celta.
El partido parecía morir ya en esa primera mitad. Pero hete aquí que una pelota en largo a la banda derecha desde la zaga, llega a Sancho que centra al área para que Carbonell agarrase un buen tiro que batía al meta gallego. Ese tanto fue un alivio extraordinario.
Tras el paso por vestuarios, conocimos a otro Zamora. Márquez apareció y la escuadra rojiblanca tocando la pelota, pero en profundidad, descompuso a la defensa celeste. De tal manera, un excepcional pase centrado del maestro de Sanlúcar a Carbonell empataba el partido. El ariete se fue por piernas de su marcador y lanzó cruzado para batir a Coke. Minuto 57.
El Zamora no se conformaba con las tablas, porque lo quería todo y quedaba demasiado tiempo para jugar al fútbol contemplativo.
En el minuto 69, Codina porfía por una pelota en la banda izquierda hasta hacerse con su posesión, recorrer la línea de fondo para central y que Márquez, con un sutil toque, marcase el tercero. Hubo revisión de la jugada, pero se concedió el gol.
Cuando el Zamora remontó, ya estaba Burón sobre el césped, tras sustituir a Farrell.
Con ventaja en el marcador, los rojiblancos marcaron el ritmo del partido y se jugó a lo que quisieron, con oportunidades de aumentar la cuenta goleadora. De hecho, Losada, que debutó, pudo marcar el cuarto, en la primera pelota que llegó a sus pies, obligando a Coke a exhibirse de nuevo.
Cano realizó dos cambios consecutivos en el minuto 86, dando entrada a Mario García y Sergi López, que entraron por Ramos y Márquez, ya con síntomas de agotamiento físico, porque el partido se jugó bajó una lluvia fuerte y constante.
El árbitro decidió una propina de ocho minutos, que me pareció un exceso. Durante la prolongación, el Zamora siguió buscando el cuarto tanto. Una falta al borde del área gallega, la lanzó Merchán, rechazó el portero local y después se ocasionó la tangana antes mentada, que ocasionó la expulsión de Capdevila. Quedaba muy poco para que el equipo de Óscar Cano sumara tres puntos.
El Celta, en esos tres minutos finales, lanzó balones a la olla, que dieron lugar a dos saques de esquina. En el segundo de ellos, minuto 100, marcó el gol del empate el Celta. Ya no hubo tiempo para más. Empate que me sabe a derrota, porque el Zamora realizó un enorme partido, merecedor de una victoria colosal que le habría metido en la elite de la categoría.
Fotografías: Zamora CF
E. Navascués de Zubiría
Quizá esta negación de una victoria extraordinaria al Zamora, frustrada en el minuto 100 del partido, debido a una prolongación excesiva del árbitro pacense Manuel García, haya sido una de las que más daño me ha hecho en mi larga vida como amante del fútbol. Y no se me pida que escriba con objetividad, porque mi pasión por lo rojiblanco me lo impide. Los periodistas provincianos, más si se trata de una tierra esquilmada y olvidada por el poder, pecamos de forofismo.
He vivido una ucronía futbolística, la portentosa victoria que no pudo ser, y no porque los rojiblancos no la merecieran, sino por imponderables como la excesiva prolongación del tiempo reglamentario, ocho minutos, cuando solo hubo una revisión -la del tercer gol rojiblanco- que exigiese esa propina de tiempo. De hecho, en la primera mitad, con cuatro revisiones, el colegiado solo añadió ocho minutos. Y, además, dos minutos más, en principio, a los dispuestos, porque hubo una especie de tangana en la frontal del área gallega, que acabó con una expulsión de un jugador vigués y una amarilla a Merchán. Convencido estoy que el árbitro quería el reparto de puntos.
El Zamora jugó con dos delanteros, Farrell y Carbonell, y el resto del equipo los de casi siempre. Sin sorpresas. Hasta que el Celta marcó su gol, de penalti, excesiva pena, minuto 26. A partir de ese instante, ecuador de la primera entrega, el cuadro rojiblanco se fue diluyendo, pero tampoco crea el lector que el Celta metió en serios compromisos a la zaga zamorana, que seguía teniendo la pelota, pero sin profundizar, si bien las incursiones de Sancho, por la banda derecha, y de Merchán y Codina, por la zurda del ataque, acongojaron a la zaga celeste. Faltó quizá un último pase definitivo.
Y en la prolongación de la primera mitad, segundo tanto local. De nuevo, llegado en el saque de un córner que la defensa rojiblanca no despeja con autoridad. Balón muerto en el área, a cuatro metros de Fermín, y gol del Celta.
El partido parecía morir ya en esa primera mitad. Pero hete aquí que una pelota en largo a la banda derecha desde la zaga, llega a Sancho que centra al área para que Carbonell agarrase un buen tiro que batía al meta gallego. Ese tanto fue un alivio extraordinario.
Tras el paso por vestuarios, conocimos a otro Zamora. Márquez apareció y la escuadra rojiblanca tocando la pelota, pero en profundidad, descompuso a la defensa celeste. De tal manera, un excepcional pase centrado del maestro de Sanlúcar a Carbonell empataba el partido. El ariete se fue por piernas de su marcador y lanzó cruzado para batir a Coke. Minuto 57.
El Zamora no se conformaba con las tablas, porque lo quería todo y quedaba demasiado tiempo para jugar al fútbol contemplativo.
En el minuto 69, Codina porfía por una pelota en la banda izquierda hasta hacerse con su posesión, recorrer la línea de fondo para central y que Márquez, con un sutil toque, marcase el tercero. Hubo revisión de la jugada, pero se concedió el gol.
Cuando el Zamora remontó, ya estaba Burón sobre el césped, tras sustituir a Farrell.
Con ventaja en el marcador, los rojiblancos marcaron el ritmo del partido y se jugó a lo que quisieron, con oportunidades de aumentar la cuenta goleadora. De hecho, Losada, que debutó, pudo marcar el cuarto, en la primera pelota que llegó a sus pies, obligando a Coke a exhibirse de nuevo.
Cano realizó dos cambios consecutivos en el minuto 86, dando entrada a Mario García y Sergi López, que entraron por Ramos y Márquez, ya con síntomas de agotamiento físico, porque el partido se jugó bajó una lluvia fuerte y constante.
El árbitro decidió una propina de ocho minutos, que me pareció un exceso. Durante la prolongación, el Zamora siguió buscando el cuarto tanto. Una falta al borde del área gallega, la lanzó Merchán, rechazó el portero local y después se ocasionó la tangana antes mentada, que ocasionó la expulsión de Capdevila. Quedaba muy poco para que el equipo de Óscar Cano sumara tres puntos.
El Celta, en esos tres minutos finales, lanzó balones a la olla, que dieron lugar a dos saques de esquina. En el segundo de ellos, minuto 100, marcó el gol del empate el Celta. Ya no hubo tiempo para más. Empate que me sabe a derrota, porque el Zamora realizó un enorme partido, merecedor de una victoria colosal que le habría metido en la elite de la categoría.
Fotografías: Zamora CF




















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